martes, 30 de diciembre de 2014

Maneras de mirar (18): Pedro Sevilla y su "fotografía escolar"

   FOTOGRAFÍA ESCOLAR

  Este que veis ahí, junto al hermano Eutimio,

el de ojos huidizos e inefables
que no consiguió plaza
en el glorioso equipo de fútbol del colegio;
ni entró nunca de balde al cine de verano
porque era tonto y torpe y no sabía
distraer al portero,
por tomarse venganza de tanta humillación
y demostrar a todos los de Segundo B
que era capaz de hacer algo importante,
comenzó a escribir versos de once sílabas
en azules cuadernos de dos rayas.
Así, sutiles críticos, no busquéis en mis versos
ni poéticas serias ni raros argumentos
sobre este noble oficio. Mi escritura
es solo un vano intento de emular
la fama de los niños de mi escuela.
En especial de uno, Ramón Amaya Flores,
un gitano muy guapo
que marcaba los goles de chilena.

                  (Pedro Sevilla)




   Se ha hablado mucho, muchísimo, de Postmodernidad, palabra que me resulta absolutamente antipática por el uso intelectualoide y hueco que se le viene dando. Se ha hablado mucho, digo, pero la que no he oído pronunciar es la palabra "Postcontemporaneidad", no de la manera simple y lógica que propongo. Es esta la que yo aplicaría, por lo menos, a buena parte de la poesía española de los años 80 del siglo XX para acá. 

  A ver si me explico: a lo largo de la historia de las literaturas en las lenguas occidentales actuales  ha habido dos pasos que la han marcado para siempre: uno fue Petrarca (el fruto de la intersección del Humanismo con la tradición de los trovadores), y todos somos petrarquistas desde entonces y escribimos con la armonía acentual de sus endecasílabos o heredamos los grandes símbolos de sus convenciones temáticas  y, si no lo hacemos, es porque conscientemente nos situamos enfrentados a su pervivencia. El segundo paso fue el Romanticismo que, desde finales del siglo XVIII y  bajo en patrocinio de Kant en sus movimientos preliminares (esto es, con el inicio de la Edad Contemporánea) estableció que la imitatio ya no era un valor; desde entonces ya todos somos también románticos porque la creatividad y la subjetividad (el yo del artista) son los focos irrenunciables de la obra. Aparece también en este segundo paso (en esta segunda zancada),y como consecuencia de lo anterior, la Teoría del Genio, esto es, de la existencia del artista inspirado que nace y no se hace, que actúa arrebatado por fuerzas interiores personales y poderosas que eliminan la convención normativa. Este concepto viene acompañado de un tono antienunciativo, cargado de exclamaciones, interrogaciones retóricas, interjecciones e invocaciones varias.

  Dicho esto, observo que Pedro Sevilla trae a estos versos suyos la aniquilación de la Teoría del genio que da origen a la literatura de la Edad Contemporánea: aquí el poeta 1) no ha nacido poeta, se ha hecho a partir de una anécdota infantil sin importancia; 2) se ha forjado  imitando una convención de nuestro siglo XVI (el endecasílabo italiano); 3) llama  "oficio" a la escritura del poema y para ello 4) se distancia de sí mismo hablando en tercera persona ("este que veis ahora"),intentando evitar el "yo" subjetivo y 5), además, usa un tono enunciativo, conversacional, ese que Felipe Benítez ha llamado "tono menor". Parece muy claro ¿verdad?
    
   Con respecto a la estructura, dos partes encuentro muy claramente en el poema:

   Los 12 primeros versos son una presentación, un retrato de sí mismo, en tercera persona ("este que veis ahí", "por tomarse venganza", "comenzó a escribir versos") buscando la distancia al desdoblarse en el tiempo. Dentro de esta primera mitad se incluye, desde el verso 8º, lo que él considera el origen de su poesía.

   La segunda parte, a partir del verso 13º, avisa del error de buscar sesudas intenciones a su poesía (ahora sí que hay una alusión a la primera persona en los posesivos) para terminar personificando la frustración infantil en un niño concreto; y ese es un gran acierto: concretar esa desazón en un niño con nombre y apellidos, un niño corriente "que marcaba los goles de chilena"). 

  El resultado es el triunfo de la falta de énfasis, la presentación más clara que he leído nunca del artista antigenio. Pedro Sevilla me ha hecho pensar en todo esto y traer aqui este palabro: Postcontemporaneidad.


Del blog Acuarela capurriana

martes, 23 de diciembre de 2014

Mi villancico para la Navidad del 2014

  En los días de evaluaciones me apresuré a improvisar unas redondillas asonantadas que envié rápidamente a los amigos para felicitar la Navidad. Las rehago para asomarlas a esta ventana. Con estas estrofillas aún imperfectas os deseo una 



FELIZ NAVIDAD 2014


 Dice María que tiene
el pelo de olas y soles,
los ojos como faroles,
la piel de jazmín en ciernes.

  Viene diciendo José
que el niño tiene la risa
contagiosa de María
y esa luz que en ella ve.

  Y los ángeles entonan:
"fue su Padre quien le puso
todo lo bello del mundo
y miajitas de la gloria".

Rembrandt







sábado, 20 de diciembre de 2014

Lo dice Roger-Pol Droit

  "Estoy convencido de que primero hay que sentir una sensación para poder reflexionar, acto seguido, de una forma más intelectual"; le dice Roger-Pol Droit a Antonio Fontana en una entrevista reciente. Droit llega a la misma conclusión que Unamuno cuando habla de "sentir el pensamiento".

