miércoles, 30 de diciembre de 2015

Homenaje privado

               A E.

   A unas horas tan sólo de pasar
esta frontera insulsa
que le han impuesto a nuestros días,
recibe este minúsculo homenaje
que le tomé prestado a un poeta de Arezzo
-aquel que me enseñó 
la música con la que escribo-,
y deja que bendiga sin embargo
el año, el punto, el día, 
la estación, el lugar, el mes, la hora
y hasta el país y los países todos
que en mí marcan las lindes 
que tú solo has signado.

Peter Durieux

lunes, 21 de diciembre de 2015

21 de diciembre

De alguna manera, sigue preparando el conciertito para la Nochebuena en casa de mis padres con todos los niños. Y seguirá sonriendo ampliamente la noche del 24 de la mano de todos ellos.




domingo, 20 de diciembre de 2015

Versos para la Navidad de 2015


  NAVIDAD 2015 
   Mira la llama que tiembla.
   Contempla
   su silencioso delirio,
   que quiere abrazar al Niño
   con su aliento de candela. 
   Observa qué maravilla.
   Se atisba
   un noséqué entre las cosas
   y hasta parece que notan
   también que Dios las habita.


jueves, 26 de noviembre de 2015

Para echar unas risas


   Dos perlas simpatiquísimas les he leído a mis alumnos en los exámenes de estos días:
Una en 2º de bachillerato (léase AQUÍ); la otra, aún más divertida es de un alumno de 4º de diversificación y la pueden leer AQUÍ.


sábado, 21 de noviembre de 2015

Tengo la sensación


   Tengo la sensación de que cualquier cosa que escriba podría ser ya fastidiosa para el posible lector; que sería mejor, más digno, más agradable para todos, dejar de asomar aquí el mismo recuerdo siempre, cansinamente. Incluso me planteo que esta torpe insistencia mía perjudique el recuerdo entrañable que los demás tienen de ella y que por esta causa ella pase, de ser la memoria afectuosa y admirativa, a provocar el fastidio. Creo que en realidad escribo aquí por mí. Para descargar todo el dolor en esta rara fidelidad que me domina.

domingo, 15 de noviembre de 2015

No se puede estar en todas partes

Sres:
Me gustaría estar en la concentración convocada en mi ciudad contra los atentados terroristas en Francia. Qué pena, no podré hacerlo: a la misma hora hay una concentración pro-vida en Jerez. Iré a esa. Se convocó antes y me temo que, por razones para mí inexplicables, allí irá menos gente.
Cuenten con mi adhesión todos los que convoquen a favor de la dignidad del ser humano y en contra de la violencia bárbara.

Juan Esteban Reyes


sábado, 14 de noviembre de 2015

El mal existe

   Hacíamos zapping en la tele -cosa rara- con la mesa de la cena aún puesta: una serie de acción, otra serie de acción, una película oscura que parecía una serie de acción... y, en la tertulia habitual de otra cadena, de repente, unos rostros desencajados mientras, en la parte inferior de la pantalla, ráfagas de palabras acribillaban imágenes en directo desde París, en ese momento pequeñitas y confusas.
   El mal existe. Me da igual el nombre, la careta o la excusa, no sé si se genera dentro del hombre hasta que estalla incontenible o si viene de fuera y se apodera en algún momento de nosotros, pero existe, naturalmente que existe (cuántas veces habré discutido con relativistas que lo negaban), existe y anoche dio su cara más llamativa y frenética, y contra él hay que luchar sin dejarnos manchar por su savia tóxica. Tarea difícil pero tarea urgente; tarea perpetua e interminable, siempre siempre urgente.

George Grosz

  

miércoles, 14 de octubre de 2015

Alborada

  Suena el despertador y E. se incorpora como un resorte bien ajustado: a la primera nota de la musiquilla de la alarma, ya está sentado y con un pie dentro de la zapatilla. Yo, en tanto, soy consciente de esa actividad aún desde mi túnel obstruido y oscuro, y, a diferencia de él, voy entrando en acción al modo de las babosas, esto es, arrastrándome hacia el borde de la cama sin que gran parte de mi cuerpo consiga despegarse del colchón. Con el cuello, desde luego, no puedo contar para que levante la cabeza -¿asunto de cervicales?-, los párpados sufren parálisis transitoria -¿enfermedad neurológica?, ¿legañas de Loctite?-,  y de mi parte trasera ya ni hablamos.  Me parece a mí que los transmisores del cerebro a los músculos del cuerpo, a esas horas, no los tengo yo aún conectados; sencillamente no funcionan. Todos los días intento llegar a la cocina antes de que él salga del baño y ponga el café y las tostadas, más que nada por vergüenza torera... Los días que llego antes y le gano la partida ha sido a costa de varios cardenales por las "camballadas" del trayecto.






