sábado, 4 de abril de 2015

Mañana de Viernes Santo

   Ha habido años, los de la inmadurez, en los que el horror al sufrimiento hacía que la oración ante el Sagrario abierto se convirtiera en un acompañamiento hasta las puertas del dolor. Sólo hasta las puertas, porque yo me quedaba fuera, rechazándolo. Tanto me repelía. Mi oración consistía entonces en repetir, a modo de jaculatoria: "quedaos aquí y velad conmigo, quedaos aquí y velad conmigo, quedaos...". Rechazaba así el padecimiento, como los discípulos en el Monte de los Olivos, manteniéndome a una distancia prudente.
   Este año, sin embargo, he sentido un enorme consuelo delante del Monumento la mañana del Viernes Santo: la certeza irracional e insólita de que sus sufrimientos justifican los sufrimientos de aquellos a quienes quiero aquí... Ha sido como entrar intuitivamente en el misterio del dolor y llenarme de paz y de confianza.

Chagall

2 comentarios:

maria jesus dijo...

Resucitó! Feliz Pascua

Inmaculada Moreno H. dijo...

Feliz Pascua, María Jesús.