miércoles, 16 de abril de 2014

Minorías, semejanzas, Kaléko

   Hoy me ha dicho E que, según nosequién, los investigadores se acaban pareciendo a sus investigados. Se refería a la investigación universitaria humanística, claro.  Cree que es así, principalmente, porque uno suele elegir para estudiar a aquellos personajes con los que tiene alguna afinidad. Le parece que eso me pasa a mí con Macha Kaléko: que compartimos cierta actitud ante la vida y no pocos rasgos de temperamento. Valentía y sentido de la independencia, mezcladas con vulnerabilidad, es lo que ve en ambas. Yo pienso que compartimos también una férrea voluntad de salvar los obstáculos de la incomprensión; esa es una constante que se deja ver en la obra de Kaléko. Ella, judía en la Alemania del antisemitismo nazi, tuvo muchas razones para sentirse distinta e incomprendida y esa honda soledad trasmina todo lo que escribe. Mis razones, en cambio, no son genéticas; no sé qué raro mecanismo mental hace que yo no pueda dejar de sentirme en minoría -minoría de uno muchas veces-.


4 comentarios:

Moisés dijo...

No conocía a Kaléko, pero cuando alguien habla así de un autor no puedo resistir buscar y leer algo.

En tu honor!

Un saludo.

Inmaculada Moreno H. dijo...

Gracias, Moisés. Creo que te gustará mucho. Hay en español varios poemas en la red(algunos son traducciones mías ;-)).

Un saludo cordial

Moisés dijo...

Dicho y hecho. Tiene ese encanto crepuscular de una Europa ya perdida. Me recuerda un poco a Irène Némirovsky biográficamente, claro está, y un poco en el estilo. Enhorabuena por tu trabajo. Siempre he pensado que debería traducirse más autores extranjeros totalmente desconocidos en nuestro país.

Un fuerte abrazo.

Inmaculada Moreno H. dijo...

Sí, salieron de ese periodo triste de Europa unas mujeres fuertes que supieron canalizar el dolor hacia la litertura (también Marina Tsvetáieva). El puro sufrimiento no les permitió vivir mucho tiempo.
Un abrazo.