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lunes, 4 de julio de 2016

Ángel Mendoza: "cómo no recordarla"

Es verdad, la belleza verdadera lastima hasta el tuétano. Es algo que descubrí al principio de la adolescencia. Ángel Mendoza desarrolla muy bien una de esas punzadas en este poema. 

   Y es que, creo, la causa más importante de la herida de la belleza es nuestra desolada incapacidad para abarcarla o, como en este caso, retenerla.


  CREPUSCULARIO

     Lo bello no es sino el comienzo de lo terrible
                      (Rilke)

La alegría de ver cómo sube hacia el sol
la flor niña que aún tiembla, memoria de mis manos.
La inquieta sensación de estar venciendo,
mientras se va perdiendo, sin embargo.

La belleza que duele, cómo no recordarla,
risa ahogada en el agua de todos los veranos,
frágil beso fugaz de lo imposible,
resplandor traicionero del ocaso.


Extraigo estos versos  del último libro del poeta (excelente, como cabía esperar de Ángel). Su título es Noviembre (Madrid, Ediciones Complutense, 2016), y la edición obedece a haber ganado un premio convocado por esa Universidad. 

Julian Merrow-Smith

domingo, 23 de marzo de 2014

Maneras de mirar un poema (12): "La rosa"

LA ROSA

Abrázate con desesperación 
a las rosas que existen.
las otras son mentiras, son
espinas que se clavan sin sentirse.
Inasibles fragancias, la razón
de fantasmas vagando por jardines
falsos. La carne es fría si el amor
no la quema con largas cicatrices.
Agarra bien lo que en el corazón
entierra su verdad y echa raíces.
Tu vieja flor del tiempo en el dolor,
la rosa verdadera en lo que vive.

        (Ängel Mendoza)

   Llevaba tiempo queriendo volver a la carga, con las "Maneras de mirar" sobre todo, pero también con decenas de cosas que no fueran las urgencias estas cotidianas que me dejan en suspenso y acrecentándose las ganas de la poesía. En fin, el domingo me permite este ratito para lo innecesario y lo demorable (lo innecesario y demorable suele ser lo que acaba ganando dentro de una prestigio y, paralelamente, avidez. 
   Llevaba ya como dos semanas queriendo asomar a esta ventana el poema que me hizo exclamar una frase de admiración cuando lo leí. Es éste de arriba y pertenece al último libro de Ángel Mendoza. Sus versos recrean, libre y sabiamente, el tópico del collige virgo rosas, con su descripción de la belleza pasajera y su modo verbal imperativo como foco central del poema, como mandan los cánones del tópico referido; pero Mendoza lo revisa introduciendo dos verdades necesarias que lo hacen más universal (más aún que el tópico de Ausonio) y más ético. Esas dos verdades son: por un lado, la extensión del consejo a los dos sexos (dos "géneros" dirían ahora los semianalfabetos anglicistas metidos a ideólogos); por otro lado, la otra verdad es no cifrar la felicidad en el goce pasajero, urgente, del momento (ay, las urgencias de nuevo...), sino ampliarla a una dicha serena que se extiende en el tiempo.
   Respecto a lo primero, no olvidemos que en el tópico clásico la voz del poema es la de un varón que "lleva sus miras" cuando le dirige el sermoncito a una mujer joven y bella. Nada de eso hay en este poema que podría estar en boca tanto de una mujer como de un varón y cuyo fin no es sospechoso de ser el de satisfacer ninguna intención egoísta. 
  Respecto a lo segundo -la extensión del mandato de ser feliz-, el poeta parece sustituir ese "coge" ("collige") imperativo y urgente ("dum flos novus et nova pubes" = mientras es nueva la flor y nueva la juventud) por un "Agarra bien lo que en el corazón / entierra su verdad y sus raíces" (y recuerden los lectores no andaluces que en esta tierra "agarrar" se dice como sinónimo de "echar raíces").
  Fíjense en que la oposición de Ángel Mendoza no es juventud+ / vejez-, como mantenía el tópico clásico, sino verdad+/mentira- ("entierra su verdad" / "las otras son mentira"), esto es, realidad / entelequia. 
  Conserva Ángel Mendoza la ligazón con la clasicidad usando verso rimado, sin dejar ninguno suelto, aunque él lo suaviza usando asonancias en lugar de las consonancias que le son originarias al tema en español. Mantiene también esta ligazón a lo clásico usando la acentuación propia del endecasílabo italiano (aunque forzando un pelín el primer verso, pero eso no le quita un ápice de armonía al conjunto). Lo hace mezclando el endecasílabo con heptasílabos y eneasílabos, pero es que esta es la forma más habitual del verso libre en español desde que Juan Ramón la consagrara en su Diario de un poeta recién casado, en la segunda década del siglo XX.
   Y aqui lo dejo. Ha sido tan solo un apunte para conseguir dos cosas: una, disfrutar aún más del poema avisando de su sabiduría; otra, repensar la belleza, sí, pero también repensar la relación entre verdad y dolor. 
   Y... eso, que ya lo dejo, querido lector; ya lo dejo donde tiene que estar: en tus manos.


