lunes, 23 de febrero de 2015

Querida Jose

   No sé qué extraña vida es la de quienes se nos van, ni qué nuevos caminos se nos abren con ellos; pero se abren, Jose, y de par en par.
  Yo lo he sabido, lo sé. Serán duros los días que están por venir, pero estate atenta: una nueva hermandad, una hermandad distinta y más completa vas a vivir ahora.

   Gustav Baumann

domingo, 15 de febrero de 2015

Maneras de mirar (19): María Victoria Atencia y un monólogo dramático


MARTA Y MARÍA 
 
Una cosa, amor mío, me será imprescindible 
para estar reclinada a tu vera en el suelo: 
que mis ojos te miren y tu gracia me llene; 
que tu mirada colme mi pecho de ternura 
y enajenada toda no encuentre otro motivo 
de muerte que tu ausencia.

Mas qué será de mí cuando tú te me vayas. 
De poco o nada sirven, fuera de tus razones, 
la casa y sus quehaceres, la cocina y el huerto. 
Eres todo mi ocio: 
qué importa que mi hermana o los demás murmuren, 
si en mi defensa sales, ya que sólo amor cuenta. 
 
       (María Victoria Atencia, Marta & María, 1966) 



 Hace un par de meses escogí este poema para homenajear a MªVictoria Atencia en una lectura pública. Los destinatarios, miembros de un club de lectura que tenía su sede en la biblioteca, eran mayoritariamente mujeres de mediana edad para arriba. El poema es magnifico, pero, además, el asunto y el tono que adopta la voz femenina me parecieron especialmente indicados para aquel momento. Hoy he querido "mirarlo" aquí, con vosotros.

 El poema consiste en un monólogo dramático, uno de esos que estudió Langbaum (1) al caracterizar cierta poesía británica del XIX. En estos hay siempre un doble juego: cuenta saber qué personaje habla en el poema y cuenta muchísimo la identificación que sea capaz de hacer el lector con tal personaje. El egocentrismo romántico se diluye con esta técnica y el impudor sentimental es aceptado por los lectores contemporáneos sin cortapisas; esa es la clave poética de esta técnica que en el siglo XX ha dado tantos buenos poemas en la literatura española (Cernuda, Gil de Biedma, Guillermo Carnero, Anibal Núñez...) y también en toda la Literatura europea (Cavafis tiene algunos fabulosos). Aquí habla María, el personaje del Evangelio de S. Lucas, la hermana de Marta y de Lázaro, y su interlocutor es Jesús de Nazaret. Mis oyentes talluditos lo veían de inmediato, pero los más jóvenes supieron también reconocer la entrega de un amor sincero y desinteresado. Los primeros disfrutaron más el poema, claro, porque estos versos iluminan a María y, por ende a todo el Evangelio, con una luz nueva (y en eso consiste el arte, no lo olvidemos, en presentar con luz inédita la realidad).

  Siempre admiré en Atencia la altísima poesía que sabe extraer de los elementos más humildes y cotidianos. Estos versos son un bonísimo ejemplo: la poeta envuelve la escena en "la casa y sus quehaceres", en "la cocina y el huerto", en el tierno y coloquial dativo ético de ese "tú te me vayas", en las murmuraciones a las que son tan proclives todas las comunidades estrechas... Lo hace, además en un todo equilibradísimo en el que la fuerza del amor no es una conmoción violenta, una marejada, sino una pleamar de plenitudes.

  La forma del poema cuenta, claro está. Fíjense que la palabra "amor" sólo aparece dos veces y lo hace para enmarcar el poema: en el primer verso y como penúltima palabra. Los armónicos y amplios alejandrinos se convierten en un todo que encierra un movimiento como de ola en dos estrofas, y así vemos la satisfacción que da la contemplación de la persona amada de los primeros versos (ola que llega e inunda en abundancia serena), hasta la posibilidad de la ausencia que está expresa en el verso final de la primera estrofa. Este incluye la palabra "muerte". Muerte y ausencia aparecen juntas en sólo siete sílabas, el verso más corto de la estrofa (y percibimos ese vacío como de ola retirada). La segunda estrofa empieza con esta ausencia temida: "Qué será de mí cuando tú te me vayas" (!y qué delicioso el juego de los pronombres con el dativo ético!), sigue aún en el verso siguiente la sensación de privación y abandono con esos "poco" y "nada" ("de poco o nada sirven...")  para esperar la nueva carga aún más plena del oleaje y terminar con un absoluto "sólo amor cuenta". Y se subraya fónicamente la abundancia, con esas vocales abiertas y definitivas.  Contrasta esta rotundidad de las oes y las aes  del final del poema con las íes agudas, con su sonoridad casi infantil de la palabra "imprescindible"en el primer verso. En este verso final, sin embargo, con su sonoridad redonda, el amor parece abarcarlo todo, como un tsunami pacífico y definitivo.