                    Dalí





sábado, 10 de octubre de 2015

Maneras de mirar (23): Antonio Cabrera tira piedras al agua



"Piedras al agua"

Ahora que todo es superficie,
que nada hierve ni se agita,
que en el estanque se dibujan
las cosas acabadas, solas;

ahora que no hay destellos,
porque la luz se duerme en el regazo
abierto y neutro de este instante;

ahora que está vacío el cofre
del afuera, que junco y árbol
ignoran su raíz;

ahora, justamente ahora,
voy a tirar piedras al agua

con las que remover
este limo contrario,

este cieno exterior
de las cosas visibles.


  "Voy a tirar piedras al agua", dice el verso central del poema, el que le da título, el que lo divide en dos partes por completo y, también, el que da nombre al libro del que lo extraigo (Piedras al agua, Tusquets 2010); el que significa romper frontera entre el afuera y el adentro profundo. "Voy a tirar piedras al agua", dice, como un acto de voluntad decidida, porque ese "voy a tirar piedras..." supone el momento del paso de la inacción a la acción, del "ahora" a lo que va a ser.  Y los once versos que preceden a estas precisas palabras describen con marcada insistencia el presente que ha provocado el propósito (y ahí está la anáfora para que nos demos cuenta; una anáfora que introduce estrofas cada vez más cortas, con lo que casi inadvertidamente asistimos a la cada vez más urgente toma de posición y, tal vez también, al proceso de aceleración del brazo que se prepara para lanzar con fuerza la piedra que es el poema) y su propósito no es otro que romper la superficie de lo acostumbrado para llegar adentro de las cosas, como la piedra contra un estanque quieto. 
 La poesía es la piedra, decía yo, y la de Antonio Cabrera tiene algo de lapidaria por su densidad concisa pero, además, este poema  -permítanme el juego de palabras- parece decir que escribir poesía es un acto de lapidación, de condena de la vacuidad que describe en estos primeros once versos, porque "todo es superficie,", "nada hierve ni se agita", porque las cosas parecen "acabadas, solas". "no hay destellos" porque el regazo del instante presente es "neutro" porque el "afuera" en el que vivimos es "un cofre vacío", porque hasta las plantas vivas "ignoran su raíz"...  Y qué magnífica, qué llena, qué significativa la metáfora "vacío el cofre del afuera", tan virgen, tan inesperada, tan paradójica y hermética a primera vista, porque el "afuera", esto es, lo que vemos cotidianamente, debería ser también el lugar de la abundancia, como lo son los cofres, pero no lo es, y por eso tiene el poeta que andar rompiendo la superficie para llegar adentro que es donde puede reconocerse la raíz ignorada de la vida, llegar adentro rompiendo un limo exterior y por lo tanto "contrario", porque al limo, al cieno, le hubiera correspondido el fondo sucio en lugar de hallarse "en las cosas visibles" (y qué apropiado ese paralelismo en las dos últimas estrofas que subraya una redundancia propiciando el efecto espejo, como el que se produce cuando las cosas exteriores se reflejan en el agua confundiéndose con el fondo de esta, como el cieno, por ejemplo).
   Cabrera  nos trae un metapoema, y a veces piensa una que, en última instancia, para el auténtico poeta todo es metapoesía porque vive traduciendo a palabras las emociones y no puede evitar traducir a emoción cada palabra... Y me dice con estas piedras que intentan alcanzar la profundidad rompiendo superficies, que el poeta ha de cantar con hondura y, si es realmente poeta, nunca puede quedarse en las emociones primarias, en lo exterior de los sentimientos y de las cosas.
  Sobre la forma en la que está escrito el poema, sólo añadiré -una vez señalada ya arriba su estructura, la métrica de armonía perfecta que combina versos de 7, 9 y 11 sílabas con acentos en 4ª y 8ª o en 6ª, como consagró nuestra tradición de verso culto desde Garcilaso -o desde Berceo, probablemente-. Y añadiré también la supremacía de la música de las palabras en todo poema sobre los cánones fonológicos teóricos. Me refiero al distinto tratamiento métrico que le da el poeta a la palabra "Ahora", que ha de pronunciarse en sinéresis.,- como si se tratase de un diptongo de lengua, en dos únicas sílabas- en las tres primeras estrofas, como corresponde a la pronunciación relajada del hablante y, sin embargo, en el verso previo a la afirmación central del poema de la que tanto hemos hablado (me refiero a "ahora, justamente ahora" que, encima, constituye una epanadiplosis  ) tiene necesariamente que ser pronunciada en las dos ocasiones cuidadosamente en tres sílabas, con el hiato que en puridad contiene, para ser leído como eneasílabo y que el acento recaiga donde debe: en la primera "e" de "justamente", que es la sílaba 6ª y, haciendo hincapié en los dos "ahora" al pronunciarlos destacadamente, como el propio autor destaca por medio de las diversas repeticiones.
  Ya ven, un poema denso y preciso, lanzado para romper la inconsistencia de lo aparente.

                        Bernini

martes, 6 de octubre de 2015

Otoño y Kaléko

   Porque ahora se va dejando sentir el cambio de estación, aquí asomo un poema de Kaléko que traduje hace años y pertenece a la antología que publiqué de ella hace tres:


Melancolía de otoño


A mí no se me mustian los jardines.
No los tengo.
Ni tampoco una casa donde los vientos giman.
El nubarrón más negro no me daña,
pues rara vez miro ya al cielo.

