Hace ya mucho tiempo (uff, tal vez demasiado), cuando yo estudiaba en la Facultad, se nos ponía como ejemplo de sexismo lingüístico la oposición clara que existía entre "hombre público" y "mujer pública". Ya ven qué cosas. A la luz de lo que estamos viendo no tiene visos de que sea la lengua la que esté cambiando y remodelando la sociedad, como parecían creer los que pretendieron arreglar la desigualdad con patadas a la Gramática. Me temo que es la realidad social la que va por delante haciendo que las connotaciones de las palabras varíen sustancialmente. Eso se me viene a la cabeza viendo la que está cayendo en España con ciertos responsables políticos y sindicalistas (y conste que me parece injusta, triste y hasta peligrossa la generalización del descrédito)...
Indudablemente - y eso sí que sí- pese a que las expresiones "hombre público" y "mujer pública" resulten ya bastante pasadas (demodé que se decía entonces), todos sabemos que entre putas y políticos sigue existiendo un abismo en el terreno de la reputación... Y hoy no tenemos la menor duda de a favor de quiénes se decanta.
Indudablemente - y eso sí que sí- pese a que las expresiones "hombre público" y "mujer pública" resulten ya bastante pasadas (demodé que se decía entonces), todos sabemos que entre putas y políticos sigue existiendo un abismo en el terreno de la reputación... Y hoy no tenemos la menor duda de a favor de quiénes se decanta.
Grosz
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