domingo, 23 de marzo de 2014

Maneras de mirar un poema (12): "La rosa"

LA ROSA

Abrázate con desesperación 
a las rosas que existen.
las otras son mentiras, son
espinas que se clavan sin sentirse.
Inasibles fragancias, la razón
de fantasmas vagando por jardines
falsos. La carne es fría si el amor
no la quema con largas cicatrices.
Agarra bien lo que en el corazón
entierra su verdad y echa raíces.
Tu vieja flor del tiempo en el dolor,
la rosa verdadera en lo que vive.

        (Ängel Mendoza)

   Llevaba tiempo queriendo volver a la carga, con las "Maneras de mirar" sobre todo, pero también con decenas de cosas que no fueran las urgencias estas cotidianas que me dejan en suspenso y acrecentándose las ganas de la poesía. En fin, el domingo me permite este ratito para lo innecesario y lo demorable (lo innecesario y demorable suele ser lo que acaba ganando dentro de una prestigio y, paralelamente, avidez. 
   Llevaba ya como dos semanas queriendo asomar a esta ventana el poema que me hizo exclamar una frase de admiración cuando lo leí. Es éste de arriba y pertenece al último libro de Ángel Mendoza. Sus versos recrean, libre y sabiamente, el tópico del collige virgo rosas, con su descripción de la belleza pasajera y su modo verbal imperativo como foco central del poema, como mandan los cánones del tópico referido; pero Mendoza lo revisa introduciendo dos verdades necesarias que lo hacen más universal (más aún que el tópico de Ausonio) y más ético. Esas dos verdades son: por un lado, la extensión del consejo a los dos sexos (dos "géneros" dirían ahora los semianalfabetos anglicistas metidos a ideólogos); por otro lado, la otra verdad es no cifrar la felicidad en el goce pasajero, urgente, del momento (ay, las urgencias de nuevo...), sino ampliarla a una dicha serena que se extiende en el tiempo.
   Respecto a lo primero, no olvidemos que en el tópico clásico la voz del poema es la de un varón que "lleva sus miras" cuando le dirige el sermoncito a una mujer joven y bella. Nada de eso hay en este poema que podría estar en boca tanto de una mujer como de un varón y cuyo fin no es sospechoso de ser el de satisfacer ninguna intención egoísta. 
  Respecto a lo segundo -la extensión del mandato de ser feliz-, el poeta parece sustituir ese "coge" ("collige") imperativo y urgente ("dum flos novus et nova pubes" = mientras es nueva la flor y nueva la juventud) por un "Agarra bien lo que en el corazón / entierra su verdad y sus raíces" (y recuerden los lectores no andaluces que en esta tierra "agarrar" se dice como sinónimo de "echar raíces").
  Fíjense en que la oposición de Ángel Mendoza no es juventud+ / vejez-, como mantenía el tópico clásico, sino verdad+/mentira- ("entierra su verdad" / "las otras son mentira"), esto es, realidad / entelequia. 
  Conserva Ángel Mendoza la ligazón con la clasicidad usando verso rimado, sin dejar ninguno suelto, aunque él lo suaviza usando asonancias en lugar de las consonancias que le son originarias al tema en español. Mantiene también esta ligazón a lo clásico usando la acentuación propia del endecasílabo italiano (aunque forzando un pelín el primer verso, pero eso no le quita un ápice de armonía al conjunto). Lo hace mezclando el endecasílabo con heptasílabos y eneasílabos, pero es que esta es la forma más habitual del verso libre en español desde que Juan Ramón la consagrara en su Diario de un poeta recién casado, en la segunda década del siglo XX.
   Y aqui lo dejo. Ha sido tan solo un apunte para conseguir dos cosas: una, disfrutar aún más del poema avisando de su sabiduría; otra, repensar la belleza, sí, pero también repensar la relación entre verdad y dolor. 
   Y... eso, que ya lo dejo, querido lector; ya lo dejo donde tiene que estar: en tus manos.


 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha gustado el poema y aún más tu forma de explicarlo. Me encantaría ser alumna tuya.

Inmaculada Moreno H. dijo...

Gracias. No estaría mal que fuese yo alumna tuya.