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miércoles, 9 de mayo de 2018

"La felicidad"

"La felicidad"

Esto ocurre también
con el dolor cuando sacude
solamente un segundo y se retira.

Por eso, siente el sol, respira a fondo;
piensa que esta mañana será eterna.
Tú sabes
que un instante infinito es suficiente
y ha de pasar también para dejarnos
la menta de la huida en la garganta

(de Igual que lava oscura, 2008)

Klimt

miércoles, 3 de enero de 2018

10 años de Igual que lava oscura

    El libro salió el año que estuve viviendo en Inglaterra, aunque había sido escrito antes. Trata todo él un único tema separado en cuatro partes, esto es, en cuatro causas del miedo distintas que no se mencionan, pero cuyo sentido se va desprendiendo de la lectura de cada parte (e realidad, la parte I trata del miedo a la caducidad de las cosas: el tiempo;  la segunda a la soledad, pero entendida como incomprensión; la tercera está dedicada a lo desconocido y la última al dolor.
   Es este, tal vez, mi libro preferido y creo que el que pasó más desapercibido. Así que me  he propuesto rociar esta ventana a lo largo del 2018 con algunos poemas del libro.
   Empezaremos por el poema introductorio, no pertenece a ninguna de las partes porque, en realidad, es de todas y contiene el nombre del libro. Intenta avisar al lector del asunto de las páginas que siguen:


                        EL MIEDO

       Como el tiempo,
       que se arrastra imponente
       igual que lava oscura,
       así es el miedo:
       temblor ue nos posee como a objetos
       y nos decide suyos un instante.

       Como el tiempo es el miedo, como lava,
       como sombra de hielo
       que nos hace más solos
       y nos vuelve los hombros vulnerables:

       un enigma callado que arremete
       y se disfraza a veces de evidencia.

Barry Hilton

viernes, 7 de julio de 2017

La casa

Las casas que son de paso, tienen olores particulares: la falta de hogar huele. Hay en ellas algo de resto rancio, ambientador barato y cañería seca, a veces una mezcla de objetos huérfanos y otro poco de gris apurgarado. Es el olor del abandono. Los olores son como las plantas, si no pueden estar el tiempo suficiente en un sitio, no echan raíces y se marchitan; se convierten en cadáveres de olores.  Especialmente las que tienen moqueta, como esta que lleva ya un tiempo cobijándonos. Procuro dejar un poquito abierto el bote de mi crema corporal en el dormitorio y a veces recurro a meter la nariz en mi neceser para sentir olores vivos. Hacer pronto café y poner pan a tostar es un remedio eficaz. El café y el pan tostado acaban con los olores hospicianos más rebeldes.
  Llevamos más de un mes en ella y creo que ya ha vuelto a sentirse viva. Ya ha aprendido a retener nuestros rastros, y el armario ya no trasmina desolación, sino el detergente mezclado con el olor de nuestros cuerpos, crema corporal y sacapuntas. 
 Todas las casas tienen un olor propio que no se repite nunca porque suele ser el resultado de las sucesivas circunstancias que las recorren como fantasmas errabundos: comida, cremas, jabones, las huellas de los cuerpos de quienes las van ocupando y hasta  las telas y maderas. Eso es así. Cuando dejemos esta casa, sé que el olor inicial viajará con nosotros en nuestras maletas. Nos reencontaremos con él al abrirlas en el hogar, y será una especie de souvenir involuntario, el rastro pertinaz e impalpable de una vida prestada.


Duane Keiser


lunes, 1 de mayo de 2017

Un reflejo en el agua

     Invirtamos los términos y digamos que hay sensaciones tan primarias como un tachón en rojo. Otras tan ricas y sutiles que participan en gran parte de la inteligencia y tienen la paleta de un reflejo en el agua.