 

sábado, 8 de marzo de 2014

Me ha traído Ángel Mendoza La luz de hoy

  Esta mañana ha estado en casa Ángel, Ángel Mendoza. Con gusto pospuse ciertas urgencias cotidianas: recoger la basura, escanear y enviar el resguardo de una transferencia... Todo pasó a un segundo plano ante esa visita propuesta solo unos minutos antes. Ángel, como él es, espontáneo y franco, venía con una sorpresa: el regalazo de su nuevo libro, La luz de hoy. Fue una visita breve, lo que dura un Coca Cola cuando se bebe en conversación con la espalda relajada en la butaca. A su marcha, hojeo el libro y la mañana se vuelve aún más feliz. ¡Qué grandísimo libro!, qué espléndidos poemas. Habíamos estado hablando de poesía -claro, los amigos comunes y la poesía son nuestros temas recurrentes-. Dentro de estas páginas, al cuidado de José Mateos en la colección DKV, he estado leyendo hoy poemas inolvidables, poesía de la de verdad, grandísima poesía.


domingo, 15 de enero de 2012

Un pájaro negro


La palabra no tiene una frecuencia inusual en este libro de ritmo heptasilábico (el de las endechas y los hemistiquios de los melancólicos alejandrinos) que es Pájaro negro de Ángel Mendoza (Siltolá, 2010). El poeta visita, casi de manera alternativa, su pasado y su futuro para contraponerlos. El libro es así una estoica aceptación del poder arrasador del tiempo en la consciencia de que la vida, ese pájaro negro, no se detiene. No por abundar en los símbolos sutiles de la muerte (oscuridad, otoño, tarde…) el libro resulta obvio ni prescindible; muy al contrario, Ángel Mendoza maneja a la perfección la iconografía común para construir emociones reales y vívidas ahondando en el dolor que todos reconocemos, ése que nos produce saber que ha de venir el momento "cuando se pudra el día", como escribe en "NADA", porque en esas vivísimas y muy acertadas imágenes, junto al ritmo perfecto de los versos, está la clave de un buen libro de poesía y éste, sin lugar a dudas, lo es. El pájaro era ya un símbolo personal de Ángel Mendoza que evocaba la vida, pero hasta este reciente libro, sus pájaros siempre venían acompañados de la luz; el transcurso de los años se la ha quitado. Entre el fantasma de un padre anciano y enfermo y el contrapunto de una niña pequeña (la hija del poeta), traza el pájaro negro el itinerario de la vida y el hombre maduro lo observa con resignación sabia. Y, para muestra, un botón: 

                      PRIMA LUCE

             Los días ya no vienen
             con rumor de bandera,
             con nombre de país reconquistado
             a los colmillos de la tierra negra.

             No porque yo no sueñe
             con sus flamantes telas
             rasgando el gran azul, temblando el aire,
             latiendo de verdad, dejando señas
             del regreso del sol, de que sus armas
             fulminarán con luz cualquier tiniebla.

              No porque no me deje la vida en esperarlos.
              No porque yo no quiera.






                                                                                (Foto: Agustín Povedano)



viernes, 6 de enero de 2012

Para Epifanía, el poema de Ángel Mendoza


    LOS REYES DE LA CRISIS



No sé por qué me querrán
tan poco los Reyes Magos.
Si les pido videojuegos
me escriben que son muy caros,
les pido el mejor balón
y me traen el más barato,
llevo queriendo una bici
desde los dos o tres años.
¡Mira que me porto bien
mira que les hago caso!
Estoy pensando en volverme
canalla, pegón y vago.

(Ángel Mendoza, diciembre 2011)