  Hay poesía -la que a mí me parece más interesante, quiero decir la que en mí suscita más interés o un interés más inmediato- que hace ese camino de la emoción a la reflexión y, además, después, el de vuelta. Esto es, de nuevo en la terminología de Unamuno: "pensar el sentimiento".  Se cierra el círculo y... surge el poema.

   Más adelante recoge Fontana las siguientes palabras de Droit: "No creo en las grandes posturas revolucionarias. Prefiero los innumerables rechazos de la servidumbre, las minúsculas revueltas cotidianas que pasan casi desapercibidas". y esto a mí me recuerda algo que realmente me preocupa: el estado de perpetua alerta sobre mi libertad interior, alerta contra todo adocenamiento de modas y consignas que pueden mover mis instintos más primarios, haciéndome parte actora inconsciente, al capricho del "estilismo intelectual" del momento.
  No es que Droit diga a este respecto cosas nuevas, pero se alegra una de recordarlas.

Brian Despain


sábado, 13 de diciembre de 2014

...y mejor cuanto antes te des cuenta

   Tengo la impresión de que, con el tiempo, me he acabado acostumbrando a no preocuparme por adelantado, a vivir más confiadamente el hoy, a abrirme a la Providencia, a saborear el don de cada día, a tener el convencimiento de que en cada momento sólo somos responsables de nuestro presente. La vida es tan rica... No se repite nunca a sí misma, siempre sorprende, por eso es ingenuo intentar controlar todo nuestro futuro. 
   Intento dar una explicación así a esa facilidad para la paz de la que hablaba yo hace un par de días en esta ventana y es algo, creo yo, que suele sobrevenir a los años medianamente vividos. Me he acordado entonces de este soneto de juventud:

La exacta sombra de la tarde sabes
que fue la conjunción  única y breve
de la luz, de tu cuerpo, de esa leve
certeza de no sé qué cosas suaves.


La vida no repite sus enclaves:
ni un trago será igual al que hoy se bebe,
ni nunca fue una lluvia la que hoy llueve
y vivir es, sin fin, quemar tus naves.


No temas el dolor desconocido,
ni esperes recobrar la vieja renta:
la verdad, cuando llega, es diferente.

No hay mirada que sea equivalente
y es sólo ante tus ojos lo que ha sido.
Y mejor cuanto antes te des cuenta.

                (Son los ríos, 1998)

Colley Whisson

jueves, 11 de diciembre de 2014

Mayor, agradablemente

   Días de solecito y de silencio, de noticias de los amigos y té caliente, de chimenea y brasero, de los primeros turrones y de lecturas breves y escogidas (el final de evaluación no da para más). Si tuviera que ponerle nombre a estos días, los llamaría "los días de la paz". Ayuda el frío, estoy segura, (cómo me gusta el solecito de los fríos del sur, que son fríos breves pero mal remediados). Está habiendo dolor en familias amigas y buena dosis de tristeza blanda en la mía, esa tristeza que saben dar los recuerdos alegres, los que pasaron definitiva e incomprensiblemente. Todo esto es así, pero, por encima de todo, una paz inaudita, impropia de mi temperamento, lo envuelve todo entre sus algodones, como madre que acuna los pucheros de del más indefenso de sus hijos. Así, de ese impensado consuelo, de esta extraña armonía es de lo que hablo... Me estoy haciendo agradablemente mayor, por lo visto.

Jan van der Kooi

jueves, 4 de diciembre de 2014

Pero... ¿todo eso lo ha pensado el autor?

   Ocurrió ayer en clase, pero casi todos los años se repite la situación: hacemos un comentario de texto y vamos señalando cómo se acumulan las figuras retóricas en un párrafo, de qué modo la posición de una palabra puede dar un doble sentido a determinada expresión, o la manera en que un ritmo acentual provoca la sensación adecuada... Un alumno entonces -normalmente uno de los más atentos-  acaba preguntando con asombro: "pero ¿todo eso lo ha ido pensando el autor?" A lo que una responde inmediatamente: "en absoluto".
   El proceso de creación es muy intuitivo -que es como decir que es de una inteligencia velocísima, tan veloz que no llega a la consciencia-.  Quien escribe selecciona  cada elemento del mensaje, su colocación y sus silencios, en función de un efecto, sin examinar toda su mecánica.  Es a nosotros, los que lo estudiamos, a quienes corresponde desentrañar su álgebra inconsciente.
   A veces les he contado la anécdota de mi primer jefe de departamento, el catedrático D. Enrique Durán, que me contó que en cierta ocasión se sentaba junto a no sé qué escritor homenajeado en un congreso mientras escuchaba una conferencia que le dedicaban a la obra de éste. El insigne autor se volvió hacia él cuando la conferencia estaba a punto de finalizar y le murmuró socarronamente:  "En mi vida me podía yo imaginar que yo supiera tanto"
Estilismo de Glen Proebstel



                         P.S. Escribo esta entrada el día 5. No sé muy bien por qué extraño motivo, nunca antes experimentado, esta entrada aparece con fecha del día 4. La dejo así, como extrañamente se ha editado en homenaje a un cumpleaños muy significativo para mí, muy significativo y muy muy querido.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Maneras de mirar (17): Antonio Machado, espejeando