Brian Blackham










domingo, 26 de febrero de 2017

Volar

   Nunca he soñado con volar. ¿Significará algo?  De hecho siempre me atrajo más el Peter Pan que lidiaba con su propia sombra que el que sobrevolaba el Big Ben y las nubes; el que intentaba medir los límites de sí mismo, más que el que observaba a los demás espada en mano desde el tejado.
   Lo cierto es que no temo las alturas, pero está claro que no me tienta la vista desde el cenit, la mirada lejana de las cosas, desde fuera de mí y sin que me rocen. Prefiero el confort curioso de visitar y hacerme visitar por lo que me rodea en un tú a tú que me defina mientras define aquello a lo que pertenezco. 
   Probablemente esta rareza no lo sea tanto y no suponga más que otra manera de autoafirmarse una.


Durero

domingo, 19 de febrero de 2017

Febrero

   El árbol tiene el ramaje pardogrisáceo y sarmentoso. Es mi árbol ascético de todos los inviernos, el de la firme adustez que esconde una magnificencia de raíces.  Por las mañanas, los gorriones revolotean a su alrededor y dan la apariencia de envolverlo en un hilo invisible. A veces se posan en una ramita precaria simulando anudar delicadamente el hilo de su red misteriosa y hablan entre ellos: -¿te parece bien aquí?, ¿te hace daño?-  He llegado a pensar que ese hilo existe, que es el que preserva la corpulencia seca de los desmanes de febrero y sólo ellos, los pájaros y el árbol, están en el secreto.

María Kitano

domingo, 11 de septiembre de 2016

Sencillo asombro

   Tres franjas irregulares, de un rosa delicadísimo y luminoso se extienden generosamente horizontales allí, altas en el cielo. Las miro y me parece imposible tanta levedad e intensidad juntas, el color extremo, su posición tan lejana al horizonte... y en ese mismo instante las veo matificar, oscurecer y desvanecerse hacia un morado mucho más verosímil.
  Durante un segundo tengo la extraña certidumbre de que mi incredulidad las ha apagado. Siento entonces una ráfaga fugaz de convencimiento triste: la belleza sólo sabe mostrase a los ojos capaces de vivir en el sencillo asombro.

Minjung Kim

domingo, 27 de marzo de 2016

Amanece sin recato

  Amanece sin recato, con un estrépito lento que tiene más de largo eureka que de desperezo. Los espejuelos de los primeros rayos en los coches mojados de lluvia, los garabatos de voz en los trinos recién estrenados de los pájaros, esta brisa tannnn tersa, son la maravilla cotidiana a la que sigo sin acostumbrarme. 
¡Feliz Pascua a todos! 


Jan van der Kooi


viernes, 25 de marzo de 2016

Madrugada del jueves al viernes

   ¿No te ocurre lo mismo? Ante el Sagrario vacío, ¿no te quedas un rato en silencio... y entras en él, en el silencio absoluto, quiero decir, y te imaginas cómo sería una gran nada, el horror que supondría el Gran Silencio, el Viernes Santo perpetuo: el vacío de las cosas deshabitadas, la oquedad del mundo; un hombre sin alma, un mundo sin Dios... ? Tienes la certidumbre entonces de que cualquier sonido de esa fosa, sólo podría ser ruido, farfulleo inane, el sinsentido atronador... y el mundo, el escenario de unos autómatas ilusos.

Eduardo Naranjo

viernes, 1 de enero de 2016

La cinta, la luz

  Estas últimas semanas he sentido como si mi vida hiciera un pliegue sobre sí misma.  Está claro que el tiempo que nos transcurre solemos imaginarlo como una larga secuencia (un camino, un río, una cinta...), pero estos dos últimos meses he tenido la sensación -y el convencimiento- de que mis días volvían sobre un tramo anterior impecablemente plastificado. Se trata de un trecho del pasado que se mantiene terso, virgen a toda vicisitud; un tramo vivísimo que es el que coincide con la adolescencia. El resto de la cinta, sin embargo, se ha vuelto frágil: años y años de seda débil que contrasta con la transparencia impoluta de aquella segunda década de mi vida, impermeable ya a las arrugas de los años.
   Y todo porque Inés, mi amiga Inés de toda la vida, ha vuelto a España. Vuelvo a hablar con ella, a quedar para tomar algo y charlar; me pregunta por las compañeras de entonces... y llega la sensación de que la vida, en realidad, fue aquello, y que todo lo que lo precedió ha tomado la apariencia de un raro sueño, de la misma manera que todo lo que ha seguido después -lo malísimo y lo maravilloso, lo socialmente importante y lo intrascendente-   parece de pronto una parte delicadísima de la cinta, valiosísimo cordón, que se pliega sobre aquellos años fundamentales en que empezábamos a mirar la existencia.
   Resulta ahora que la luz de la adolescencia es, en realidad, la que nos acaba iluminando para siempre.