Ya no pretendo estrellas áureas.
Me conformo con una lamparita.
No me engaña una dicha, ni desengaña una espera.
No me duele el otoño,
A mí no se me mustian los jardines...


Herbst-Melancholie


Mir welkt kein Garten.
Ich habe keinen.
Kein Haus, durch das Oktoberwinde weinen.
Mir tut das schwärzeste Gewölk nicht weh,
Weil ich so selten nur den Himmel seh.

Ich ziel nicht mehr auf goldne Himmelssterne.
Mich tröstet eine kleine Gaslaterne.
Mich täuscht kein Glück, enttäuscht kein Warten.
Mich schmerzt kein Herbst,
Mir welkt kein Garten…

                       
(Kleines Lesebuch für Große, 1935, desde 1956 en Das lyrische Stenogrammheft)


Hu Jundi



domingo, 4 de octubre de 2015

Minirrelato

   -Pide un deseo de cumpleaños -le dije.
Sonrió como quien escucha la ocurrencia de un niño y no dijo nada. Por la tarde ha estado trabajando en su mesa de despacho. Hace un momento ha traído a la mía, en la galería, un papel que acababa de encontrar y que contenía un poemita de amor sin terminar, garabateado no se acuerda ya cuándo: el regalo para mí de su cumpleaños. No sé cómo lo he mirado  -creí que con asombro-,  pero me ha dicho:
   -Deseo cumplido.

Chagall



sábado, 5 de septiembre de 2015

Compulsión

  Escribo casi siempre de manera compulsiva y rápida, muy rápida, con letra ilegible. Escribo y tacho con la misma rapidez. Escribo palabras en medio de la maraña azul de lo que también fueron palabras una décima de segundo antes. Todo lo lleno de tachaduras aunque no lo haya revisado. Emborrono, garrapateo y continúo escribiendo al lado con instinto acuciante. Escribo en cuadernos bellos comprados en tiendas extranjeras, en los bordes de las facturas, en los márgenes y las guardas de los libros que estoy leyendo... y, habitualmente, no vuelvo nunca más a mirar esos renglones. 
 Creo que no sé saberme sin palabras.


martes, 1 de septiembre de 2015

Septiembre

   Septiembre, el amigo pacificador y entusiasta, ha llegado hoy a organizar la casa. Esta mañana ha empezado ya a rescatar el orden de las cosas, a reconstruir la arquitectura real de la vida, con su luz blanca y su aliento de amaneceres bulliciosos: paño frío para la enfermedad devastadora del verano. 
  E y yo lo hemos recibido con nuevos planes; y mi mesa, con un buen montoncito de exámenes recién redactados. Bon courage, monsieur septembre!


P. Tetsis



lunes, 24 de agosto de 2015

Los pájaros

¿No lo saben? Los pájaros temen hollar el día y por eso caminan de puntillas y a saltitos para no pesarle a la tierra, para no romper el aire. Los que rondan mi casa esperan la señal del sol y, con la primera luz, chisporrotean trinos entrecortados ensayando el incendio que traerá el ocaso. La noche será oscura como tierra quemada y ellos guardarán silencio.

Imao Keinen


lunes, 17 de agosto de 2015

Primeras luces

 Los pájaros saben cuáles son los dos momentos más fabulosos del día y bien que lo festejan y nos lo avisan, pero nosotros parecemos sordos. A mí uno de ellos me ha dado para un haiku decentito, creo yo.


  Primeras luces:
  un alud de gorjeos
  se precipita.



Fabio Cembranelli


martes, 11 de agosto de 2015

El mundo de fuera...

 El mundo de fuera fue siempre un recinto para el que yo no tenía el santo y seña. Es cierto que algo rarilla ha debido de ser una: siempre me ha costado cogerme al paso de los demás (me sigue costando... qué le vamos a hacer).

    No estoy muy segura de que sea eso lo que me hizo empezar a escribir, pero creo que sí. Y sé que he escrito siempre...  Al principio en cuadernos de cuadrícula, después en bellas encuadernaciones de páginas blancas que casi siempre compraba cuando salía de viaje, otras rachas en agendas... Sólo recientemente lo hago en el blog.  Sin embargo, no sé muy bien por qué empezó; creo que para ordenar las emociones, para dejar constancia de ellas ante mí misma... Creo también que en todo esto jugó un papel importante el haber sido una niña de lecturas voraces y el haberme sentido muy acompañada con esas lecturas, tanto como para querer imitarlas (los niños, ya se sabe, se postulan adultos por imitación) algunas de mis lecturas me decían que yo no estaba sola sintiendo y pensando (mejor: sintiendo lo que pensaba, pensando lo que sentía). 
   
    Después intervino el afán por que alguien más se identificase con mis emociones y, sobre todo, la alegría de saber que a veces sí ocurría.  Cerrar ese círculo me llevó a concebir la literatura como un diálogo universal y sin tiempo.