   VII

   El limonero lánguido suspende

una pálida rama polvorienta
sobre el encanto de la fuente limpia
y allá en el fondo sueña
los frutos de oro...
                             Es una tarde clara,
casi de primavera, 
tibia tarde de marzo
que el hálito de abril cercano lleva;
yo estoy solo, en el patio silencioso,
buscando una ilusión cándida y vieja:
alguna sombra sobre el blanco muro,
algún recuerdo, en el pretil de piedra
de la fuente dormido, hay, en el aire,
algún vagar de túnica ligera.
   En el ambiente de la tarde flota
ese aroma de ausencia,
que dice al alma luminosa: nunca,
y al corazón: espera.
   Ese aroma que evoca los fantasmas
de las fragancias vírgenes y muertas.
   Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara,
casi de primavera,
tarde sin flores, cuando me traías
el buen perfume de la hierbabuena
y de la buena albahaca,
que tenía mi madre en sus macetas.
   Que tú me viste hundir mis manos puras
en el agua serena,
para alcanzar los frutos encantados
que hoy en el fondo de la fuente sueñan...
   Sí, te conozco, tarde alegre y clara,
casi de primavera.


                                  (Antonio Machado)


   El limonero es la imagen recurrente de la infancia de Antonio Machado. Espejea el poeta aquí una rama del árbol cargada de limones, espejea el tiempo que vuelve a él en la inasible imagen de la memoria y espejea la propia estructura del poema que se pliega en dos partes (presente y pasado) en una perfecta simetría alrededor del eje de cuatro versos centrales: los dos que contienen la palabra clave, el abracadabra del poema: "evoca" y los dos del motivo que, a modo de marca, abre cada parte del poema: "tarde (alegre y) clara, casi de primavera".

   El poema empieza con un pórtico que nos sitúa ante la imagen y el tono lánguido (lánguido y esdrújulo, jeje, qué modernista) de los versos. Este pórtico consta de tres endecasílabos, un heptasílabo y ¡medio endecasílabo! Sí, si, sólo medio verso de esta silva arromanzada o romance silva. A partir de ese punto, el texto es un todo cerrado que empieza y termina con la mención de la "tarde clara casi de primavera" y que se vuelve sobre sí mismo en simetría, como hace el tiempo ante el recuerdo:

Mención de la tarde de primavera
+
Descripción de lo evanescente sensitivo
+
Versos eje ("evoca")
+
Descripción de lo evanescente sensitivo
+
Mención de la tarde de primavera

   Ante la rama de un limonero reflejada en la fuente evoca el poeta una escena similar de la infancia cuando, de niño, quiso coger de la fuente el reflejo de los frutos. Tan simbolista en los matices de lo sensorial, tan becqueriano en su evanescencia (qué génesis si no tiene ese "vagar de túnica ligera") es esta descripción como lo es el mejor modernismo español. Pero lo bonito es ver cómo la estructura del poema responde al mismo efecto de espejo que hace el agua de la fuente bajo la rama cargada de limones y, lo más importante, al efecto de nuestra memoria, que no es capaz de traernos nunca la realidad del pasado sino su imagen inasible, tan inasible como un reflejo en el agua. 


Álvarez del Pino

sábado, 29 de noviembre de 2014

Amanece

  Toda la noche ha estado lloviendo. Eso parece, al menos, por el charco en el alféizar y la grisura brillante de todo. Es una delicia desayunar bajo la ventana y ver la luz  -no una luz cualquiera, esta luz de incandescencia blanca- abrirse paso, filtrarse mansa y poderosamente por los resquicios de las nubes menos densas. Hay una paz y una fuerza extrañas. Y de nuevo este día evoca, otra vez, el Primer Día de todos los días y esta luz evoca la calma y la fuerza vírgenes. Cuántas veces la vida se simboliza a sí misma, pienso.

Antonio Smith


domingo, 23 de noviembre de 2014

En clase, con Romeo y Julieta

   Yo había visto a la Arteta darle voz y cuerpo a la Julieta de Gounod-Shakespeare en el emocionante dueto del amanecer de los esposos. Y había estado todo el fin de semana pasado buscando una buena grabación de esa escena. Conseguí encontrarla, recortarla (no estaba dispuesta a que la rechazaran por aburrimiento, tenía que ir al grano), subirla y enlazarla con no poco esfuerzo. Colgué también fragmentos de versiones musicales creadas en el s. XXI, musical y literariamente más débiles, pero de cantantes muy jóvenes, muy guapos y muy modernos. Qué sorpresa comprobar que con la que vibraron fue con la escena de Gounod. Dos veces escucharon este fragmento que es como un alba tradicional, pero donde también hay voz masculina (un alba no sexista, que dirían los modernos). Gounod prolonga la escena y la emoción es magnífica. Junto a ella, la interpretación de los cantantes del musical parece una parodia cursi de una versión cursi de las cursis comedias de adolescentes del Disney Channel.



Romeo: ¡Que me capturen, que me maten! Si lo ordenas tú, poco me importa. Diré que aquella luz gris que allí veo no es la de la mañana, sino el pálido destello de la Luna. Diré que no es el canto de la alondra el que retumba. Más quiero quedarme que abandonarte. Ven, muerte, pues Julieta lo quiere. Amor mío, sigamos conversando, que todavía no rompe el día.

