miércoles, 21 de enero de 2015

Cuatro años

¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible?

 

Tengo un reloj parado a las 4,15, una rosa que nunca se marchitó, un sueño que fue un regalo de cumpleaños...  ¡Y no son metáforas!



sábado, 17 de enero de 2015

Frivolidades

   Creo que E. no  comprende que me pase grandes ratos mirando páginas de decoración y aún menos que a veces elija una película argumentando que parece tener un ambiente agradable. No dice nada, pero un leve gesto suele delatarlo. Está claro: lo acepta, pero no lo entiende. Estas pequeñas (bueno, vale... no tan pequeñas) frivolidades le son absolutamente ajenas. 
  En el fondo, E. se ríe un poco de mí y yo puedo comprender sus  reticencias, pero es que los estados de ánimo se encauzan por medio de las sensaciones. La búsqueda de la armonía y de la belleza tiene una función emotiva importantísima (y como la belleza no es la función principal del arte por mucho que esa falacia se repita hasta la saciedad, porque el arte es más, muchísimo más y debe abarcar todo lo humano, también la crisis, el dolor y el desconcierto), como esa función es tan importante, decía, yo no puedo renunciar a ella. Hay quien se pone música de fondo para manejar su estado de ánimo; yo, me recreo en la luz y elijo manteles.

Laura Lacambra Schubert

domingo, 11 de enero de 2015

La noche en la poesía de Felipe Benítez

   Salió de la imprenta hace muchas semanas, pero Correos me ha vuelto a jugar una mala pasada: se perdió mi ejemplar. Desde el viernes lo tengo. Es un espléndido libro sobre la obra de Felipe Benítez Reyes que ha coordinado el profesor Jurado Morales y que llega cargado de artículos de firmas sonorosas; entre ellos, el mío: "La noche en la poesía primera de Felipe Benítez Reyes (la década de los 80)". Me siento muy contenta. En él van, convertidas en cavilaciones de lenguaje académico, el deslumbramiento joven por una poesía fresca y hasta cierto punto hermana; va en él mi obcecación por las connotaciones generacionales de los símbolos de siempre; la manera, la misma manera, de vivir mi playa nublada al final del verano, las fiestecillas veraniegas en el jardín de atrás de la casa de mis padres, las noches sin sueño componiendo versos, las lecturas de los poetas de los 60 y, sobre todo, sobre todo, las primeras consciencias  del paso del tiempo, ese fantasma que en la infancia no existía y que en la adolescencia era mi aliado, ese, se me acababa de convertir entonces en un temor y un estremecimiento. Felipe Benítez lo decía muy bien y yo lo veneré por ello. Diseccionar esos poemas me ayudó a comprenderme.


martes, 30 de diciembre de 2014

Maneras de mirar (18): Pedro Sevilla y su "fotografía escolar"

   FOTOGRAFÍA ESCOLAR

  Este que veis ahí, junto al hermano Eutimio,

el de ojos huidizos e inefables
que no consiguió plaza
en el glorioso equipo de fútbol del colegio;
ni entró nunca de balde al cine de verano
porque era tonto y torpe y no sabía
distraer al portero,
por tomarse venganza de tanta humillación
y demostrar a todos los de Segundo B
que era capaz de hacer algo importante,
comenzó a escribir versos de once sílabas
en azules cuadernos de dos rayas.
Así, sutiles críticos, no busquéis en mis versos
ni poéticas serias ni raros argumentos
sobre este noble oficio. Mi escritura
es solo un vano intento de emular
la fama de los niños de mi escuela.
En especial de uno, Ramón Amaya Flores,
un gitano muy guapo
que marcaba los goles de chilena.

                  (Pedro Sevilla)




   Se ha hablado mucho, muchísimo, de Postmodernidad, palabra que me resulta absolutamente antipática por el uso intelectualoide y hueco que se le viene dando. Se ha hablado mucho, digo, pero la que no he oído pronunciar es la palabra "Postcontemporaneidad", no de la manera simple y lógica que propongo. Es esta la que yo aplicaría, por lo menos, a buena parte de la poesía española de los años 80 del siglo XX para acá. 