   Luego está el placer estético, el eureka ese de notar una misma que sí que ha conseguido con un texto una pequeña creación personal que es válida y verdadera. Todo eso también cuenta mucho; ha contado siempre, sólo que según a qué edad ha pesado más una cosa que otra.

   Y aquí me veo ahora, añadiendo ventanas a esta nube, vigilando que en este placer de ser leída no se cruce demasiado la vanidad ni la soberbia (dos fantasmas dispuestos a aparecer con la excusa mas nimia que te manchan de purpurina falsa la vida y te vuelven una loca ridícula con alardes de grandeza). Sí, aquí me veo ahora abriendo ventanas al mundo de fuera con palabras y esperando a que alguien pase. 

Enrique Barro


jueves, 6 de agosto de 2015

Denso como almíbar mate

  Ha amanecido el día como lamido por una enorme lengua húmeda y caliente. Y así sigue, trasminando todas las cosas este gris lechoso, denso como almíbar tibio y mate.
   Le cuesta trabajo a una andar por la calle abriéndose paso a través de este magma invisible.  Si aún fuese niña, estaría ahora buscando una rendija en la nube única y blancuzca que cubre todo el cielo para ver qué enemigos extraterrestres nos están fumigando. Y, después, correría a construirme un refugio seguro en la casa de mi abuela, a base de sillas del comedor y una manta robada a escondidas del armario. 

Alejandro Quincoces


lunes, 3 de agosto de 2015

En torno al carpe diem

A partir de mi entrada de hace ya unos días, pensé, casi al instante de hacer clic para publicar, en el carpe diem, ese espejismo de ancianos que, en pura paradoja, parecen no saber vivir su propio presente y se han anclado en lo que ya no existe para ellos. Reaccionan así como essos padres que se empeñan en que sus hijos estudien o ejerzan lo que ellos no supieron o no pudieron estudiar o ejercer. La verdad es que la rosa, la taza (ver entrada anterior), el momento, no son ningún agarradero; se precipitan con nosotros al mismo tiempo, y arrastran su propia descomposición con la nuestra. Ningún joven sabrá nunca qué flor merecía ser cortada y cuál no; sólo desde la perspectiva de los años puede el ya anciano recomendar "goza" ("antes que... en plata o viola troncada se vuelva") o, por el contrario, puede avisar "amantes no toquéis si queréis vida" (porque  "solo del Amor queda el veneno"). Ya ven, el mismo Góngora escribió los dos mensajes y, aunque él compuso ambos poemas a sus veintipocos años, no cabe duda de que -sobre todo clarísimamente el carpe diem- lo hizo cumpliendo con la imitatio de otros más talluditos y nostálgicos del pasado.


Durero


   

jueves, 30 de julio de 2015

Pura engañifa

   En realidad no sé muy bien qué pasa con mis días; se me vuelven de pronto enemigos,  inútiles al menos; se me caducan veloces a los primeros indicios de la tarde, marchitos ya como melocotones blandos... A esas horas suelo empezar a sentirme como Alicia cayendo por el agujero al que el conejo de la prisa la ha arrastrado sin tan siquiera darse ella cuenta; y me veo deslizándome, no hacia lo hondo, sino hacia la noche y el sueño a través de los minutos. Y, entonces, se agarra una al momento como ella lo hace a una taza de té -una taza creo recordar que era-... Pero la taza de ella y el momento mío se precipitan con nosotras en la misma carrera acelerada de las horas... Suele pasarme en verano. El curso impone su agenda infranqueable y una ya sabe qué le puede pedir al día. Lo malo son las enormes expectativas de tiempo libre que crean las vacaciones... Pura engañifa.


Anthony Browne

sábado, 25 de julio de 2015

Maneras de mirar (22): Amalia Bautista sin tropos

   Hay quien piensa que los tropos (metáforas, símbolos...) son la clave de la poesía. Nada más falso. Observamos la literatura del siglo XX hasta aquí y encontramos grandísimos poetas que se han levantado a partir de un sensacional universo de símbolos personales y otros que se han hecho enormes sin estos. De hecho yo defiendo que a veces las metáforas, las imágenes en general, pueden acabar convrtiendo el poema en un edificio hueco muy aparente pero sin peso, en fuegos artificiales que se quedan en el deslumbramiento y luego dejan el cielo vacío (jejeje, aunque ahora yo esté usando metáforas para definirlo). De hecho, hay poetas en los que me molesta su imaginería un tanto gratuita (me pasa con el García Lorca más conocido, lo siento), como si su sensibilidad poética fuera superficial ("de piel para fuera" la llamo yo) porque la impresión que reflejan en las imágenes se quedan ahí, en sensaciones llamativas pero sin matices, y resulta una sentimentalidad muy primaria cuando no simplemente vana. Ya sé, ya sé que muchos de mis poquitos lectores se llevarán las manos a la cabeza cuando lean esto... Qué le vamos a hacer. 
   Otro error de algunos poetas (¿seudopoetas?) es el desprecio a la manera de sonar el poema, convirtiéndolo en un alarde de palabrería que sólo sugiere por ciertas evocaciones semánticas (por el lado contrario están los ensayos infantiles con la poesía, que convierten el verso en un forzado "tachín-tachín" de pachanga barata, pero eso ya no debería yo ya ni mencionarlo aquí por obvio).
   Digo todo esto, a modo de presentación, para hablar de un poema de Amalia Bautista. A.B. es una de de esos poetas de verdad que, como Borges por ejemplo, es capaz de construir poemas memorables sin recurrir a un solo tropo y con una musicalidad delicada y ajustada al fondo del mismo. Traigo hoy a esta ventana, pues, el poema "El dolor", que pertenece a su libro Estoy ausente (Pre-textos, 2004).