ROMEO
Let me be ta'en. Let me be put to death.
I am content, so thou wilt have it so.
I’ll say yon grey is not the morning’s eye.
'Tis but the pale reflex of Cynthia’s brow.
Nor that is not the lark, whose notes do beat
The vaulty heaven so high above our heads.
I have more care to stay than will to go.
Come, death, and welcome! Juliet wills it so.—
How is ’t, my soul? Let’s talk. It is not day. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Maneras de mirar (16): uno de Eloy Sánchez Rosillo

PRINCIPIO Y FIN


Puede ser que te digas: "El verano que viene
quiero volver a Italia", o: "El año que hoy empieza
tengo que aprovecharlo; con un poco de suerte
acabaré mi libro", y también: "Cuando crezca
mi hijo, ¿qué haré yo sin el don de su infancia?".
Pero el verano próximo, en verdad, ya ha pasado;
terminaste hace muchos años el libro aquel
en el que ahora trabajas; tu hijo se hizo un hombre
y siguió su camino, lejos de ti. Los días
que vendrán ya vinieron. Y luego cae la noche.
A la vez respiramos la luz y la ceniza.

Principio y fin habitan en el mismo relámpago.

                     (Eloy Sánchez Rosillo)



  Es el poema que cierra La vida (Tusquets, 1996) -¡cómo me gusta ese libro!- y el que realmente constituye la síntesis del volumen, no sólo por la temática (tempus fugit), sino también por su propia estructura. Estos versos son una pequeña joyita que brilla por sí misma, pero a la vez constituyen el broche pensado para una joya mayor, el libro. Fíjense, es especialmente significativo que el primer texto de La vida sea un poema largo que termina: "¿Qué es antes? ¿Qué es después? ¿Quién entrelaza, ordena y desordena las horas de mi vida? / La realidad y el sueño y la memoria,/ ¿dónde empiezan y acaban?" (pág. 14, en "Desde aquí") De manera que estos versos que hoy "miramos", sabemos que son la respuesta final a aquella pregunta sobre la que se ha estado reflexionando, poema tras poema, a lo largo del libro. Lo dicho: poema broche.
 Esta breve composición de apenas 12 versos la forman dos partes claramente diferenciadas, cada una de las cuales, a su vez, están constituitas por dos segmentos:

  La primera parte: comprende experiencias personales que abarcan casi los 9 primeros versos (los ocho alejandrinos primeros y el noveno sólo hasta el punto y seguido). Pero vemos en seguida que esta parte está formada por dos momentos, dos bloques relacionados adversativamente mediante la palabra "Pero" al principio del verso sexto: tres acciones proyectadas con su correspondiente contradicción parcial (se contradice el tiempo, el momento de cada una de ellas: el futuro se corrige a pasado simultáneo en una percepción imposible para la linealidad de la vida).
 Tres son los ejemplos vitales de los que hablo y los tres han tenido ya menciones repetidas en otros poemas: el verano en Italia (está ya en el Leopardi-Sánchez Rosillo del monólogo dramático de "Recanati, agosto de 1829", y en la visión lluviosa de Roma en agosto del poema "Roma, 1984", por ejemplo); el don de retomar la literatura o el libro inacabado está ya  en "Acaso"  y en "El abismo"; el hijo que deja de ser niño es el asunto de "Un jilguero" y lo encontramos en "Desde Aquí".


  La segunda parte, desde "Los días" (el final del alejandrino noveno) hasta el final, asistimos a la conclusión lapidaria de las acciones corregidas arriba respecto al tiempo: la primera mantiene la manera de fluir derramándose en el verso siguiente por medio del encabalgamiento que fuerza a que "día" y "noche" se contrapongan coincidiendo en el final de dos versos consecutivos en clara antítesis)y proporcionándole a "día" el doble valor de una dilogía, esto es, que además de significar en su oración el periodo de 24 horas, al enfrentarse con "noche", señale también aquella parte de esas 24 horas en que hay luz solar. Los alejandrinos son un acierto fundamental porque los periodos de 7 sílabas (alejandrino = 7+7)tienen una larga tradición de dolor por pérdidas en las endechas castellanas y de sus nostalgias y melancolías en el modernismo; y en sus encabalgamientos recrean perfectamente el incontenible paso del tiempo que nada puede refrenar.

Los dos versos finales, constituyen dos unidades, dos conclusiones lapidarias (aunque la segunda aclare las metáforas de la primera): dos alejandrinos con un cruce de rimas internas que le dan unidad al final biversal señalando la antítesis que contienen: -AMOS (ÁO) y -LÁMPAGO (ÁO), junto a -IZA (ÍA) y -BITAN (ÍA)


A la vez respiramos la luz y la ceniza.
Principio y fin habitan en el mismo relámpago.

  Y el poema al final, con sus rimas internas propias, se cierra en sí mismo y en su brevedad alude al relámpago fugaz que es esta vida. 
Neil Nelson



jueves, 30 de octubre de 2014

... Si oviese buen señor

  Estaba yo en la cola pasadas las tres de la tarde. Era la única caja abierta en el supermercado a esa hora y apenas dos o tres personas esperábamos. Una señora entró desde la calle cargando con una caja enorme de detergente. Setenta años, batita barata y permanente antigua.
   -Un muchacho se ha dejado esto olvidado sin meter en el coche. No me ha dado tiempo a avisarle. ¡El pobre! A lo mejor vuelve a buscarlo.
   -Déjelo aquí, que yo se lo daré a quien venga preguntando.

