Lo compré hace bastantes años en un tenderete de libros viejos de no sé qué ciudad extranjera, no lo recuerdo, pero sí recuerdo que estaba mezclado con noveluchas intrascendentes en papel ínfimo y que me pareció escandaloso que su precio fuese el mismo que el de toda aquella quincalla editorial. Hablo de una preciosa edición de 1.200 ejemplares numerados (el mío es el número 24), en tinta sepia y con filigrana verde muy bella en muchas páginas, aunque la del frontispicio es delicadísima. La cubierta, piel verde con letras y filigrana en oro. Se trata de un libro pequeñito con lo que creo que son dos aguadas de Elena Felici reproducidas en el interior: mi preciosa, bella edición bilingüe alemán-italiano de Il mare del nord de Heine (Angello Signorelli editore, Roma, 1966). Sé también, porque recuerdo mi extrañeza, que esa ciudad extranjera en la que lo encontré no era italiana.
De este bello libro extraigo hoy un poema que he buscado a conciencia por aquello de haberse iniciado ya la cuaresma y porque sé que en su momento me extrañó esta visión tan alegremente triunfante de "la purificación" al principio del siglo XIX; y, además, porque el poema en sí merece sobradamente este recordatorio por mi parte:
REINIGUNG
Bleib du in deiner Meerestiefe,
Wahnsinniger Traum,
Der du einst so manche Nacht
Mein Herz mit falschem Glück gequält hast
Und jetzt als Seegespenst
Sogar am hellen Tage mich bedrohest -
Bleib du dort unten in Ewigkeit,
Und ich werfe noch zu dir hinab
All meine Schmerzen und Sünden
Und die Schnellenkappe der Torheit,
Die so lange mein Haupt umklingelt,
Und die kalte gleissende Schlangenhaut
Der Heuchelei,
Die mir so lang die Seele umwunden,
Die kranke Seele,
Die gottverleugnende, engelverleugnende,
Unselige Seele -
Hoiho! Hoiho! Da kommt der Wind!
Die Segel auf! Sie flattern und schwell´n!
Über der stillverderbliche Fläche
Eilet das Schiff.
Und es jauchzt die befreite Seele.
(Heine)
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PURIFICACIÓN
Quédate en tu abismo marino,
sueño demente
que atormentabas ciertas noches
mi corazón con falsos goces
y ahora,como fantasma del mar,
hasta en el claro día me amenazas.
Quédate allá abajo para siempre;
ya te lanzo también
todos mis dolores y pecados
y el gorro de la estupidez
que hacía resonar mi cabeza,
y la fría, relumbrante piel de serpiente
de la hipocresía
que me ha retorcido el alma,
el alma enferma,
el alma desdichada
que renegó de Dios, renegó de los ángeles.
¡Eh! ¡eh! ¡Viene el viento!
¡Velas arriba! ¡Que flameen y que ondeen!
Sobre la superficie corrupta
vuela el barco
y se alboroza el alma liberada.
(la traducción es mía)
Hopper
4 comentarios:
Precioso, Inmaculada. Gracias.
Gracias a ti siempre, es una suerte poder contar con tus atentos comentarios.
Tus entradas siempre dan luces a los lectores.
Me pregunto si el alemán rein y el inglés rain tienen que ver etimológicamente. Sería muy poético.
Queda muy bien (porque se nota que es verdad) que no te acuerdes de la ciudad extranjera donde compraste el libro.
Gracias, Eduardo. No se me había ocurrido, pero es muy posible, dado el parentesco entre las dos lenguas. Como bien sabes, llover en alemán es regnen, y entre este verbo y reinigen, (que es limpiar o purificar), parece que fonéticamente no hay nada que una síncopa lingüística no pueda explicar. Y, sí, sería hermoso que llover tuviera el mismo étimo que limpiar. La lluvia interpretada como limpiadora de las cosas, y de nuevo esta imagen ancestral del agua ahogando por un lado lo malo en su abismo, pero el agua limpiando y haciendo germinar la vida... Un punto más de esperanza.
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