   EL DOLOR

  El dolor no humaniza, no ennoblece,
no nos hace mejores ni nos salva,
nada lo justifica ni lo anula.
El dolor no perdona ni inmuniza,
no fortalece o dulcifica el alma,
no crea nada y nada lo destruye.
El dolor siempre existe y siempre vuelve,
ninguno de sus actos es el último
y todos pueden ser definitivos.
El dolor más horrible siempre puede
ser más intenso aún y ser eterno.
Siempre va acompañado por el miedo
y los dos se alimentan uno a otro.

   Se trata de un poema de sencilla apariencia; perfecto, armónico, clásico: poema-definición, construido en endecasílabos blancos, que tiene una estructura precisa que no se oculta, pero que deja fluir el verso con llaneza. La clave de su emoción está en su verdad y en la sonoridad muy sutilmente efectista con la que se nos ofrece.
   En una lectura rápida podemos apreciar una aparente división del poema en 5 partes (los 4 periodos que abre la anáfora "el dolor..." más la sentencia final en dos versos). En realidad el poema está construido en dos partes y un movimiento climático que culmina en la sentencia de los dos versos finales (Siempre va acompañado por el miedo y los dos se alimentan uno a otro.):
   A) Los dos primeros periodos anafóricos, perfectamente equilibrados en 6 versos (3+3) constituyen un primer paso: la definición en negaciones, lo que no es el dolor. Los endecasílabos fluyen aquí con un predominio de  consonantes nasales:
           No huMaNiza, No eNNoblece,No Nos hace Mejores Ni Nos salva,Nada lo justifica Ni lo aNula.El dolor No perdoNa ni iNMuNiza

          ¡La N y la negación en español están tan unidas ( no, ni, nada, ningún...)! Aurora Bautista las repite en una aliteración que vuelve redundantes esos versos, como la propia consonante, en sensación densa y llena. Para ello se apoya en vocales abiertas y redondas (/a/,/o/). Sólo dos palabras escapan a esa complicidad sonora: justifica (una gota en el mar de los fonemas blandos) y la palabra "destruye" que sirve para poner punto final rompiendo tal armonía en el poema.

B) Los dos siguientes periodos anafóricos (vv. 7-11) se construyen fonéticamente sobre la repetición de /e/:
           El dolor siEmprE ExistE y siEmprE vuElvE,ninguno dE sus actos Es el últimoy todos puEdEn sEr dEfinitivos.El dolor más horriblE siEmprE puEdEsEr más intenso aún y sEr EtErno.

      En este caso creo que la aliteración de /e/ (de la que podríamos decir que se escapa el v. 8), subraya y apoya la sonoridad de las palabras "siempre" y "eterno", dos sinónimos construidos fónicamente con el predominio de /e/ (frente al apoyo fónico de las negaciones que supone /n/ en el periodo anterior). No sé, pero tal al vez por eso el v. 8 se escape a esa constante: porque se desliza hacia fuera de la semántica de lo perenne al contener el vocablo "último").
      Pero los dos versos finales son los definitivos. Son broche y cierre del poema que hermanan el dolor al miedo. ¿Y cómo se subraya ese carácter sentencioso y definitivo? ¡con los acentos!: a lo largo de todo el poema sólo los endecasílabos marcados por la anáfora "el dolor" son melódicos (esto es, acentuados en sílabas 3ª y 6ª). Pues, bien, los dos versos últimos, los que dan cabida a la aparición del "miedo" (clave sentimental para caracterizar el dolor en plena significación(1)  ) recogen la acentuación exclusiva en este poema para los versos mencionados: son endecasílabos melódicos:

Siem-pre- VA a-com-pa-ÑA-do- por -el -mie-do
y -los -DOS -se a-li-MEN-tan -u-no a -otro.

  La gradación o clímax se ha consumado en tres pasos: lo que no es el dolor ("nunca"), lo que sí es el dolor (y lo es tremendamente "siempre") y la aparición efectista y definitiva del miedo que agiganta su fuerza. 

