A modo de colaboración con mi querida Academia de Bellas Artes del Puerto y de la conferencia que hoy impartirá mi también muy querida Profª Perez-Bustamante, publico en la columna "Encuentros en la Academia" este articulito breve.
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martes, 12 de julio de 2016
sábado, 16 de enero de 2016
El hermano de Zenobia y los poetas
Entre los regalos que me trajo E de su última visita a la Biblioteca Nacional se encuentra un primoroso ejemplar en dos volúmenes de los diarios concordados de Zenobia y Juan Ramón durante su primer año de matrimonio. He disfrutado una enormidad con el prólogo (avanzo lenta y deliciosamente) que firma Emilia Cortés Ibáñez, creo que la mayor especialista en Zenobia. En él se detallan el noviazgo de la pareja y, sobre todo, las reacciones de las dos familias entresacadas de la correspondencia de sus miembros. Destacan en estas páginas las de Isabel Aymar, la madre de Zenobia, activa opositora a la relación, que se despacha bien. Sus observaciones, muy de la época, me han hecho sonreír porque parecen sacadas de un folletín decimonónico; ya me imagino yo la pose erguida y displicente de la dama mirando -por el rabillo del ojo y sin girar ni un grado la cabeza ni bajar la barbilla- al muchacho de pueblo, arruinado y sin carrera, que era Jiménez (como ella lo llamaba). El padre tampoco es que fuera partidario de tal yerno, pero parece que sí fue algo más discreto en sus manifestaciones.
Ya sabíamos de las objeciones de la familia de Zenobia a Juan Ramón, pero yo no las había podido ver nunca tan literales. Me ha divertido mucho. Entre ellas está la carta que Jo, hermano de Zenobia le escribe a ésta el 4 de octubre de 1915, haciendo malabares con las palabras: "Yo siempre he tenido recelo de la gente de arte y literatura en cuanto a la solidez de su psicología y de su carácter".
... Y ya me he echado a reír diciéndome: "ahí sí, ahí sí lo has clavado"; y he corrido a escribir esta entrada.
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Pobre Platero
Se nos está yendo el 2014 sin reivindicar Platero y yo, al que hemos relegado con muy mal criterio a la lectura infantil ("Yo no he escrito ni escribiré nunca para niños" decía en el prólogo el poeta). Leemos mal un libro que Vicente Gaos consideró que fue, para la sensibilidad y el paisaje andaluz, lo que las obras de Antonio Machado, Azorín, etc. fueron para Castilla. Aunque la primera puñalada importante, creo yo que se la dio Buñuel. Así lo defendí ayer escuetamente en el Diario de Cádiz, en la columna que éste reserva para la Academia de Santa Cecilia y que podéis leer Aquí
Vázquez Díaz
miércoles, 30 de abril de 2014
En Moguer
Viernes en Moguer. Qué extraña desolación la de las cosas que sobreviven a su usanza. El traje de chaqueta hueco con la bufanda ya maltrecha de puro abandono, el traje-carcasa gris sin el poeta, metido en la pequeña urna vertical del rincón del dormitorio; la máquina de escribir detenida teatralmente, la invitación de bodas, los zapatitos cuidadosamente exhibidos en su desamparo. Todo eso y, sin embargo, la ausencia de polvo...
martes, 8 de octubre de 2013
Asunto de neuróticos...
Oí hablar de Víctor Botas por primera vez allá en el verano de 1994, creo -¿o fue en el 95?-. Lo mencionó García Martín en Medina del Campo no sé si en su conferencia o en las conversaciones durante las comidas de aquellos cursos de verano que organizaba la Universidad de Valladolid. Yo no sabía por entonces que tal poeta existiera, ni que su obra me iba a parecer tan admirable cuando lo leyese, aunque ha ayudado a mi entusiasmo por su poesía reconocerla tan borgiana y tan clásica (lo uno implica lo otro, por supuesto); su verso, tan elegante, tan preciso, tan agudísimo. Lo traigo hoy a esta ventana porque me ha prestado E su Poesía Completa en la edición que ha sacado La Isla de Siltolá hace apenas un año -por cierto que qué bellísimo es el volumen físicamente y qué acertado en su contenido al excluir aquella parte de la obra poética que el autor no quiso prodigar-. El libro incluye el prólogo que el propio Botas escribió para tal compilación de su obra en 1993, breve y certerísimo, espléndido como es su poesía. De él extraigo estas palabras con las que describe sus inicios de poeta y, de paso, como quien no quiere la cosa y en dos brochazos rápidos, nos deja su propio canon y da un repaso crítico a la poesía bastante atinado -aunque a lo de Juan Ramón le pondría yo alguna excepción, desde luego-:
"La poesía, que es inmortal y pobre, es además asunto de neuróticos, escuela de parásitos, nido de pedigüeños y fácil coartada para lucimiento (siempre queda bien poner un poeta en cualquier acto oficial) de políticos abecedetos. En lo que a mí atañe, sospecho que me alteró el espíritu y poco a poco me fue llevando a una casi perfecta inutilidad, con el consiguiente coste económico que semejante situación conlleva.
(...)la poesía -la literatura,mejor- me tenía enganchado, cogido a base de Virgilios, Quevedos, Cernudas y demás embaucadores. Y esto desde muy atrás, desde los quince o dieciséis años de mis lecturas de Kipling y Salgari. Yo quería imitarlos, ser como ellos, y Shere Khan, el tigre de mi infancia, seguía deslizándose sigiloso desde los vericuetos de mis meninges ya treintañeras.
Para colmo de males, una tarde de invierno, en León, me topé con Borges, que también hablaba de tigres, que no era un fanfarrón verbal como Neruda, ni un cursi como Juan Ramón, ni un monótono blandengue como Salinas. Borges fue la puntilla..."
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