sábado, 13 de diciembre de 2014

...y mejor cuanto antes te des cuenta

   Tengo la impresión de que, con el tiempo, me he acabado acostumbrando a no preocuparme por adelantado, a vivir más confiadamente el hoy, a abrirme a la Providencia, a saborear el don de cada día, a tener el convencimiento de que en cada momento sólo somos responsables de nuestro presente. La vida es tan rica... No se repite nunca a sí misma, siempre sorprende, por eso es ingenuo intentar controlar todo nuestro futuro. 
   Intento dar una explicación así a esa facilidad para la paz de la que hablaba yo hace un par de días en esta ventana y es algo, creo yo, que suele sobrevenir a los años medianamente vividos. Me he acordado entonces de este soneto de juventud:

La exacta sombra de la tarde sabes
que fue la conjunción  única y breve
de la luz, de tu cuerpo, de esa leve
certeza de no sé qué cosas suaves.


La vida no repite sus enclaves:
ni un trago será igual al que hoy se bebe,
ni nunca fue una lluvia la que hoy llueve
y vivir es, sin fin, quemar tus naves.


No temas el dolor desconocido,
ni esperes recobrar la vieja renta:
la verdad, cuando llega, es diferente.

No hay mirada que sea equivalente
y es sólo ante tus ojos lo que ha sido.
Y mejor cuanto antes te des cuenta.

                (Son los ríos, 1998)

Colley Whisson

jueves, 11 de diciembre de 2014

Mayor, agradablemente

   Días de solecito y de silencio, de noticias de los amigos y té caliente, de chimenea y brasero, de los primeros turrones y de lecturas breves y escogidas (el final de evaluación no da para más). Si tuviera que ponerle nombre a estos días, los llamaría "los días de la paz". Ayuda el frío, estoy segura, (cómo me gusta el solecito de los fríos del sur, que son fríos breves pero mal remediados). Está habiendo dolor en familias amigas y buena dosis de tristeza blanda en la mía, esa tristeza que saben dar los recuerdos alegres, los que pasaron definitiva e incomprensiblemente. Todo esto es así, pero, por encima de todo, una paz inaudita, impropia de mi temperamento, lo envuelve todo entre sus algodones, como madre que acuna los pucheros de del más indefenso de sus hijos. Así, de ese impensado consuelo, de esta extraña armonía es de lo que hablo... Me estoy haciendo agradablemente mayor, por lo visto.

Jan van der Kooi

jueves, 4 de diciembre de 2014

Pero... ¿todo eso lo ha pensado el autor?

   Ocurrió ayer en clase, pero casi todos los años se repite la situación: hacemos un comentario de texto y vamos señalando cómo se acumulan las figuras retóricas en un párrafo, de qué modo la posición de una palabra puede dar un doble sentido a determinada expresión, o la manera en que un ritmo acentual provoca la sensación adecuada... Un alumno entonces -normalmente uno de los más atentos-  acaba preguntando con asombro: "pero ¿todo eso lo ha ido pensando el autor?" A lo que una responde inmediatamente: "en absoluto".
   El proceso de creación es muy intuitivo -que es como decir que es de una inteligencia velocísima, tan veloz que no llega a la consciencia-.  Quien escribe selecciona  cada elemento del mensaje, su colocación y sus silencios, en función de un efecto, sin examinar toda su mecánica.  Es a nosotros, los que lo estudiamos, a quienes corresponde desentrañar su álgebra inconsciente.
   A veces les he contado la anécdota de mi primer jefe de departamento, el catedrático D. Enrique Durán, que me contó que en cierta ocasión se sentaba junto a no sé qué escritor homenajeado en un congreso mientras escuchaba una conferencia que le dedicaban a la obra de éste. El insigne autor se volvió hacia él cuando la conferencia estaba a punto de finalizar y le murmuró socarronamente:  "En mi vida me podía yo imaginar que yo supiera tanto"
Estilismo de Glen Proebstel



                         P.S. Escribo esta entrada el día 5. No sé muy bien por qué extraño motivo, nunca antes experimentado, esta entrada aparece con fecha del día 4. La dejo así, como extrañamente se ha editado en homenaje a un cumpleaños muy significativo para mí, muy significativo y muy muy querido.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Maneras de mirar (17): Antonio Machado, espejeando

   VII

   El limonero lánguido suspende

una pálida rama polvorienta
sobre el encanto de la fuente limpia
y allá en el fondo sueña
los frutos de oro...
                             Es una tarde clara,
casi de primavera, 
tibia tarde de marzo
que el hálito de abril cercano lleva;
yo estoy solo, en el patio silencioso,
buscando una ilusión cándida y vieja:
alguna sombra sobre el blanco muro,
algún recuerdo, en el pretil de piedra
de la fuente dormido, hay, en el aire,
algún vagar de túnica ligera.
   En el ambiente de la tarde flota
ese aroma de ausencia,
que dice al alma luminosa: nunca,
y al corazón: espera.
   Ese aroma que evoca los fantasmas
de las fragancias vírgenes y muertas.
   Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara,
casi de primavera,
tarde sin flores, cuando me traías
el buen perfume de la hierbabuena
y de la buena albahaca,
que tenía mi madre en sus macetas.
   Que tú me viste hundir mis manos puras
en el agua serena,
para alcanzar los frutos encantados
que hoy en el fondo de la fuente sueñan...
   Sí, te conozco, tarde alegre y clara,
casi de primavera.


