jueves, 26 de noviembre de 2015
Para echar unas risas
Dos perlas simpatiquísimas les he leído a mis alumnos en los exámenes de estos días:
Una en 2º de bachillerato (léase AQUÍ); la otra, aún más divertida es de un alumno de 4º de diversificación y la pueden leer AQUÍ.
sábado, 21 de noviembre de 2015
Tengo la sensación
Tengo la sensación de que cualquier cosa que escriba podría ser ya fastidiosa para el posible lector; que sería mejor, más digno, más agradable para todos, dejar de asomar aquí el mismo recuerdo siempre, cansinamente. Incluso me planteo que esta torpe insistencia mía perjudique el recuerdo entrañable que los demás tienen de ella y que por esta causa ella pase, de ser la memoria afectuosa y admirativa, a provocar el fastidio. Creo que en realidad escribo aquí por mí. Para descargar todo el dolor en esta rara fidelidad que me domina.
domingo, 15 de noviembre de 2015
No se puede estar en todas partes
Sres:
Me gustaría estar en la concentración convocada en mi ciudad contra los atentados terroristas en Francia. Qué pena, no podré hacerlo: a la misma hora hay una concentración pro-vida en Jerez. Iré a esa. Se convocó antes y me temo que, por razones para mí inexplicables, allí irá menos gente.
Cuenten con mi adhesión todos los que convoquen a favor de la dignidad del ser humano y en contra de la violencia bárbara.
Juan Esteban Reyes
sábado, 14 de noviembre de 2015
El mal existe
Hacíamos zapping en la tele -cosa rara- con la mesa de la cena aún puesta: una serie de acción, otra serie de acción, una película oscura que parecía una serie de acción... y, en la tertulia habitual de otra cadena, de repente, unos rostros desencajados mientras, en la parte inferior de la pantalla, ráfagas de palabras acribillaban imágenes en directo desde París, en ese momento pequeñitas y confusas.
El mal existe. Me da igual el nombre, la careta o la excusa, no sé si se genera dentro del hombre hasta que estalla incontenible o si viene de fuera y se apodera en algún momento de nosotros, pero existe, naturalmente que existe (cuántas veces habré discutido con relativistas que lo negaban), existe y anoche dio su cara más llamativa y frenética, y contra él hay que luchar sin dejarnos manchar por su savia tóxica. Tarea difícil pero tarea urgente; tarea perpetua e interminable, siempre siempre urgente.
George Grosz
miércoles, 21 de octubre de 2015
miércoles, 14 de octubre de 2015
Alborada
Suena el despertador y E. se incorpora como un resorte bien ajustado: a la primera nota de la musiquilla de la alarma, ya está sentado y con un pie dentro de la zapatilla. Yo, en tanto, soy consciente de esa actividad aún desde mi túnel obstruido y oscuro, y, a diferencia de él, voy entrando en acción al modo de las babosas, esto es, arrastrándome hacia el borde de la cama sin que gran parte de mi cuerpo consiga despegarse del colchón. Con el cuello, desde luego, no puedo contar para que levante la cabeza -¿asunto de cervicales?-, los párpados sufren parálisis transitoria -¿enfermedad neurológica?, ¿legañas de Loctite?-, y de mi parte trasera ya ni hablamos. Me parece a mí que los transmisores del cerebro a los músculos del cuerpo, a esas horas, no los tengo yo aún conectados; sencillamente no funcionan. Todos los días intento llegar a la cocina antes de que él salga del baño y ponga el café y las tostadas, más que nada por vergüenza torera... Los días que llego antes y le gano la partida ha sido a costa de varios cardenales por las "camballadas" del trayecto.
Dalí
sábado, 10 de octubre de 2015
Maneras de mirar (23): Antonio Cabrera tira piedras al agua
"Piedras al agua"
Ahora que todo es superficie,
que nada hierve ni se agita,
que en el estanque se dibujan
las cosas acabadas, solas;
ahora que no hay destellos,
porque la luz se duerme en el regazo
abierto y neutro de este instante;
ahora que está vacío el cofre
del afuera, que junco y árbol
ignoran su raíz;
ahora, justamente ahora,
voy a tirar piedras al agua
con las que remover
este limo contrario,
este cieno exterior
de las cosas visibles.