Chelsea B. James


domingo, 15 de noviembre de 2015

No se puede estar en todas partes

Sres:
Me gustaría estar en la concentración convocada en mi ciudad contra los atentados terroristas en Francia. Qué pena, no podré hacerlo: a la misma hora hay una concentración pro-vida en Jerez. Iré a esa. Se convocó antes y me temo que, por razones para mí inexplicables, allí irá menos gente.
Cuenten con mi adhesión todos los que convoquen a favor de la dignidad del ser humano y en contra de la violencia bárbara.

Juan Esteban Reyes


sábado, 14 de noviembre de 2015

El mal existe

   Hacíamos zapping en la tele -cosa rara- con la mesa de la cena aún puesta: una serie de acción, otra serie de acción, una película oscura que parecía una serie de acción... y, en la tertulia habitual de otra cadena, de repente, unos rostros desencajados mientras, en la parte inferior de la pantalla, ráfagas de palabras acribillaban imágenes en directo desde París, en ese momento pequeñitas y confusas.
   El mal existe. Me da igual el nombre, la careta o la excusa, no sé si se genera dentro del hombre hasta que estalla incontenible o si viene de fuera y se apodera en algún momento de nosotros, pero existe, naturalmente que existe (cuántas veces habré discutido con relativistas que lo negaban), existe y anoche dio su cara más llamativa y frenética, y contra él hay que luchar sin dejarnos manchar por su savia tóxica. Tarea difícil pero tarea urgente; tarea perpetua e interminable, siempre siempre urgente.

George Grosz

  

lunes, 17 de agosto de 2015

Primeras luces

 Los pájaros saben cuáles son los dos momentos más fabulosos del día y bien que lo festejan y nos lo avisan, pero nosotros parecemos sordos. A mí uno de ellos me ha dado para un haiku decentito, creo yo.


  Primeras luces:
  un alud de gorjeos
  se precipita.



Fabio Cembranelli


martes, 11 de agosto de 2015

El mundo de fuera...

 El mundo de fuera fue siempre un recinto para el que yo no tenía el santo y seña. Es cierto que algo rarilla ha debido de ser una: siempre me ha costado cogerme al paso de los demás (me sigue costando... qué le vamos a hacer).

    No estoy muy segura de que sea eso lo que me hizo empezar a escribir, pero creo que sí. Y sé que he escrito siempre...  Al principio en cuadernos de cuadrícula, después en bellas encuadernaciones de páginas blancas que casi siempre compraba cuando salía de viaje, otras rachas en agendas... Sólo recientemente lo hago en el blog.  Sin embargo, no sé muy bien por qué empezó; creo que para ordenar las emociones, para dejar constancia de ellas ante mí misma... Creo también que en todo esto jugó un papel importante el haber sido una niña de lecturas voraces y el haberme sentido muy acompañada con esas lecturas, tanto como para querer imitarlas (los niños, ya se sabe, se postulan adultos por imitación) algunas de mis lecturas me decían que yo no estaba sola sintiendo y pensando (mejor: sintiendo lo que pensaba, pensando lo que sentía). 
   
    Después intervino el afán por que alguien más se identificase con mis emociones y, sobre todo, la alegría de saber que a veces sí ocurría.  Cerrar ese círculo me llevó a concebir la literatura como un diálogo universal y sin tiempo.

   Luego está el placer estético, el eureka ese de notar una misma que sí que ha conseguido con un texto una pequeña creación personal que es válida y verdadera. Todo eso también cuenta mucho; ha contado siempre, sólo que según a qué edad ha pesado más una cosa que otra.

   Y aquí me veo ahora, añadiendo ventanas a esta nube, vigilando que en este placer de ser leída no se cruce demasiado la vanidad ni la soberbia (dos fantasmas dispuestos a aparecer con la excusa mas nimia que te manchan de purpurina falsa la vida y te vuelven una loca ridícula con alardes de grandeza). Sí, aquí me veo ahora abriendo ventanas al mundo de fuera con palabras y esperando a que alguien pase. 