Betty Goodwin

         (1) Permítanme la autocita, tal vez por eso me gusta a mí tanto este poema, porque me toca una fibra muy mía, hermanar dolor y miedo... En el libro que titulé Igual que lava oscura (Renacimiento, 2008) sin tener noticia aún de este poema de Amalia Bautista, dividí esa "lava oscura" que era mi imagen del miedo, en 4 apartados y uno de los únicos 4 miedos (junto con la incomunicación, el misterio y el paso del tiempo) era el dolor. Al fin y al cabo, esto de la poesía no es más que un juego de complicidades emotivas, lo he dicho siempre.

martes, 21 de julio de 2015

21 de julio y agradecida

   A mes y medio de lo que creo que ha sido auspiciado por ti desde ahí donde te encuentras, me siento tan querida y agradecida... Haz lo mismo con tus otros hermanos y con el resto de la familia.


domingo, 19 de julio de 2015

Las cartas de Mascha Kaléko a su marido

  Se han publicado este año las cartas de Mascha Kaléko a Chemjo Vinaver, su marido.  Liebst du mich eigentlich?, (¿Me amas de verdad?) DTV, Munich, 2015.  El epistolario empieza el 8 de enero de 1956, cuando dio comienzo la primera separación desde que ambos se exiliaran a EEUU y también la primera visita de la poeta sola a Alemania. El viaje la tuvo apartada de su marido durante casi un año.
  Hace tres que se editaron tres tomos de la obra completa de Kaléko y sus cartas; ignoro si estas que ahora saca la DTV, estaban incluidas en aquellos.
  El libro tiene un doble valor documental con respecto a las emociones de la poeta: por un lado el de su amor, fuerte y con todos los matices de la ausencia; por otro el de la complicada relación con su patria, un compendio de recelos y añoranzas.
  Cada vez me gustan más los epistolarios de escritores. Hubo un tiempo en que los desdeñaba creyendo que era material destinado a ese espécimen de filólogo erudito con inclinaciones a coger el rábano por las hojas, pero cada vez los entiendo más como un subgénero híbrido de la poesía. (Y, obviamente, el "sub" no es cualitativo ¿eh?  sino especificador).

jueves, 16 de julio de 2015

Colores

   Tirada al sol después del baño en la piscina, reparo, con los ojos cerrados, en una multitud de colores vivos, brillantes, novísimos que se van generando por dentro de los párpados como en un continuo caleidoscopio sin geometrías.  Podría pasarme mucho mucho tiempo disfrutándolos.
   Qué paradoja recurrir a cerrar la ventana de los ojos para ver los colores más sorprendentes mezclándose ricos y exuberantes. 
   Qué cantidad de matices extraordinarios nos perdemos por tener las ventanas del cuerpo demasiado abiertas, por dejarnos dispersar por los sentidos, por renunciar tan gratuitamente a mirar los matices desde dentro.

Henri Le Sidaner



domingo, 12 de julio de 2015

Saturación griega y desconcierto

    A estas alturas y tras un sinfín de mesasredondas en la televisión, viendo cómo está ahora mismo el asunto, a mí ya se me ha olvidado a qué dijeron "no" los griegos en su referendum. 
   Permítanme el salto, pero pasa igual con la vida: prevemos, elucubramos, elegimos y siempre se nos sorprende con aquello que nunca habíamos previsto (tengo comprobado que a Dios le gusta reírse un poco de nuestra soberbia intelectual). Yo creo que, al final, todos acabamos con caras de tontos y sin entender nada.

Lisbeth Zwerger


   

domingo, 5 de julio de 2015

Mudanza

   Toda mudanza es un punto de inflexión. Qué curioso que un simple cambio de espacio suponga tanto, qué extraordinario que una manera nueva de localizar las cosas, nuestras cosas, nos descubra casi sin darnos cuenta otro modo de percibirlas, de tenerlas, de situarnos ante ellas. Decidir qué es lo que, a partir de ahora ha de estar en la mesilla de noche o en el cajón de de la propia mesa de trabajo y qué vamos a tener en el mueble de la entrada, en las baldas más altas del armario, en la caja de recursos comunes, es toda una declaración de principios. Las mudanzas son un no pequeño giro en la vida, una quiebra incontrolada de nuestros hábitos. El más trascendental de todos los pasos que estos trasiegos comportan es el primero, aquel en el que tenemos que decidir qué vamos a llevar con nosotros y qué abandonaremos para siempre; qué doblaremos y entregaremos como una ofrenda a otros, qué romperemos y arrojaremos a la basura y con qué clase de disposición de ánimo vamoss a hacerlo.
   ...Y luego están los descubrimientos: encontrarnos en estos días con aquel tesoro del pasado, escondido a nuestra propia memoria, que nos salta hasta la yugular del recuerdo después de muchos muchos años. 

Miguel Marazuela

lunes, 29 de junio de 2015

Niños jugando

   Juegan los niños en el césped. Mientras el sol se va atemperando con la tarde, los veo gritar, correr, reír, empujarse unos a otros en cumplimiento de no sé qué reglas que no entiendo. A ratos discuten acaloradamente un agarrón concreto, una carrera que a mí me parece idéntica a las otras admitidas y que suponen un parón, un cambio en su coraje. Después vuelven a afanarse, sudorosos, en cumplir con sus ritos vehementes, para mí abstrusos, como si en ello les fuese la vida. 

