martes, 8 de octubre de 2013

Asunto de neuróticos...

   Oí hablar de Víctor Botas por primera vez allá en el verano de 1994, creo  -¿o fue en el 95?-. Lo mencionó García Martín en Medina del Campo no sé si en su conferencia o en las conversaciones durante las comidas de aquellos cursos de verano que organizaba la Universidad de Valladolid. Yo no sabía por entonces que tal poeta existiera, ni que su obra me iba a parecer tan admirable cuando lo leyese, aunque ha ayudado a mi entusiasmo por su poesía reconocerla tan borgiana y tan clásica (lo uno implica lo otro, por supuesto); su verso, tan elegante, tan preciso, tan agudísimo.  Lo traigo hoy a esta ventana porque me ha prestado E su Poesía Completa en la edición que ha sacado La Isla de Siltolá hace apenas un año -por cierto que qué bellísimo es el volumen físicamente y qué acertado en su contenido al excluir aquella parte de la obra poética que el autor no quiso prodigar-. El libro incluye el prólogo que el propio Botas escribió para tal compilación de su obra en 1993, breve y certerísimo, espléndido como es su poesía. De él extraigo estas palabras con las que describe sus inicios de poeta y, de paso, como quien no quiere la cosa y en dos brochazos rápidos, nos deja su propio canon y da un repaso crítico a la poesía bastante atinado -aunque a lo de Juan Ramón le pondría yo alguna excepción, desde luego-:
   "La poesía, que es inmortal y pobre, es además asunto de neuróticos, escuela de parásitos, nido de pedigüeños y fácil coartada para lucimiento (siempre queda bien poner un poeta en cualquier acto oficial) de políticos abecedetos. En lo que a mí atañe, sospecho que me alteró el espíritu y poco a poco me fue llevando a una casi perfecta inutilidad, con el consiguiente coste económico que semejante situación conlleva.  
(...)la poesía -la literatura,mejor- me tenía enganchado, cogido a base de Virgilios, Quevedos, Cernudas y demás embaucadores. Y esto desde muy atrás, desde los quince o dieciséis años de mis lecturas de Kipling y Salgari. Yo quería imitarlos, ser como ellos, y Shere Khan, el tigre de mi infancia, seguía deslizándose sigiloso desde los vericuetos de mis meninges ya treintañeras.

   Para colmo de males, una tarde de invierno, en León, me topé con Borges, que también hablaba de tigres, que no era un fanfarrón verbal como Neruda, ni un cursi como Juan Ramón, ni un monótono blandengue como Salinas. Borges fue la puntilla..."

8 comentarios:

alberto boutellier dijo...

Solo me pregunto: ¿Por qué entre los buenos escritores existe ese, digamos desdén, hacia sus colegas, hasta el punto de llamar cursi a Juan Ramón, que a lo mejor lo era, como otro puede ser pedante, juerguista o fumador. Creo que destacando "fallos" humanos, se intenta rebajar la categoría artística del colega. Como me han fastidiado las alusiones, he olvidado la poesía de Botas que la desconozco.

Inmaculada Moreno H. dijo...

No, Alberto, no prescindas de Botas que es un poeta excelente.
Supongo que hay que entender sus afirmaciones de manera relativa... Él habla del descubrimiento de Borges que es tan parco, tan dado a los conceptos y a la emoción racional (no sé si me explico bien) que, a su lado, Juan Ramón parece cursi por su insistencia en lo sensitivo o en lo etéreo...
No te pierdas la poesía de Botas por eso, creo que te encantará.

Fernando dijo...

Uy, cuánta auto-crítica del autor.

No sé si el párrafo final lo escribió en serio o con ironía, Inmaculada.

¿Qué quieres decir con que hubo una parte de la poesía "que no quiso prodigar"? ¿No la llegó a publicar?

alberto boutellier dijo...

Inmaculada, te explicas perfectamente.Intentaré buscar en internet algo de su poesía y no dudes que te comentaré mi impresión. Muchas gracias.

Inmaculada Moreno H. dijo...

Bueno, Fernando, yo creo que puede haber algo de simplificación cuando se refiere a estos grandes poetas, porque él lo que quiere es destacar las grandes virtudes de la poesía de Borges: que no es blandengue ni cursi ni por asomo.

Gracias, Alberto. Espero que te guste y, en todo caso, que podamos comentarlo.

alberto boutellier dijo...

Me acerqué por la obra de Víctor Botas y, a medida que he ido leyendo sus poemas, al tiempo que entusiasmarme, me he sentido identificado con su exigencia y su inconformismo. Tengo que seguir descubriendo a través de sus mensajes y mi aprendizaje a leer, un estilo natural y sin brindis al artificio.
Te dejo este sencillo poema que habla de su tiranía exigente consigo y con los demás.

De este millar y pico

De este millar y pico
de libros que celosamente guardan
los anaqueles de mi biblioteca,
apenas diez
o doce
merecen ser nombrados. (Tu mirada
me falta;
de otro modo
toda literatura sería inútil)

Gracias Inmaculada por tu recomendación. Un abrazo

Inmaculada Moreno H. dijo...

Gracias, Alberto.
Cuánto me alegra que a ti también te guste Botas, y que hayas elegido este poema
Y me has dado una idea: ahora es muy tarde, pero mañana sacaré un rato para comentarlo en esta ventana en la serie "Maneras de mirar"
Qué bien.

alberto boutellier dijo...

Estoy espectante, Inmaculada.