Escucho el último CD (¿maqueta se sigue llamando?) que Carmen Garrido me envía. En esta ocasión le ha puesto música a tres poemas de Javier Salvago: "Evocación y elegía", "Los primeros placeres" y un haiku. Han sido ahora tres lieder para piano y barítono. Me dice por teléfono que ya cierra el proyecto y lo mete en un cajón. Me da pena tanto esfuerzo, tanta creatividad y tanta pasión que se va a quedar archivada y olvidada, como esas otras cosas que pasan desapercibidas y se mueren de puro secreto. El proyecto es de Carmen, ella es la compositora, la pianista, la que ha ido eligiendo uno por uno a los poetas y los poemitas que le hacían tilín (le hacían tilín a ella y consiguió que sonaran con armonías impensadas por nosoros); sin embargo yo me siento muy vinculada a su empeño romántico porque he vivido el origen de todo, desde que ella encontró un poemita mío en una RevistAtlántica y lo sintió muy suyo y lo hizo canción para soprano... Desde entonces, Carmen y yo somos amigas y, aunque en total creo que le ha puesto música y ha grabado más de 20 poemas de distintos poetas contemporáneos, yo sé ya que escribir unos versos tiene sus hermosas consecuencias; aunque el esfuerzo enorme de Carmen, y esta porción de arte sobre arte se vayan a perder en un cajón y en los archivos más polvorientos de la SGAE.