Sorolla


sábado, 27 de junio de 2015

Maneras de mirar (21): Jesús Montiel y el enredo aparente

   Respecto a esta serie de mis "Maneras de mirar", tendré que recordarme de vez en cuando a mí misma que me había propuesto desde el principio comentar poesía contemporánea de toda clase; propósito que me hice por vocación (que no por deformación) profesional.
   Y resulta que el flamante y excelente libro de Jesús Montiel, La puerta entornada, (Libros canto y cuento, colección DKV, nº 8, Jerez, 2015) me da ocasión inmejorable para tratar un poema de formato distinto a los ya asomados a esta ventana: un texto sin puntuación y sin delimitaciones versales (o eso parece) aunque sí con separación de lo que podríamos llamar estrofas. Sin puntuación es el único poema del libro; sin  verso, pero con separación de esta especie de estrofas, hay dos más en el volumen.
  No es un capricho la elección de esta forma por parte del autor, el resto de los poemas del libro están en verso, siguiendo la convención al uso. Veámoslo:

   NO OBSTANTE

No obstante que los cables enredados parezcan el futuro


que la luz que ayer iluminaba tus paseos conmigo de la

mano es ahora un concepto en el cristal que separa tu vida
de otros niños que saltan en los parques con pelo en sus
cabezas

sonríes a pesar de que en tu cuerpo  -detrás de la mentira 

de la carne-  esperan los anzuelos de la muerte la presa de
tu vida.


   El título, como tantas veces, da la clave del poema. En este caso, además, ese "no obstante" es el principio de todo él y tiene su correlato igualmente concesivo en el "a pesar de" de la última estrofa, que es la concluyente. En medio, la oración principal: "sonríes". En torno a ese "SONRÍES" giran los "no obstante", y los "a pesar de"que son los raros enredos de la vida: el futuro, que el poeta ve representado en el montón de cables que rodean al hijo enfermo (lo sabemos por el contexto de los otros poemas y lo suponemos por los versos que siguen); y la muerte inquisidora que aparece radical en el último verso en la magnífica imagen de unos anzuelos (tal vez términos de otros hilos enredados) que esperan a su presa. En realidad, el doble espaciado que parece separar tres seudoestrofas lo que está haciendo es aislar estas dos imágenes poderosas de hilos amenazadores: los cables de la enfermedad y el sedal de la muerte.

   Es prácticamente una falta de decoro poético que un niño se vea supeditado a cables en la habitación de un hospital y, que los anzuelos de la muerte parezcan pender de esos cables, lo es aún más; lo es para el padre que sólo "ayer" paseaba con él de la mano en mañanas luminosas. Esa inconsecuencia de la vida no puede ser mostrada más que en una retahíla deshilvanada de sucesivos "que" ("el futuro que la luz que ayer... en el cristal que separa...  de otros niños que...") en los que el lector llega a perder casi el hilo discursivo y se enreda también un poco en él, como los cables a la cabezera de la cama hospitalaria. No, el padre no puede ver eso más que como una falta de coherencia de la vida, una inarmonía, un caos... y el poeta-padre no puede dejar que la armonía de su silva en verso blanco represente ese caos, ni puede ver en la coherencia de las pausas que indican los puntos y las comas un instrumento útil para la emoción con la que se está viendo las caras.  Y sin embargo el poema, como la vida, tiene su armonía tantas veces imperceptible: en este caso, la de una silva de perfecto acento en sílaba sexta que podría responder también a esta puntuación lógica :

No obstante, que los cables enredados
parezcan el futuro; que la luz,
que ayer iluminaba tus paseos 
conmigo de la mano,
es ahora un concepto en el cristal 
que separa tu vida 
de otros niños, que saltan en los parques
con pelo en sus cabezas...

sonríes, a pesar de que en tu cuerpo  

-detrás de la mentira de la carne-  
esperan los anzuelos de la muerte 
la presa de tu vida.


Paloma Gómez Carrasco



 

sábado, 20 de junio de 2015

Cristina Garrido rizando el rizo en Innsbruck

  De las diferentes maneras que puede adoptar el arte de denuncia (el escándalo, el hiperrealismo, el feísmo...) no me cabe duda de que el sarcasmo es el más efectivo. No digo que sea el que más me guste -hay mucho de trampa y algo de maldad oscura en él-, sí digo que es el más inteligente, el que consigue mejores resultados en la protesta.
Entre las muchas exposiciones que se realizan en la vieja y querida Europa denunciando los errores de la globalización, la semana pasada visité en Innsbuck la que lleva por título "Welten im Widerspruch - Zonen der Globalisierung" ( Mundos en contradicción - zonas de la globalización). Allí me resultó muy divertido el trabajo que presentaba el grupo Tökmag, de Budapest, ironizando con los planteamientos de Ikea y trasladando las propuestas de la firma nórdica para viviendas de hoy a la "vivienda" general que es este planeta nuestro. Me reí, me reí abiertamete y con ganas (humor negro, claro) de sus paralelismos sarcásticos, la verdad.
Ahora, que la obra que rizó el rizo fue la de una española, la madrileña Cristina Garrido, que presenta una instalación bastante desconcertante al principio, por menos obvia, en la que analiza las constantes de la propia globalización del arte contemporáneo...  Es para verla. Me encantó.


sábado, 30 de mayo de 2015

Los votantes han dicho...