  Y la señora se endereza después de soltar el peso y vuelve a salir con su bolsa plegable en la que se adivinan dos piezas de fruta y un monedero de plástico.

Rembrandt


martes, 21 de octubre de 2014

Homenaje ínfimo (cordando)

MADRUGADA DEL 20 AL 21

   Lo normal es que una se pregunte
cuándo empezó la luz a ser distinta,
en qué momento nuestros padres
comenzaron a ser estos ancianos,
qué día fue el primero del asombro,
cuál el final de tanta gracia...
Lo raro,
lo verdaderamente extraño y doloroso
es saber la respuesta.



lunes, 13 de octubre de 2014

Elogio del fracaso

   Nada fue en balde. Cada año de esfuerzo que no dio fruto, cada camino cerrado, cada fracaso los considero parte de mi etapa de formación, una etapa larguísima que se prolonga siempre hasta hoy mismo: definieron mi camino, midieron mis capacidades, moldearon mi sensibilidad. Mi homenaje agradecido a mis fracasos. Lo que hoy soy se lo debo sustancialmente a ellos.

Mario Sánchez Nevado

martes, 7 de octubre de 2014

El bienestar de arroparse

   Se va el verano al fin. Con qué placer recuperé anoche el gesto de cerrar la ventana al sentir el roce pulido del primer frío. Ya lo echaba de menos. Con él  un silencio nuevo les ha llegado a las cosas que ahora parecen recogerse en sí mismas, contenidas  y discretas,  como si tuvieran una  -ya sé que imposible-  conciencia de su porqué callado y útil. Adiós a las formas desmanteladas, a la estridencia del sol, al bullicio ese que le queda de fondo siempre al silencio falso del verano. Bienvenidos los atisbos del invierno: el principio del frío, las ganas de hogar, el bienestar añejo de arroparse.

Safet Zec

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Pobre Platero


 Se nos está yendo el 2014 sin reivindicar Platero y yo, al que hemos relegado con muy mal criterio a la lectura infantil ("Yo no he escrito ni escribiré nunca para niños" decía en el prólogo el poeta).  Leemos mal un libro que Vicente Gaos consideró que fue, para la sensibilidad y el paisaje andaluz, lo que las obras de Antonio Machado, Azorín, etc. fueron para Castilla.  Aunque la primera puñalada importante, creo yo que se la dio Buñuel. Así lo defendí  ayer escuetamente en el Diario de Cádiz, en la columna que éste reserva para la Academia de Santa Cecilia y que podéis leer   Aquí

Vázquez Díaz 

lunes, 22 de septiembre de 2014

La vida "¿Allegro vivace?"

  Se levanta una todos los días con el pie en el acelerador, procurando que mientras se tuesta el pan se haga el café y le dé tiempo a ducharse. Se levanta, cuando el cielo está aún oscuro, intentando ganarle al sol y al reloj cinco, diez minutos apenas que la rediman de la falta de sueño, para llegar corriendo al trabajo y volver muchas horas después extenuada a casa, donde espera más trabajo y varios compromisos, todos urgentes, porque se ha responsabilizado una sin querer a causa de un teléfono que le persigue desde dentro de su propio bolsillo. Lo ha hecho confiando en la rapidez del coche y en la inmediatez de los mensajes por correo-e, que permiten esos malabarismos... Y todo para acabar agotada e intentar dormir -a ver si hay suerte- porque el cuerpo por dentro aún lleva el ritmo vertiginoso del día.
  Envidio el tiempo de mis antepasados, con sus horas anchísimas que pasaban al ritmo del trote melódico de un coche de caballos o del paseo de los domingos, o aquella cadencia lenta del plup-plup del guisado en el fogón. Ay, ese fuego que exigía dedicación exclusiva a tempo largo (como mucho adagio) antes de que el microondas y la vitrocerámica nos sedujeran con sus pérfidos reclamos falsos de velocidad y tiempo. Hay días que comprende una a los Amis y piensa que todos los aparatos modernos son engañifas, lobos disfrazados de corderos, que con sus promesas de ahorrar tiempo nos lo han birlado, como las preferentes.

Van Gogh


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Laura, Fiammetta, Beatrice

  En clase hablamos de Florencia en el siglo XIV: de Petrarca, de Boccaccio y de, antes que ellos, Dante.  Intentaba yo sintetizarles -con voluntad tan razonada y razonable, como interesada-  el discurrir de tres siglos, en un esquema que pretendía abarcar la manera de pensar y de sentir de queseyocuántos miles o millones de seres humanos. Vinieron a mi discurso, naturalmente, Laura y Fiammetta y Beatrice y pensé, una vez más, en la extraña fertilidad literaria de los amores difíciles; fertilidad que va más allá del fácil tópico trovadoresco y sus secuelas petrarquistas, a menos que -como me sospecho- sigamos siendo más petrarquistas de lo que creemos en el siglo XXI.

  Fue hermoso recurrir al cuadro de Henry Holiday que durante muchos meses visité casi semanalmente en la Walker Gallery y al que dediqué este poemita en Donde la hoguera verde. 



EN LA WALKER GALLERY
(Dante and Betrice de Henry Holiday)


Quizá siente vergüenza
de estar avergonzado.
Hay un puente y riberas
atestadas de casas que parecen
sujetarse a sí mismas
e impelidas al río,
apenas sostenidas en la piedra
por arcos y soportes.
Dante también se apoya en un pretil
en la precariedad de un puente
y se oprime el costado,
donde un raro temblor
amenaza derrumbe.