"Voy a tirar piedras al agua", dice el verso central del poema, el que le da título, el que lo divide en dos partes por completo y, también, el que da nombre al libro del que lo extraigo (Piedras al agua, Tusquets 2010); el que significa romper frontera entre el afuera y el adentro profundo. "Voy a tirar piedras al agua", dice, como un acto de voluntad decidida, porque ese "voy a tirar piedras..." supone el momento del paso de la inacción a la acción, del "ahora" a lo que va a ser. Y los once versos que preceden a estas precisas palabras describen con marcada insistencia el presente que ha provocado el propósito (y ahí está la anáfora para que nos demos cuenta; una anáfora que introduce estrofas cada vez más cortas, con lo que casi inadvertidamente asistimos a la cada vez más urgente toma de posición y, tal vez también, al proceso de aceleración del brazo que se prepara para lanzar con fuerza la piedra que es el poema) y su propósito no es otro que romper la superficie de lo acostumbrado para llegar adentro de las cosas, como la piedra contra un estanque quieto.
La poesía es la piedra, decía yo, y la de Antonio Cabrera tiene algo de lapidaria por su densidad concisa pero, además, este poema -permítanme el juego de palabras- parece decir que escribir poesía es un acto de lapidación, de condena de la vacuidad que describe en estos primeros once versos, porque "todo es superficie,", "nada hierve ni se agita", porque las cosas parecen "acabadas, solas". "no hay destellos" porque el regazo del instante presente es "neutro" porque el "afuera" en el que vivimos es "un cofre vacío", porque hasta las plantas vivas "ignoran su raíz"... Y qué magnífica, qué llena, qué significativa la metáfora "vacío el cofre del afuera", tan virgen, tan inesperada, tan paradójica y hermética a primera vista, porque el "afuera", esto es, lo que vemos cotidianamente, debería ser también el lugar de la abundancia, como lo son los cofres, pero no lo es, y por eso tiene el poeta que andar rompiendo la superficie para llegar adentro que es donde puede reconocerse la raíz ignorada de la vida, llegar adentro rompiendo un limo exterior y por lo tanto "contrario", porque al limo, al cieno, le hubiera correspondido el fondo sucio en lugar de hallarse "en las cosas visibles" (y qué apropiado ese paralelismo en las dos últimas estrofas que subraya una redundancia propiciando el efecto espejo, como el que se produce cuando las cosas exteriores se reflejan en el agua confundiéndose con el fondo de esta, como el cieno, por ejemplo).
Cabrera nos trae un metapoema, y a veces piensa una que, en última instancia, para el auténtico poeta todo es metapoesía porque vive traduciendo a palabras las emociones y no puede evitar traducir a emoción cada palabra... Y me dice con estas piedras que intentan alcanzar la profundidad rompiendo superficies, que el poeta ha de cantar con hondura y, si es realmente poeta, nunca puede quedarse en las emociones primarias, en lo exterior de los sentimientos y de las cosas.
Sobre la forma en la que está escrito el poema, sólo añadiré -una vez señalada ya arriba su estructura, la métrica de armonía perfecta que combina versos de 7, 9 y 11 sílabas con acentos en 4ª y 8ª o en 6ª, como consagró nuestra tradición de verso culto desde Garcilaso -o desde Berceo, probablemente-. Y añadiré también la supremacía de la música de las palabras en todo poema sobre los cánones fonológicos teóricos. Me refiero al distinto tratamiento métrico que le da el poeta a la palabra "Ahora", que ha de pronunciarse en sinéresis.,- como si se tratase de un diptongo de lengua, en dos únicas sílabas- en las tres primeras estrofas, como corresponde a la pronunciación relajada del hablante y, sin embargo, en el verso previo a la afirmación central del poema de la que tanto hemos hablado (me refiero a "ahora, justamente ahora" que, encima, constituye una epanadiplosis ) tiene necesariamente que ser pronunciada en las dos ocasiones cuidadosamente en tres sílabas, con el hiato que en puridad contiene, para ser leído como eneasílabo y que el acento recaiga donde debe: en la primera "e" de "justamente", que es la sílaba 6ª y, haciendo hincapié en los dos "ahora" al pronunciarlos destacadamente, como el propio autor destaca por medio de las diversas repeticiones.
Ya ven, un poema denso y preciso, lanzado para romper la inconsistencia de lo aparente.
Bernini
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