miércoles, 25 de marzo de 2015

A toro -electoral- pasado...

  A toro electoral pasado, creo comprobar que quienes tienen sensibilidad pro-vida, cuando se sienten defraudados, no salen a insultar ministros a las puertas de sus casas ni a romper escaparates. Simplemente esperan con resolución a que les pidan depositar su voto en una urna...  Y me extraña no haber leído hasta ahora ninguna reflexión al respecto.

René Magritte

martes, 24 de marzo de 2015

Otra vez palmeras

   Han vuelto a poner palmeras donde se perdieron las que yo había conocido desde la infancia. Una votación popular ha hecho que se repongan las afectadas por no sé qué epidemia. Desilusión. Ahí vuelven a estar y no me gustan, no me han gustado nunca. Las siento inexplicablemente ajenas a mi paisaje sentimental, ese que sólo concibo poblado por pinos de copas frondosas, verdes y onduladas, por mis jugosos y cotidianos naranjos salpicados de blanco aromático o frutos brillantes
  Esa avenida de las palmeras me había parecido siempre una especie de decorado paralelo al río, parte de una tramoya urbana urdida para turistas con pretensiones de resort caribeño, quieroynopuedos del lujo arábigo. Que no, que no me gustan las palmeras: su imagen me evoca calor, viento seco, oasis precario. Las copas no dan apenas sombra, los frutos son pringosos, oscuros y secos... Y, además, están siempre apagadas, rígidas y apagadas, como si las cubriera la pátina de un polvo deslucido y perenne.

Julio Álvarez Carballo

sábado, 21 de marzo de 2015

Día 21 y lloviendo

      Aquel día (no el que ella se fue, sino el que guardamos su cuerpo)llovía desaforadamente y era, más que este, frío y gris. Dicen los astrónomos que hace ya unas horas que empezó la primavera (parece que fue anoche a las 23:45 cuando la estrenamos). Y yo quiero ver en esto una esperanzadora alegoría.


Gina Brown




domingo, 15 de marzo de 2015

Del otro efecto mariposa

   Hoy acaba el Festival Iberoamericano de Poesía en Cádiz y, por segunda vez, me quedo sin oír a los poetas. Siento no haber escuchado a los amigos de aquí y a los invitados de fuera (este año, poetas chilenos): un familiar ha andado mal de salud (ingreso hospilalario incluído) y no ha podido ser.  
  En lo que sí he podido tomar parte, eligiendo los tres cuartitos de hora que mejor me cuadraban, ha sido en la convocatoria de oración que ha lanzado el Papa Francisco.  Si hay algo en lo que confío plenamente es en la fuerza que tiene la unión de la voluntad de muchas almas (muchas mentes, muchos corazones).  De hecho, la primera vez que oí hablar del´"Efecto Mariposa" me pareció una obviedad enorme. Los creyentes llevamos siglos sabiendo que una oración aquí, un esfuerzo para el bien allá, son bendiciones (energía positiva lo llamaría mi amiga Manuela) que no pasan desapercibidas en absoluto, sino que genera salvación y bien incluso en lugares y tiempos remotos. 
   Por eso me dio una enorme alegría poder estar en la iglesia de la Cartuja de Jerez en medio del silencio habitado, del silencio fértil, de varias decenas de personas. La voz dulce y decidida de las hermanas encabezaba, con brevísimas frases, la dirección de nuestro pacífico grito silencioso por todos los hombres -por cada uno de los hombres- a ratos, o en alabanza al Creador y Sostenedor de la vida en otros momentos. Era impresionante.
   E. se sorprendió mucho de este tipo de oración, quizá porque las emociones juegan en ella un papel tan importante. Yo reconozco que estas pueden ser díscolas y caprichosas como un adolescente, pero existen en nosotros, seres humanos, y además son poderosas. Encauzar nuestros deseos de paz, nuestras súplicas, la belleza de la música -la armonía de la música que construye armonía fuera de ella-, la expresión de la alabanza con el corazón lleno... todo eso es la oración del ser humano completo: cerebro, voluntad, cuerpo (oídos, cuerdas vocales...). Esta es la implicación que Dios nos pide de nuestro Libre Albedrío para que, en plena acción de la Comunión de los Santos, venga Su Reino: veinticuatro horas por todo el planeta de este incesante y casi imperceptible aleteo de mariposa tiene que dar fruto.

Petko Naydenov

domingo, 8 de marzo de 2015

Los domingos, sobre todo

   Me estoy acostumbrando a la mañana. Los domingos sobre todo me gusta levantarme y escuchar el todavía-silencio de las cosas; palpar casi esa especie de larguísimo desperezo con el que van despabilándose despacio los ruidos. 
   Los primeros son los pájaros.
   Una lejana algarabía de coches viene más tarde, o es más tarde cuando la siento. Da pudor arrastrar una silla, hacer tintinear el bote del café o entrechocar las tazas en la alacena. La luz ocupa entonces la quietud y se expande, calmosa e indolente como un gato mimado, por entre los silencios de la casa. Llega, al fin, el rumor doméstico de los vecinos y una agradece ese rastro de la continuidad igual que el café caliente, o que la primera brisa.
   Sólo después suena el teléfono.

W. McGregor Paxton

domingo, 1 de marzo de 2015

Música clásica y cosmética capilar

   A raíz de haber visto anoche uno de esos recogidos cuidadosamente despeinados que tanto me gustan, he pensado que hacemos mal subestimando la importancia de las modas del cabello, que encierra mucho el mundo de las extensiones, los rulos y los cortes a la moda. La arquitectura aparentemente anárquica de aquel peinado me llevó al juego de asociación de ideas ese que evoqué aquí hace muchas entradas. Si un canon barroco es una trenza y un vals es un bucle, aquel peinado era, sin duda, ¡música atonal contemporánea! Tenían ustedes que haber estado en cierto concierto en Berlín: a Josefina y a mí se nos ocurrió sacar entradas. Poco después de ocupar nuestro lugar, un chico de negro riguroso salió y se puso a afinar el piano, de pie, volcado sobre el arpa de acero del instrumento. Eso nos pareció raro, pero se lo atribuimos al carácter aparentemente informal de todo. Lo comentábamos poniéndolo en relación con la decoración del escenario, plagado de girasoles como dejados al tuntún... Hasta que los del palco vecino nos mandaron callar. ¡Aquello era ya el concierto! 
   Naturalmente estas correspondencias entre la moda del cabello y las corrientes musicales y artísticas solo tienen efecto sobre estas corrientes en abstracto, no sobre sus cabezas concretas: está claro que Beethoven, con sus mechones largos a medio desenredar, hace honor al movimiento al que pertenece: el primer Romanticismo, pero entonces Falla -y el propio Góngora, en Literatura-  habrían de ser minimalistas y eso sí que no.  




lunes, 23 de febrero de 2015

Querida Jose

   No sé qué extraña vida es la de quienes se nos van, ni qué nuevos caminos se nos abren con ellos; pero se abren, Jose, y de par en par.
  Yo lo he sabido, lo sé. Serán duros los días que están por venir, pero estate atenta: una nueva hermandad, una hermandad distinta y más completa vas a vivir ahora.

   Gustav Baumann