Erguida y sin mirarlo,
ella es el río y, mientras pasa,
el remanso se vuelve torrentera.

Henry Holiday

miércoles, 10 de septiembre de 2014

El síndrome de Sísifo

   Septiembre empieza siempre con síndrome de Sísifo (¿existirá tal cosa para los sicólogos o le he dado nombre a un estado de ánimo sólo mío?). Quiero decir que ya el último día de agosto se va mirando una la musculatura de las ilusiones y la elasticidad de las horas para abordar el curso nuevo sin que todo la acabe aplastando, que ya sabemos por experiencia que habrá momentos en que eso ocurra. Así que durante más de una semana este blog se ha resentido de que mi Sísifo interior haya hecho acto de presencia.    Y aquí está mi forzudo amigo. Ya ha empezando a acomodarse en los brazos tareas e ilusiones con las que habrá de bregar afanosamente una vez más, y siempre desde los pies de la colina.
   En fin, es septiembre y con la nueva luz, más blanquecina que la de agosto, vienen también otras cosas, una vez más, una vez más desde el principio.

Vik Muniz


lunes, 1 de septiembre de 2014

Una niña se sienta tras su pupitre


LA NUEVA DE LA CLASE
 Una niña se sienta tras su pupitre una mañana de octubre. Hace sol afuera pero, en el aula, algo gris tamiza la luz radiante de la calle; es, tal vez, la sombra de las persianas, o podría ser el suelo oscuro que imita granito pulido y dibuja una cudrícula perfecta bajo las mesas. A la niña le da vergüenza saber respuestas que sus compañeras desconocen y le preocupa ignorar costumbres que las demás dominan (la mecánica para pedir ir al "cuartito", o el pasillo infrecuente que acorta el camino violando levemente la clausura). Se asombra y calla. La mañana se va quebrando en un puzle mal resuelto; un puzle gris. A sus seis años ya empieza a sentirse inexplicablemente distinta. 
 Quizá aquel grisoctubre de 1966 es el color que cierta clase de miedo da a las horas.

lunes, 25 de agosto de 2014

De Peter H. Carlan

   Con un poema de un alemán contemporáneo vuelvo a mis sudokus de emociones y palabras. No tengo ninguna referencia de él en español; añado así otro placer al placer de traducir: el de descubrir.


DEIN KUSS

Ich hatte meine Hände
zu einer Schale geformt

so wie man Wasser schöpft,
um zu trinken

und trug darin
auf dreifache Weise

in meinen Hände
auf meinen Lippen
in meinem Herzen

deinen Kuss nach Hause,

weckte ich ihn ein in ein
Erdbeermarmeladenglass

und wecke ihn auf
in allabendlicher Umarmung.


TU BESO

Había puesto yo las manos 
a modo de cuenco

como quien saca 
agua para beber

y me llevaba allí 
de tres maneras

en las manos
en los labios
en el corazón

tu beso para casa,

lo envasé en un tarro
de mermelada de fresa

y lo destapo 
con el abrazo de cada noche.


Montserrat Gudiol





jueves, 21 de agosto de 2014

Cordando

Y esta noche leeré en público "Ojos claros, seremos / si de un dulce mirar sois alabados...". Me dicen que mi voz transmite tristeza. No quiero que sea así.



miércoles, 20 de agosto de 2014

Dos géneros antagónicos y un espectáculo magnífico: Noche de verano con los clásicos



   El espectáculo de mañana tiene como finalidad recaudar fondos para la restauración de once óleos de gran formato que no se pueden dejar perder. Yo quise poner mi granito de arena. Le dije a José Luis Alonso de Santos que quería colaborar. Estoy acostumbrada a leer y decir verso, claro, pero actuar es otra cosa, le dije, lo mío no es actuar, ni muchísimo menos; de hecho tengo un cierto pánico escénico y eso de saberme observada me violenta terriblemente. Quedamos en que yo podría aparecer en uno de los coros recitativos (el de La vida es sueño es magnífico, ya lo verán, José Luis ha hecho una versión que lo marida con el teatro clásico griego, dos corifeos y dos coros que se unen al final... espléndido, ya digo). Bueno, pues el director me hizo una prueba ante micrófono y me dio, además, un breve poema de nuestro temprano petrarquismo: el popularísimo  madrigal de Gutierre de Cetina, "Ojos claros, serenos...", ya saben.
  Y ahí me he visto gran parte del mes de agosto, acudiendo a los ensayos... Una experiencia interesante esta de los ensayos teatrales. Ver en acción a Alonso de Santos será una batallita que contaré a mis sobrinos-nietos y de la que presumiré toda la vida. Pero qué traumático ha sido a ratos. Algo en mi interior me impedía declamar, decir expansivamente las palabras de Gutierre de Cetina y mi lucha por hacerlo y responder a las expectativas del director chocaban con mi actitud ante el propio texto. ¿Por qué, por qué, por qué?