Enrique Barro


lunes, 3 de agosto de 2015

En torno al carpe diem

A partir de mi entrada de hace ya unos días, pensé, casi al instante de hacer clic para publicar, en el carpe diem, ese espejismo de ancianos que, en pura paradoja, parecen no saber vivir su propio presente y se han anclado en lo que ya no existe para ellos. Reaccionan así como essos padres que se empeñan en que sus hijos estudien o ejerzan lo que ellos no supieron o no pudieron estudiar o ejercer. La verdad es que la rosa, la taza (ver entrada anterior), el momento, no son ningún agarradero; se precipitan con nosotros al mismo tiempo, y arrastran su propia descomposición con la nuestra. Ningún joven sabrá nunca qué flor merecía ser cortada y cuál no; sólo desde la perspectiva de los años puede el ya anciano recomendar "goza" ("antes que... en plata o viola troncada se vuelva") o, por el contrario, puede avisar "amantes no toquéis si queréis vida" (porque  "solo del Amor queda el veneno"). Ya ven, el mismo Góngora escribió los dos mensajes y, aunque él compuso ambos poemas a sus veintipocos años, no cabe duda de que -sobre todo clarísimamente el carpe diem- lo hizo cumpliendo con la imitatio de otros más talluditos y nostálgicos del pasado.


Durero


   

jueves, 30 de julio de 2015

Pura engañifa

   En realidad no sé muy bien qué pasa con mis días; se me vuelven de pronto enemigos,  inútiles al menos; se me caducan veloces a los primeros indicios de la tarde, marchitos ya como melocotones blandos... A esas horas suelo empezar a sentirme como Alicia cayendo por el agujero al que el conejo de la prisa la ha arrastrado sin tan siquiera darse ella cuenta; y me veo deslizándome, no hacia lo hondo, sino hacia la noche y el sueño a través de los minutos. Y, entonces, se agarra una al momento como ella lo hace a una taza de té -una taza creo recordar que era-... Pero la taza de ella y el momento mío se precipitan con nosotras en la misma carrera acelerada de las horas... Suele pasarme en verano. El curso impone su agenda infranqueable y una ya sabe qué le puede pedir al día. Lo malo son las enormes expectativas de tiempo libre que crean las vacaciones... Pura engañifa.


Anthony Browne

domingo, 5 de julio de 2015

Mudanza

   Toda mudanza es un punto de inflexión. Qué curioso que un simple cambio de espacio suponga tanto, qué extraordinario que una manera nueva de localizar las cosas, nuestras cosas, nos descubra casi sin darnos cuenta otro modo de percibirlas, de tenerlas, de situarnos ante ellas. Decidir qué es lo que, a partir de ahora ha de estar en la mesilla de noche o en el cajón de de la propia mesa de trabajo y qué vamos a tener en el mueble de la entrada, en las baldas más altas del armario, en la caja de recursos comunes, es toda una declaración de principios. Las mudanzas son un no pequeño giro en la vida, una quiebra incontrolada de nuestros hábitos. El más trascendental de todos los pasos que estos trasiegos comportan es el primero, aquel en el que tenemos que decidir qué vamos a llevar con nosotros y qué abandonaremos para siempre; qué doblaremos y entregaremos como una ofrenda a otros, qué romperemos y arrojaremos a la basura y con qué clase de disposición de ánimo vamoss a hacerlo.
   ...Y luego están los descubrimientos: encontrarnos en estos días con aquel tesoro del pasado, escondido a nuestra propia memoria, que nos salta hasta la yugular del recuerdo después de muchos muchos años. 

