lunes, 22 de septiembre de 2014

La vida "¿Allegro vivace?"

  Se levanta una todos los días con el pie en el acelerador, procurando que mientras se tuesta el pan se haga el café y le dé tiempo a ducharse. Se levanta, cuando el cielo está aún oscuro, intentando ganarle al sol y al reloj cinco, diez minutos apenas que la rediman de la falta de sueño, para llegar después corriendo al trabajo y volver muchas horas después extenuada a casa, donde espera más trabajo y varios compromisos, todos urgentes, porque se ha responsabilizado una sin querer a causa de un teléfono que le persigue desde dentro de su propio bolsillo. Lo ha hecho confiando en la rapidez del coche y en la inmediatez de los mensajes por correo-e, que permiten esos malabarismos... Y todo para acabar agotada e intentar dormir -a ver si hay suerte- porque el cuerpo por dentro aún lleva el ritmo vertiginoso del día.
  Envidio el tiempo de mis antepasados, con sus horas anchísimas que pasaban al ritmo del trote melódico de un coche de caballos o del paseo de los domingos, o aquella cadencia lenta del plup-plup del guisado en el fogón. Ay, ese fuego que exigía dedicación exclusiva a tempo largo (como mucho adagio) antes de que el microondas y la vitrocerámica nos sedujeran con sus pérfidos reclamos falsos de velocidad y tiempo. Hay días que comprende una a los Amis y piensa que todos los aparatos modernos son engañifas, lobos disfrazados de corderos, que con sus promesas de ahorrar tiempo nos lo han birlado, como las preferentes.



miércoles, 17 de septiembre de 2014

Laura, Fiammeta, Beatrice

  En clase hablamos de Florencia en el siglo XIV: de Petrarca, de Boccaccio y de, antes que ellos, Dante.  Intentaba yo sintetizarles -con voluntad tan razonada y razonable, como interesada-  el discurrir de tres siglos, en un esquema que pretendía abarcar la manera de pensar y de sentir de queseyocuántos miles o millones de seres humanos. Vinieron a mi discurso, naturalmente, Laura y Fiammetta y Beatrice y pensé, una vez más, en la extraña fertilidad literaria de los amores difíciles; fertilidad que va más allá del fácil tópico trovadoresco y sus secuelas petrarquistas, a menos que -como me sospecho- sigamos siendo más petrarquistas de lo que creemos en el siglo XXI.

  Fue hermoso recurrir al cuadro de Henry Holiday que durante muchos meses visité casi semanalmente en la Walker Gallery y al que dediqué este poemita en Donde la hoguera verde. 



EN LA WALKER GALLERY
(Dante and Betrice de Henry Holiday)


Quizá siente vergüenza
de estar avergonzado.
Hay un puente y riberas
atestadas de casas que parecen
sujetarse a sí mismas
e impelidas al río,
apenas sostenidas en la piedra
por arcos y soportes.
Dante también se apoya en un pretil
en la precariedad de un puente
y se oprime el costado,
donde un raro temblor
amenaza derrumbe.

Erguida y sin mirarlo,
ella es el río y, mientras pasa,
el remanso se vuelve torrentera.

Henry Holiday

miércoles, 10 de septiembre de 2014

El síndrome de Sísifo

   Septiembre empieza siempre con síndrome de Sísifo (¿existirá tal cosa para los sicólogos o le he dado nombre a un estado de ánimo sólo mío?). Quiero decir que ya el último día de agosto se va mirando una la musculatura de las ilusiones y la elasticidad de las horas para abordar el curso nuevo sin que todo la acabe aplastando, que ya sabemos por experiencia que habrá momentos en que eso ocurra. Así que durante más de una semana este blog se ha resentido de que mi Sísifo interior haya hecho acto de presencia.    Y aquí está mi forzudo amigo. Ya ha empezando a acomodarse en los brazos tareas e ilusiones con las que habrá de bregar afanosamente una vez más, y siempre desde los pies de la colina.
   En fin, es septiembre y con la nueva luz, más blanquecina que la de agosto, vienen también otras cosas, una vez más, una vez más desde el principio.

Vik Muniz


lunes, 1 de septiembre de 2014

Una niña se sienta tras su pupitre


LA NUEVA DE LA CLASE
 Una niña se sienta tras su pupitre una mañana de octubre. Hace sol afuera pero, en el aula, algo gris tamiza la luz radiante de la calle; es, tal vez, la sombra de las persianas, o podría ser el suelo oscuro que imita granito pulido y dibuja una cudrícula perfecta bajo las mesas. A la niña le da vergüenza saber respuestas que sus compañeras desconocen y le preocupa ignorar costumbres que las demás dominan (la mecánica para pedir ir al "cuartito", o el pasillo infrecuente que acorta el camino violando levemente la clausura). Se asombra y calla. La mañana se va quebrando en un puzle mal resuelto; un puzle gris. A sus seis años ya empieza a sentirse inexplicablemente distinta. 
 Quizá aquel grisoctubre de 1966 es el color que cierta clase de miedo da a las horas.

lunes, 25 de agosto de 2014

De Peter H. Carlan

   Con un poema de un alemán contemporáneo vuelvo a mis sudokus de emociones y palabras. No tengo ninguna referencia de él en español; añado así otro placer al placer de traducir: el de descubrir.


DEIN KUSS

Ich hatte meine Hände
zu einer Schale geformt

so wie man Wasser schöpft,
um zu trinken

und trug darin
auf dreifache Weise

in meinen Hände
auf meinen Lippen
in meinem Herzen

deinen Kuss nach Hause,

weckte ich ihn ein in ein
Erdbeermarmeladenglass

und wecke ihn auf
in allabendlicher Umarmung.


TU BESO

Había puesto yo las manos 
a modo de cuenco

como quien saca 
agua para beber

y me llevaba allí 
de tres maneras

en las manos
en los labios
en el corazón

tu beso para casa,

lo envasé en un tarro
de mermelada de fresa

y lo destapo 
con el abrazo de cada noche.


Montserrat Gudiol





jueves, 21 de agosto de 2014

Cordando

Y esta noche leeré en público "Ojos claros, seremos / si de un dulce mirar sois alabados...". Me dicen que mi voz transmite tristeza. No quiero que sea así.