Henry Ossawa Tanner

(1) The Poetry of Experience: The Dramatic Monologue in Modern Literary Tradition (Nueva York, Random House, 1957). Con qué cariño guardo un ejemplar de una reedición británicadel mismo. No es ningún raro, pero lo compré con enorme ilusión hace casi 20 años en una librería de viejo londinense.

lunes, 9 de febrero de 2015

Humores

   Amanece el día con apariencia de artilugio metálico. Es cosa del asfalto húmedo mezclado con el síndrome de lunes, cabo de una retahila de horarios ajustados y repetidos. Se me hizo duro conducir hacia el instituto con la sensación de estar metida en un perfecto engranaje al que han estado dando cuerda durante la noche. Allí estaba el semáforo de la esquina de casa, indicio patente: cuando se ponga ammarillo y rojo hará cinco veces que abrió la tienda de cocinas, siete amarillos más tarde llegarán los rumanos con su varilla para limpiarles los cristales a los coches. En la radio las últimas declaraciones de Putin...
  Menos mal que, ya en el instituto, mientras el sol evapora mis malos humores, mis alumnos y yo hablamos de El jugador de Dostoievski.

sábado, 31 de enero de 2015

Leer al Werther que lee

   Corrijo estos días exámenes. Le ha llegado el turno al Werther de Goethe y aquí ando enfrascada una y otra vez, hasta veinte veces, en aquel fragmento donde, inicialmente, el joven Werther se imbuye de los sentimientos del héroe de los Cantos de Ossián, el apócrifo. Todo es obviamente romántico: el tono, la localización medieval, las tumbas, la noche, el viento, los gemidos, el misterioso autor...  Qué diferente este episodio de aquel anterior en el que Werther reprocha, especialmente a los jóvenes, dejarse llevar por el mal humor y no saber apreciar lo bueno. En los días en los que mantiene esa opinión, el joven Werther está subyugado por la lectura del Ulises de Homero, ese luchador que se empeña en recuperar su bienestar y su hogar contra viento y marea (jeje, nunca nunca mejor empleada la frase). Curiosamente, la gestación del suicidio del personaje Werther ocurre en los días en que este ha cambiado de lectura, ahora son estos"Cantos de Ossian"; de hecho, el detonante definitivo será el suceso que sigue a la recitación de otro amplio fragmento de ese poema ante Lotte.
  Pienso qué extraña coincidencia es esta en la que, como ocurre con las muñecas rusas, un libro donde el protagonista muda de temperamento en paralelo a la naturaleza de sus lecturas, ha influido a su vez tanto en el ánimo de sus lectores como para provocar cambios tan llamativos y radicales en la moda del vestir y, según cuentan, en aquella oleada de suicidios.

Víctor Brauner


jueves, 29 de enero de 2015

Estación poesía, 3

   Ayer llegó a mi buzón el número tres de Estación Poesía. Cuánto lo agradecí. Es bueno vivir con puntadas periódicas que nos asgan a la poesía nueva con pespuntes de este tipo. La Universidad de Sevilla (el CICUS) y Antonio Rivero Taravillo hacen posible esta buena revista, este asidero. Con el nuevo número (en papel que puedo tocar, hojear, oler) me pongo al día de los inéditos más recientes de poetas que me gustan y, además, me llega la primera noticia de quienes no conocía aún. No todo tiene que gustarme por igual, que una tiene sus querencias estéticas, qué le vamos a hacer; pero Antonio y su comité asesor son poetas buenos, gente con criterio y exigencia, cosa que se agradece mucho en estos tiempos en los que parece que todo vale. Dejo asomado aquí, a modo de ejemplo, el poema con el que colabora en este número José Julio Cabanillas, un poeta que siempre me ha gustado. Estos son sus versos frescos, celebrativos, magníficos:

            EL POZO

 La garrucha está fresca
aunque el sol ya está alto, más arriba
de los negros tejados. No hay sombra para nadie.
Sube del pozo, mecido por el ronco
girar de la polea
un cubo de agua limpia, delgada, generosa.
Cuanto yo sé de mí, cuanto puede aprenderse
del universo todo, aquí lo bebo.
El eje de la tierra, el lento germinar de las estrellas,
el ojo de los lagos,
la cola de un cometa que llega del vacío...
Y aquí el agua que canta
con su glu glú de niña que no sabe
pero guarda la llave que abre todos los cuartos.
Agua, hermana, límpiame tú los ojos,
di mi nombre,
espanta tantas muertas estrellas que ahora llevo
dentro del corazón como ascuas quietas.
Agua, hermana, vocecita que alza,
de la vida a la vida, a quien llega a tu lado.
Deja un sorbo en la boca de quien sabes.


 

miércoles, 21 de enero de 2015

Cuatro años

¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible?

 

Tengo un reloj parado a las 4,15, una rosa que nunca se marchitó, un sueño que fue un regalo de cumpleaños...  ¡Y no son metáforas!