sábado, 21 de marzo de 2015

Día 21 y lloviendo

      Aquel día (no el que ella se fue, sino el que guardamos su cuerpo)llovía desaforadamente y era, más que este, frío y gris. Dicen los astrónomos que hace ya unas horas que empezó la primavera (parece que fue anoche a las 23:45 cuando la estrenamos). Y yo quiero ver en esto una esperanzadora alegoría.


Gina Brown




domingo, 15 de marzo de 2015

Del otro efecto mariposa

   Hoy acaba el Festival Iberoamericano de Poesía en Cádiz y, por segunda vez, me quedo sin oír a los poetas. Siento no haber escuchado a los amigos de aquí y a los invitados de fuera (este año, poetas chilenos): un familiar ha andado mal de salud (ingreso hospilalario incluído) y no ha podido ser.  
  En lo que sí he podido tomar parte, eligiendo los tres cuartitos de hora que mejor me cuadraban, ha sido en la convocatoria de oración que ha lanzado el Papa Francisco.  Si hay algo en lo que confío plenamente es en la fuerza que tiene la unión de la voluntad de muchas almas (muchas mentes, muchos corazones).  De hecho, la primera vez que oí hablar del´"Efecto Mariposa" me pareció una obviedad enorme. Los creyentes llevamos siglos sabiendo que una oración aquí, un esfuerzo para el bien allá, son bendiciones (energía positiva lo llamaría mi amiga Manuela) que no pasan desapercibidas en absoluto, sino que genera salvación y bien incluso en lugares y tiempos remotos. 
   Por eso me dio una enorme alegría poder estar en la iglesia de la Cartuja de Jerez en medio del silencio habitado, del silencio fértil, de varias decenas de personas. La voz dulce y decidida de las hermanas encabezaba, con brevísimas frases, la dirección de nuestro pacífico grito silencioso por todos los hombres -por cada uno de los hombres- a ratos, o en alabanza al Creador y Sostenedor de la vida en otros momentos. Era impresionante.
   E. se sorprendió mucho de este tipo de oración, quizá porque las emociones juegan en ella un papel tan importante. Yo reconozco que estas pueden ser díscolas y caprichosas como un adolescente, pero existen en nosotros, seres humanos, y además son poderosas. Encauzar nuestros deseos de paz, nuestras súplicas, la belleza de la música -la armonía de la música que construye armonía fuera de ella-, la expresión de la alabanza con el corazón lleno... todo eso es la oración del ser humano completo: cerebro, voluntad, cuerpo (oídos, cuerdas vocales...). Esta es la implicación que Dios nos pide de nuestro Libre Albedrío para que, en plena acción de la Comunión de los Santos, venga Su Reino: veinticuatro horas por todo el planeta de este incesante y casi imperceptible aleteo de mariposa tiene que dar fruto.

Petko Naydenov

domingo, 8 de marzo de 2015

Los domingos, sobre todo

   Me estoy acostumbrando a la mañana. Los domingos sobre todo me gusta levantarme y escuchar el todavía-silencio de las cosas; palpar casi esa especie de larguísimo desperezo con el que van despabilándose despacio los ruidos. 
   Los primeros son los pájaros.
   Una lejana algarabía de coches viene más tarde, o es más tarde cuando la siento. Da pudor arrastrar una silla, hacer tintinear el bote del café o entrechocar las tazas en la alacena. La luz ocupa entonces la quietud y se expande, calmosa e indolente como un gato mimado, por entre los silencios de la casa. Llega, al fin, el rumor doméstico de los vecinos y una agradece ese rastro de la continuidad igual que el café caliente, o que la primera brisa.
   Sólo después suena el teléfono.

W. McGregor Paxton

domingo, 1 de marzo de 2015

Música clásica y cosmética capilar

   A raíz de haber visto anoche uno de esos recogidos cuidadosamente despeinados que tanto me gustan, he pensado que hacemos mal subestimando la importancia de las modas del cabello, que encierra mucho el mundo de las extensiones, los rulos y los cortes a la moda. La arquitectura aparentemente anárquica de aquel peinado me llevó al juego de asociación de ideas ese que evoqué aquí hace muchas entradas. Si un canon barroco es una trenza y un vals es un bucle, aquel peinado era, sin duda, ¡música atonal contemporánea! Tenían ustedes que haber estado en cierto concierto en Berlín: a Josefina y a mí se nos ocurrió sacar entradas. Poco después de ocupar nuestro lugar, un chico de negro riguroso salió y se puso a afinar el piano, de pie, volcado sobre el arpa de acero del instrumento. Eso nos pareció raro, pero se lo atribuimos al carácter aparentemente informal de todo. Lo comentábamos poniéndolo en relación con la decoración del escenario, plagado de girasoles como dejados al tuntún... Hasta que los del palco vecino nos mandaron callar. ¡Aquello era ya el concierto! 
   Naturalmente estas correspondencias entre la moda del cabello y las corrientes musicales y artísticas solo tienen efecto sobre estas corrientes en abstracto, no sobre sus cabezas concretas: está claro que Beethoven, con sus mechones largos a medio desenredar, hace honor al movimiento al que pertenece: el primer Romanticismo, pero entonces Falla -y el propio Góngora, en Literatura-  habrían de ser minimalistas y eso sí que no.  




lunes, 23 de febrero de 2015

Querida Jose

   No sé qué extraña vida es la de quienes se nos van, ni qué nuevos caminos se nos abren con ellos; pero se abren, Jose, y de par en par.
  Yo lo he sabido, lo sé. Serán duros los días que están por venir, pero estate atenta: una nueva hermandad, una hermandad distinta y más completa vas a vivir ahora.