   Creo que el género dramático y la poesía lírica son dos formas literarias tan diferentes, tan antagónicas en muchos aspectos... En primer lugar, teatro es centrífugo en tanto que la poesía es centrípeta. Quiero decir que, en el drama, la energía (la poiesis) va hacia fuera y las palabras tienen que convertirse en un torrente que alcance a un grupo numeroso de personas, en un espacio que siempre tiene acompañantes (escenario, gestos, iluminación significativa), cuando no obstáculos (la cabeza del de delante, la respiración de el de al lado, los tacones de salir...). La poesía lírica, en cambio, tiene como destino la identificación íntima e individual. Es fundamental tener claro que en el teatro el espectador está viendo los amores de otro; en el poema, sin embargo, es el receptor del poema el que está balbuciendo su propia experiencia amorosa, aunque sea imaginada; el protagonista en el acto de poesía no es un personaje, eres tú, lector, tú y tus amores. Si el teatro, según Aristóteles, produce catarsis, la poesía por el contrario produce toma de conciencia personal. Por eso aunque ambos, drama y poema, usen el verso, lo hacen de manera radicalmente distinta. José Luis nos recomendaba olvidarnos de la pausa versal (y yo pensaba: horror ¿cómo voy a hacer  eso?). Está claro: el verso es para un dramaturgo un recurso maleable que está al servicio de la expresión actoral; el verso para el poeta es el vehículo más valioso para connotar emociones, es el único vehículo físico, porque no se apoya en gestos ni en efectos de luz, ni de decorados, ni tan siquiera en los matices de la voz... Si altero el ritmo (si cambio pausas) violento las connotaciones sonoras que el autor propuso.    
  Un ejemplo de esto lo encontramos en norrecuerdoahoraquién (¿Dámaso Alonso?) que dijo que el acierto del endecasílabo italiano que importaron los petrarquistas españoles fue romper con los "torpes aletazos de avutarda" del verso de arte mayor castellano de aquellos largos poemas alegóricos del siglo XV; en su lugar, el ritmo el del nuevo endecasílabo resultó ser más hábil para las emociones sutiles. Para demostrar la importancia de lo que ahora digo, casi todos los años hago el mismo ejercicio con mis alumnos: poniendo yo la cara más inexpresiva e intentando no modular la voz más allá de la marcación de los acentos y las pausas requeridas por el verso, les digo: ¿cuál de estos mensajes provoca una cierta preocupación y cuál nos da ganas de salir bailando? (hay que leerlos marcando bien los acentos y las pausas versales ¿eh?):

 "Ay, pobre Juana de cuerpo galano
ay, pobre Juana de cuerpo cortés"

o

"Recuerde el alma dormida
avive el seso y despierte
contemplando..."

  Todos se dan cuenta, sin excepción, de que, pese a que a Juana parece que le ocurre algo ("pobre Juana"), no debe de ser muy grave, porque se nos incita a bailar, en tanto que el segundo texto...  ¡Claro!, les digo yo, Es que el ritmo de los primeros versos está concebido para el baile y tiene que hacerlo sin aditamentos, sin que se vean los trajes regionales ni suenen las gaitas ni se ilumine el centro de la plaza. A solas y marcando sólo los acentos y las pausas que están en el verso, uno se siente a sí mismo, por dentro, bailando; no tiene que ver a nadie que baila.

  El teatro es otra cosa, ya digo. La dirección de las palabras, su trayectoria, son diferentes, su fuerza se canaliza de otra manera más física (centrífuga la llamé arriba y me parece buena la imagen). Un texto lírico interpretado sobre un escenario, ya es otra cosa, es espectáculo; y el que va a tener lugar mañana en los jardines de una Bodega de Osborne va a ser eso, todo un espectáculo maravilloso que va a entrar por los sentidos: el piano excepcional de Pedro Salvatierra, la voz de la jovensísima soprano, Elena Salvatierra, la genialidad de José Luis Alonso de Santos dirigiendo, los actores profesionales y los colaboradores aficionados... El resultado, en mi opinión, es magnífico. Alonso de Santos ha puesto mucho esfuerzo. El mío, más pequeño, HA MERECIDO LA PENA.

domingo, 17 de agosto de 2014

Maneras de mirar (15): El efecto mozartkugel en un poema de Antonio Praena

MÁS AL NORTE

Según se acerca nuestro vuelo al Polo Norte,
todas las referencias son inútiles.
Pierden su alcance los radares,
los números son cifra del vacío.
Un desmayo muy dulce nos embriaga,
una clara ignorancia definible
tan sólo por el verbo plenitud:
no sabes regresar y, sin embargo,
presientes ya tu patria.

               (Antonio Praena) 


 ¿Saben qué pasa cuando uno prueba por primera vez un bombón Mozart, uno de esos Mozartkugeln tan buenísimos que traemos de regalo cuando vamos a Salzburgo?  Que empieza uno disfrutando del chocolate y, conforme va adentrándose en él, descubre que dentro hay un núcleo inesperado, mucho más delicioso aún por lo sorprendente y porque el contraste con la expectativa creada multiplica el placer. Eso mismo ocurre con algunos poemas: se empieza leyendo unos versos, impresionado por su calidad, disfrutando del ingenio, la calidez, la armonía con la que se aborda un asunto y, conforme se avanza en la lectura, se va descubriendo un sabor, un tema, una perspectiva que es diferente, que ilumina las primeras palabras leídas con una luz distinta, nueva; y eso le da una riqueza significativa multiplicándose el placer intelectual. 