                                  (Antonio Machado)


   El limonero es la imagen recurrente de la infancia de Antonio Machado. Espejea el poeta aquí una rama del árbol cargada de limones, espejea el tiempo que vuelve a él en la inasible imagen de la memoria y espejea la propia estructura del poema que se pliega en dos partes (presente y pasado) en una perfecta simetría alrededor del eje de cuatro versos centrales: los dos que contienen la palabra clave, el abracadabra del poema: "evoca" y los dos del motivo que, a modo de marca, abre cada parte del poema: "tarde (alegre y) clara, casi de primavera".

   El poema empieza con un pórtico que nos sitúa ante la imagen y el tono lánguido (lánguido y esdrújulo, jeje, qué modernista) de los versos. Este pórtico consta de tres endecasílabos, un heptasílabo y ¡medio endecasílabo! Sí, si, sólo medio verso de esta silva arromanzada o romance silva. A partir de ese punto, el texto es un todo cerrado que empieza y termina con la mención de la "tarde clara casi de primavera" y que se vuelve sobre sí mismo en simetría, como hace el tiempo ante el recuerdo:

Mención de la tarde de primavera
+
Descripción de lo evanescente sensitivo
+
Versos eje ("evoca")
+
Descripción de lo evanescente sensitivo
+
Mención de la tarde de primavera

   Ante la rama de un limonero reflejada en la fuente evoca el poeta una escena similar de la infancia cuando, de niño, quiso coger de la fuente el reflejo de los frutos. Tan simbolista en los matices de lo sensorial, tan becqueriano en su evanescencia (qué génesis si no tiene ese "vagar de túnica ligera") es esta descripción como lo es el mejor modernismo español. Pero lo bonito es ver cómo la estructura del poema responde al mismo efecto de espejo que hace el agua de la fuente bajo la rama cargada de limones y, lo más importante, al efecto de nuestra memoria, que no es capaz de traernos nunca la realidad del pasado sino su imagen inasible, tan inasible como un reflejo en el agua. 


Álvarez del Pino

sábado, 29 de noviembre de 2014

Amanece

  Toda la noche ha estado lloviendo. Eso parece, al menos, por el charco en el alféizar y la grisura brillante de todo. Es una delicia desayunar bajo la ventana y ver la luz  -no una luz cualquiera, esta luz de incandescencia blanca- abrirse paso, filtrarse mansa y poderosamente por los resquicios de las nubes menos densas. Hay una paz y una fuerza extrañas. Y de nuevo este día evoca, otra vez, el Primer Día de todos los días y esta luz evoca la calma y la fuerza vírgenes. Cuántas veces la vida se simboliza a sí misma, pienso.

Antonio Smith


domingo, 23 de noviembre de 2014

En clase, con Romeo y Julieta

   Yo había visto a la Arteta darle voz y cuerpo a la Julieta de Gounod-Shakespeare en el emocionante dueto del amanecer de los esposos. Y había estado todo el fin de semana pasado buscando una buena grabación de esa escena. Conseguí encontrarla, recortarla (no estaba dispuesta a que la rechazaran por aburrimiento, tenía que ir al grano), subirla y enlazarla con no poco esfuerzo. Colgué también fragmentos de versiones musicales creadas en el s. XXI, musical y literariamente más débiles, pero de cantantes muy jóvenes, muy guapos y muy modernos. Qué sorpresa comprobar que con la que vibraron fue con la escena de Gounod. Dos veces escucharon este fragmento que es como un alba tradicional, pero donde también hay voz masculina (un alba no sexista, que dirían los modernos). Gounod prolonga la escena y la emoción es magnífica. Junto a ella, la interpretación de los cantantes del musical parece una parodia cursi de una versión cursi de las cursis comedias de adolescentes del Disney Channel.



Romeo: ¡Que me capturen, que me maten! Si lo ordenas tú, poco me importa. Diré que aquella luz gris que allí veo no es la de la mañana, sino el pálido destello de la Luna. Diré que no es el canto de la alondra el que retumba. Más quiero quedarme que abandonarte. Ven, muerte, pues Julieta lo quiere. Amor mío, sigamos conversando, que todavía no rompe el día.

ROMEO
Let me be ta'en. Let me be put to death.
I am content, so thou wilt have it so.
I’ll say yon grey is not the morning’s eye.
'Tis but the pale reflex of Cynthia’s brow.
Nor that is not the lark, whose notes do beat
The vaulty heaven so high above our heads.
I have more care to stay than will to go.
Come, death, and welcome! Juliet wills it so.—
How is ’t, my soul? Let’s talk. It is not day.