   Entre notas medias, evaluaciones finales, informes de asignaturas pendientes y otras cuestiones perentorias, voy cazando al vuelo las declaraciones de algunos líderes de partido. "Los votantes han dicho" empiezan muchas de estas peroratas con tono estudiadamente convencido -que no convincente- de intérprete iluminado... Y entonces una se acuerda de aquel traductor del funeral de Mandela.  ¡Qué Dios nos coja confesaos!

Ilustración del s. XIV para el relato popular en el que el mozo de un ciego le hurta vino con una cañita larga (antecedente claro de un episodio de El Lazarillo)

domingo, 17 de mayo de 2015

Mala poesía

   Estoy empezando a pensar que hay muchas formas de escribir un mal poema. Una muy concreta pasa por el uso de la adjetivación: el poema malo propende a la adjetivación útil, es decir, a la que responde a aquello que el poeta en cuestión considere "poético, " y eso cambia con los tiempos, claro.  Para los más tradicionales, la adjetivación útil en términos poéticos es la consagrada por la recitación conocida  (que en estos días sería algo así como escribir "gentil", "purísino", "pálido"... con cierta frecuencia); para los iluminados por el surrealismo, la adjetivación útil es la irracional (y a modo de ejemplo aquí cabría cualquier despropósito, cualquiera, que en eso consiste la cosa). Un poema decente, sin embargo, nos pide su adjetivación única, quiero decir, aquella que califique imprescindiblemente la realidad hasta hacerla ella misma, hasta señalar su singularidad reconocible, hasta iluminarla con la luz sólo suya, la luz que la haga nueva no para el lector, sino nueva respecto a la manera de ser nombrada; debe ser la que señale lo que el lector conocía sin saberlo, lo que provoque la revelación de la cualidad que ya era para esa realidad única.
 Sí, estoy convencida, hay muchas maneras de escribir un mal poema, pero, entre ellas, la adjetivación es una de las más evidentes.
Duy Huynh

domingo, 3 de mayo de 2015

"Azolaores"

  E. está de obras en la casa. Durante las dos tardes que él debía impartir sus clases en la Facultad he estado allí, de guardia, abriéndoles la puerta a los que tenían que trabajar y dejando la casa cerrada cuando terminaban; cuidaba también de que los cartones que tenían que proteger el suelo protegieran realmente el suelo y de que el polvo no se extendiera más allá de lo razonable. Lo malo es que en ese escaso periodo de tiempo, aún no sé bien cómo, me las he arreglado para dejar a E. sin impresora, desincronizarle los canales de la tele y estropear definitivamente el calefactor, que aún se agradecía los primeros días de la semana pasada. Todo en dos tardes.  Pero la experiencia ha tenido su parte buena y ésta ha sido la alegría de ganar un vocabulario bellísimo: he conocido brevemente a José Manuel, nuestro Jefe de Obras, y con él a toda su cohorte de, no ya albañiles, electricistas, carpinteros y especialistas en cubiertas, sino también de perliteros y -el oficio cuyo nombre más me ha gustado- soladores. Sobre todo me gustó la palabra dicha por él: "azolaores", que me pareció decir el oficio de quienes atraen aves extrañas, o el de cantaores de un palo del flamenco; o, aún mejor,el de los encargados de extender sábanas al viento para hacer olas sólidas e inquietas. 

                            Kaspar Melberger el viejo


miércoles, 22 de abril de 2015

Enrique Baltanás: Privilegio y Condena

  Me llega el último libro de Enrique Baltanás: Las propiedades del aire. Fue el vigesimonoveno premio Unicaja y lo acaba de editar Pre-textos. Lo voy paladeando a salto de mata, que es lo que la vida me permite estos días -la vida y las condiciones de este género literario que se presta a los sorbos pequeñitos-. A última hora de clase, después de pasar lista en un segundo de bachillerato al que acompaño en su estudio mientras sus compañeros asisten a Religión, me he permitido el lujo de seguir hojeándolo brevemente. No me he podido resistir y los he despertado de la concentración en sus tareas de clase: "Oíd esto un minuto, luego seguís estudiando:

 PRIVILEGIO Y CONDENA   
Privilegio y condena  
es esta condición de ser tú mismo.  
Esta piel, estos huesos  
y este gesto, esta voz, esta costumbre 
son la alambrada que tu vida encierra, 
el muro levantado de una cárcel 
que únicamente a este recluso guarda. 

 Huir de esta prisión es imposible.
 
 Acepta tu condena. 
 Y haz honor a tan alto privilegio."


 Murmullos de aprobación y C. que no contiene su admiración: "¿Cómo puede escribir alguien así?"

 Sonrío satisfecha y los miro a la cara a todos antes de responder: "Tenéis que leer más poesía contemporánea".


 Excelente, magnífico poema, dentro de un libro todo él más que recomendable.



Alfred Seifert