Miguel Marazuela

sábado, 4 de abril de 2015

Mañana de Viernes Santo

   Ha habido años, los de la inmadurez, en los que el horror al sufrimiento hacía que la oración ante el Sagrario abierto se convirtiera en un acompañamiento hasta las puertas del dolor. Sólo hasta las puertas, porque yo me quedaba fuera, rechazándolo. Tanto me repelía. Mi oración consistía entonces en repetir, a modo de jaculatoria: "quedaos aquí y velad conmigo, quedaos aquí y velad conmigo, quedaos...". Rechazaba así el padecimiento, como los discípulos en el Monte de los Olivos, manteniéndome a una distancia prudente.
   Este año, sin embargo, he sentido un enorme consuelo delante del Monumento la mañana del Viernes Santo: la certeza irracional e insólita de que sus sufrimientos justifican los sufrimientos de aquellos a quienes quiero aquí... Ha sido como entrar intuitivamente en el misterio del dolor y llenarme de paz y de confianza.

Chagall

martes, 24 de marzo de 2015

Otra vez palmeras

   Han vuelto a poner palmeras donde se perdieron las que yo había conocido desde la infancia. Una votación popular ha hecho que se repongan las afectadas por no sé qué epidemia. Desilusión. Ahí vuelven a estar y no me gustan, no me han gustado nunca. Las siento inexplicablemente ajenas a mi paisaje sentimental, ese que sólo concibo poblado por pinos de copas frondosas, verdes y onduladas, por mis jugosos y cotidianos naranjos salpicados de blanco aromático o frutos brillantes
  Esa avenida de las palmeras me había parecido siempre una especie de decorado paralelo al río, parte de una tramoya urbana urdida para turistas con pretensiones de resort caribeño, quieroynopuedos del lujo arábigo. Que no, que no me gustan las palmeras: su imagen me evoca calor, viento seco, oasis precario. Las copas no dan apenas sombra, los frutos son pringosos, oscuros y secos... Y, además, están siempre apagadas, rígidas y apagadas, como si las cubriera la pátina de un polvo deslucido y perenne.

Julio Álvarez Carballo

domingo, 15 de marzo de 2015

Del otro efecto mariposa

   Hoy acaba el Festival Iberoamericano de Poesía en Cádiz y, por segunda vez, me quedo sin oír a los poetas. Siento no haber escuchado a los amigos de aquí y a los invitados de fuera (este año, poetas chilenos): un familiar ha andado mal de salud (ingreso hospilalario incluído) y no ha podido ser.  
  En lo que sí he podido tomar parte, eligiendo los tres cuartitos de hora que mejor me cuadraban, ha sido en la convocatoria de oración que ha lanzado el Papa Francisco.  Si hay algo en lo que confío plenamente es en la fuerza que tiene la unión de la voluntad de muchas almas (muchas mentes, muchos corazones).  De hecho, la primera vez que oí hablar del´"Efecto Mariposa" me pareció una obviedad enorme. Los creyentes llevamos siglos sabiendo que una oración aquí, un esfuerzo para el bien allá, son bendiciones (energía positiva lo llamaría mi amiga Manuela) que no pasan desapercibidas en absoluto, sino que genera salvación y bien incluso en lugares y tiempos remotos. 
   Por eso me dio una enorme alegría poder estar en la iglesia de la Cartuja de Jerez en medio del silencio habitado, del silencio fértil, de varias decenas de personas. La voz dulce y decidida de las hermanas encabezaba, con brevísimas frases, la dirección de nuestro pacífico grito silencioso por todos los hombres -por cada uno de los hombres- a ratos, o en alabanza al Creador y Sostenedor de la vida en otros momentos. Era impresionante.
   E. se sorprendió mucho de este tipo de oración, quizá porque las emociones juegan en ella un papel tan importante. Yo reconozco que estas pueden ser díscolas y caprichosas como un adolescente, pero existen en nosotros, seres humanos, y además son poderosas. Encauzar nuestros deseos de paz, nuestras súplicas, la belleza de la música -la armonía de la música que construye armonía fuera de ella-, la expresión de la alabanza con el corazón lleno... todo eso es la oración del ser humano completo: cerebro, voluntad, cuerpo (oídos, cuerdas vocales...). Esta es la implicación que Dios nos pide de nuestro Libre Albedrío para que, en plena acción de la Comunión de los Santos, venga Su Reino: veinticuatro horas por todo el planeta de este incesante y casi imperceptible aleteo de mariposa tiene que dar fruto.

Petko Naydenov