   Gustav Baumann

domingo, 15 de febrero de 2015

Maneras de mirar (19): María Victoria Atencia y un monólogo dramático


MARTA Y MARÍA 
 
Una cosa, amor mío, me será imprescindible 
para estar reclinada a tu vera en el suelo: 
que mis ojos te miren y tu gracia me llene; 
que tu mirada colme mi pecho de ternura 
y enajenada toda no encuentre otro motivo 
de muerte que tu ausencia.

Mas qué será de mí cuando tú te me vayas. 
De poco o nada sirven, fuera de tus razones, 
la casa y sus quehaceres, la cocina y el huerto. 
Eres todo mi ocio: 
qué importa que mi hermana o los demás murmuren, 
si en mi defensa sales, ya que sólo amor cuenta. 
 
       (María Victoria Atencia, Marta & María, 1966) 



 Hace un par de meses escogí este poema para homenajear a MªVictoria Atencia en una lectura pública. Los destinatarios, miembros de un club de lectura que tenía su sede en la biblioteca, eran mayoritariamente mujeres de mediana edad para arriba. El poema es magnifico, pero, además, el asunto y el tono que adopta la voz femenina me parecieron especialmente indicados para aquel momento. Hoy he querido "mirarlo" aquí, con vosotros.

 El poema consiste en un monólogo dramático, uno de esos que estudió Langbaum (1) al caracterizar cierta poesía británica del XIX. En estos hay siempre un doble juego: cuenta saber qué personaje habla en el poema y cuenta muchísimo la identificación que sea capaz de hacer el lector con tal personaje. El egocentrismo romántico se diluye con esta técnica y el impudor sentimental es aceptado por los lectores contemporáneos sin cortapisas; esa es la clave poética de esta técnica que en el siglo XX ha dado tantos buenos poemas en la literatura española (Cernuda, Gil de Biedma, Guillermo Carnero, Anibal Núñez...) y también en toda la Literatura europea (Cavafis tiene algunos fabulosos). Aquí habla María, el personaje del Evangelio de S. Lucas, la hermana de Marta y de Lázaro, y su interlocutor es Jesús de Nazaret. Mis oyentes talluditos lo veían de inmediato, pero los más jóvenes supieron también reconocer la entrega de un amor sincero y desinteresado. Los primeros disfrutaron más el poema, claro, porque estos versos iluminan a María y, por ende a todo el Evangelio, con una luz nueva (y en eso consiste el arte, no lo olvidemos, en presentar con luz inédita la realidad).

  Siempre admiré en Atencia la altísima poesía que sabe extraer de los elementos más humildes y cotidianos. Estos versos son un bonísimo ejemplo: la poeta envuelve la escena en "la casa y sus quehaceres", en "la cocina y el huerto", en el tierno y coloquial dativo ético de ese "tú te me vayas", en las murmuraciones a las que son tan proclives todas las comunidades estrechas... Lo hace, además en un todo equilibradísimo en el que la fuerza del amor no es una conmoción violenta, una marejada, sino una pleamar de plenitudes.

  La forma del poema cuenta, claro está. Fíjense que la palabra "amor" sólo aparece dos veces y lo hace para enmarcar el poema: en el primer verso y como penúltima palabra. Los armónicos y amplios alejandrinos se convierten en un todo que encierra un movimiento como de ola en dos estrofas, y así vemos la satisfacción que da la contemplación de la persona amada de los primeros versos (ola que llega e inunda en abundancia serena), hasta la posibilidad de la ausencia que está expresa en el verso final de la primera estrofa. Este incluye la palabra "muerte". Muerte y ausencia aparecen juntas en sólo siete sílabas, el verso más corto de la estrofa (y percibimos ese vacío como de ola retirada). La segunda estrofa empieza con esta ausencia temida: "Qué será de mí cuando tú te me vayas" (!y qué delicioso el juego de los pronombres con el dativo ético!), sigue aún en el verso siguiente la sensación de privación y abandono con esos "poco" y "nada" ("de poco o nada sirven...")  para esperar la nueva carga aún más plena del oleaje y terminar con un absoluto "sólo amor cuenta". Y se subraya fónicamente la abundancia, con esas vocales abiertas y definitivas.  Contrasta esta rotundidad de las oes y las aes  del final del poema con las íes agudas, con su sonoridad casi infantil de la palabra "imprescindible"en el primer verso. Es en este verso final, sin embargo, cuando las vocales redondas muestran el amor más sencillo y más pleno, como un tsunami pacífico y definitivo.





Henry Ossawa Tanner

(1) The Poetry of Experience: The Dramatic Monologue in Modern Literary Tradition (Nueva York, Random House, 1957). Con qué cariño guardo un ejemplar de una reedición británicadel mismo. No es ningún raro, pero lo compré con enorme ilusión hace casi 20 años en una librería de viejo londinense.