  A ver si me explico: a lo largo de la historia de las literaturas en las lenguas occidentales actuales  ha habido dos pasos que la han marcado para siempre: uno fue Petrarca (el fruto de la intersección del Humanismo con la tradición de los trovadores), y todos somos petrarquistas desde entonces y escribimos con la armonía acentual de sus endecasílabos o heredamos los grandes símbolos de sus convenciones temáticas  y, si no lo hacemos, es porque conscientemente nos situamos enfrentados a su pervivencia. El segundo paso fue el Romanticismo que, desde finales del siglo XVIII y  bajo en patrocinio de Kant en sus movimientos preliminares (esto es, con el inicio de la Edad Contemporánea) estableció que la imitatio ya no era un valor; desde entonces ya todos somos también románticos porque la creatividad y la subjetividad (el yo del artista) son los focos irrenunciables de la obra. Aparece también en este segundo paso (en esta segunda zancada),y como consecuencia de lo anterior, la Teoría del Genio, esto es, de la existencia del artista inspirado que nace y no se hace, que actúa arrebatado por fuerzas interiores personales y poderosas que eliminan la convención normativa. Este concepto viene acompañado de un tono antienunciativo, cargado de exclamaciones, interrogaciones retóricas, interjecciones e invocaciones varias.

  Dicho esto, observo que Pedro Sevilla trae a estos versos suyos la aniquilación de la Teoría del genio que da origen a la literatura de la Edad Contemporánea: aquí el poeta 1) no ha nacido poeta, se ha hecho a partir de una anécdota infantil sin importancia; 2) se ha forjado  imitando una convención de nuestro siglo XVI (el endecasílabo italiano); 3) llama  "oficio" a la escritura del poema y para ello 4) se distancia de sí mismo hablando en tercera persona ("este que veis ahora"),intentando evitar el "yo" subjetivo y 5), además, usa un tono enunciativo, conversacional, ese que Felipe Benítez ha llamado "tono menor". Parece muy claro ¿verdad?
    
   Con respecto a la estructura, dos partes encuentro muy claramente en el poema:

   Los 12 primeros versos son una presentación, un retrato de sí mismo, en tercera persona ("este que veis ahí", "por tomarse venganza", "comenzó a escribir versos") buscando la distancia al desdoblarse en el tiempo. Dentro de esta primera mitad se incluye, desde el verso 8º, lo que él considera el origen de su poesía.

   La segunda parte, a partir del verso 13º, avisa del error de buscar sesudas intenciones a su poesía (ahora sí que hay una alusión a la primera persona en los posesivos) para terminar personificando la frustración infantil en un niño concreto; y ese es un gran acierto: concretar esa desazón en un niño con nombre y apellidos, un niño corriente "que marcaba los goles de chilena"). 

  El resultado es el triunfo de la falta de énfasis, la presentación más clara que he leído nunca del artista antigenio. Pedro Sevilla me ha hecho pensar en todo esto y traer aqui este palabro: Postcontemporaneidad.


Del blog Acuarela capurriana

martes, 23 de diciembre de 2014

Mi villancico para la Navidad del 2014

  En los días de evaluaciones me apresuré a improvisar unas redondillas asonantadas que envié rápidamente a los amigos para felicitar la Navidad. Las rehago para asomarlas a esta ventana. Con estas estrofillas aún imperfectas os deseo una 



FELIZ NAVIDAD 2014


 Dice María que tiene
el pelo de olas y soles,
los ojos como faroles,
la piel de jazmín en ciernes.

  Viene diciendo José
que el niño tiene la risa
contagiosa de María
y esa luz que en ella ve.

  Y los ángeles entonan:
"fue su Padre quien le puso
todo lo bello del mundo
y miajitas de la gloria".

Rembrandt







sábado, 20 de diciembre de 2014

Lo dice Roger-Pol Droit

  "Estoy convencido de que primero hay que sentir una sensación para poder reflexionar, acto seguido, de una forma más intelectual"; le dice Roger-Pol Droit a Antonio Fontana en una entrevista reciente. Droit llega a la misma conclusión que Unamuno cuando habla de "sentir el pensamiento".

  Hay poesía -la que a mí me parece más interesante, quiero decir la que en mí suscita más interés o un interés más inmediato- que hace ese camino de la emoción a la reflexión y, además, después, el de vuelta. Esto es, de nuevo en la terminología de Unamuno: "pensar el sentimiento".  Se cierra el círculo y... surge el poema.

   Más adelante recoge Fontana las siguientes palabras de Droit: "No creo en las grandes posturas revolucionarias. Prefiero los innumerables rechazos de la servidumbre, las minúsculas revueltas cotidianas que pasan casi desapercibidas". y esto a mí me recuerda algo que realmente me preocupa: el estado de perpetua alerta sobre mi libertad interior, alerta contra todo adocenamiento de modas y consignas que pueden mover mis instintos más primarios, haciéndome parte actora inconsciente, al capricho del "estilismo intelectual" del momento.
  No es que Droit diga a este respecto cosas nuevas, pero se alegra una de recordarlas.

Brian Despain