  Ese es el magnífico resorte del poema que traigo hoy a esta ventana.  Estamos ante nueve versos que empiezan como la crónica de un vuelo en avión. Se aborda ésta con un vocabulario propio de las ciencias tecnológicas: "radares", "referencias, "números", "cifra" incluso esa mención plural ("nuestro vuelo") parece aportar al texto el tono que adoptaría el cronista de la expedición. Así de impersonales e informativos parecen los cuatro primeros versos.
   En el verso quinto, el punto de vista va cambiando y con él el asunto: "Un desmayo muy dulce nos embriaga", dice , manteniendo el plural del cronista de esta aparente aventura compartida. Sin embargo, ahora el vocabulario deja de tener reminiscencias tecnológicas para asumir términos de claro antecedente místico: recuerden el "desmayo dichoso" de la Oda a Francisco Salinas de Fray Luis de León,o la "embriaguez mística" que otros mencionan. El lector va encontrando a partir de ahora referencias a lo que ha leído en ascetas y místicos. Esa "clara ignorancia" recuerda a la "secreta escala" o a  "sin otra luz ni guía" o ese "quedéme donde no supe" de los poemas de San Juan de la Cruz. Pero el efecto del poema va in crescendo, en un movimiento que la retórica llama climático porque apunta a una cada vez mayor intensidad emocional o clímax: el paso de la primera persona del plural es definitivo; con él se transforma la persona del poema en un directísimo "tú" ya en los dos versos finales, y el lector no puede escapar a la alusión, a la implicación emocional.
 Comprende el lector ahora que ese destino claro pero difícil(todas las brújulas señalan el norte, pero "las referencias son inútiles") no es, naturalmente, el Polo, aunque tampoco esta localización es la metáfora de cualquier meta en la vida, sino una muy concreta. Comprende el lector también  que la patria presentida, esa que no es de donde partes, sino adonde llegas sin saber cómo, es la patria para la que fuiste creado TÚ. 
  Y ahora la métrica. ¿Cómo apoya el ritmo este movimiento climático? El poema está constituido por siete endecasílabos blancos. Estos se ven abrazados por dos versos de distinta medida: un alejandrino (sabiendo que necesitaremos hacer una diéresis en vuelo para su justa pronunciación), verso amplio, como el recorrido del vuelo, que es el que abre el poema; y un heptasílabo final que lo cierra y sentencia lacónicamente las palabras del climax del poema ("presientes ya tu patria"). Y resulta que presentir la patria, esto es, la tierra del Padre, es la situación de la vía iluminativa en la que ascetas y místicos esperan y adivinan lo que pueda ser encontrarse más tarde en ella. Ese encuentro será la vía unitiva.

  Antonio Praena es dominico y profesor de la Facultad de Teología de Valencia además de ser un poeta muy joven que tiene en su poder varios de los premios más prestigiosos de poesía.

William Bradford

domingo, 10 de agosto de 2014

Las ciudades y la narrativa: Tren nocturno a Lisboa

   Hay ciudades cuya simple mención ya evoca un estado de ánimo.
   La importancia del lugar en el argumento y, sobre todo, en el tono de una obra narrativa es mucho mayor de la que imaginamos. Qué acierto el de Cervantes al empezar su novela universal localizando "en un lugar de la Mancha" el principio de las correrías de su hidalgo desquiciado. Tal vez sea esta frase, junto al shakespereano "to be or not to be" la más popular de entre todas las literaturas.  La Mancha respecto a El Quijote y el Tormes respecto a El Lazarillo son el resorte que sitúa sus respectivas tramas, no tanto en una geografía, como en un género y en una perspectiva. Lo hace una desde el propio título, la otra desde las primeras palabras del texto; pero ambas instalan al lector en un realismo claramente paródico de las novelas fantasiosas que tanto se estilaban en el siglo en el que fueron escritas. Sí, fue un gran acierto el de Cervantes.
   Decía ariba que hay ciudades que evocan un estado de ánimo. Eso es lo que me hizo pensar el título y las localizaciones de Tren nocturno a Lisboa. Decir hoy Manhatan, Orán, Berlín,o Kioto es predisponer a climas muy distintos; situar una acción en Lisboa hoy es evocar vestigios de nobleza devastada, de persistencia crepuscular; es imaginar tranvías antiguos, puertos de arribadas cansadas, anticuarios ancianos que invitan a una copa de oporto en su tienda: es señalar la nostalgia digna de lo perdido.
   El tema de la película es el de las películas de intriga y defensa de la libertad que habitualmente hemos visto enmarcado en la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial, pero, en este caso, lo encontramos ubicados en la dictadura salacista (de hecho, me llama mucho la atención que al grupo de los jóvenes opositores en la clandestinidad se les denomine continuamente "La Resistencia": es la primera vez que veo el término aplicado a la oposición salacista). Lisboa es un cambio sentimental importante. Se subraya  el compromiso con la vida a partir de una trama de amores y celos y, sobre todo, de una segunda línea de acción en claro contraste: la de un viejo profesor de vida anodina que, cuarenta años después, descubre la historia y, subyugado por tanta vida bordeada siempre (¿o diré mejor "galardonada"?) por la muerte, nos lleva a conocer poco a poco aquellos hechos.
  La película es lo que es porque está aderezada por dos ingredientes: por las brevísimas citas de unos poemas en prosa y, sobre todo, por un truco subrepticio: la ciudad de Lisboa con sus calles estrechas, sus cuestas y tranvías, su paisaje decadente, sus palacios que guardan el fósil de la vidas.  
  Ya ven por qué he empezado hablando de la importancia de la ciudades en la narrativa.