lunes, 28 de octubre de 2013

Sobre Atenas

   Leo pausadamente Atenas, de Juan Vicente Piqueras, y celebro la iluminación honda de unos poemas que desmenuzan ese vértigo leve, esa sensación de resaca marina que dejan las mudanzas -con su aceptación del espacio-sorpresa-  las arribadas, las esperas, pero también los abandonos. Como iconografía natural del libro, el mundo de la antigua Grecia insinuando laberintos, penélopes y oráculos (presentes, pasados y futuros), pequeñas conmociones que propicia todo destino, todo viaje. Piqueras no habla de Grecia mientras menciona a Grecia. Habla de mí.

   Echaba yo ya en falta esta clase de sorpresa del espíritu, que es el efecto de la auténtica poesía: impensadas complicidades. El poeta parte hacia Atenas y su geografía limítrofe, al comienzo del libro, como quien desata amarras para adentrarse en el mundo de los mitos que fueron suyos siempre pero que estaban lejos. Abandonará también al final ese espacio, pero...

     "Ya lo dijo Plutarco:
      Cuidado con las cenizas"
                  (pág. 57)


3 comentarios:

Enrique García-Máiquez dijo...

"Impensadas complicidades". Qué impensada complicidad, muchas gracias.

Fernando dijo...

¡Uy!!!!

Hace años que no siento que el libro que leo hable de mí.

Quizá debiera reorientar mis lecturas.

Me alegro de que te gustara, Inmaculada.

David dijo...

Me gusta leer distintos libros y por eso en internet suelo encontrar informacion variada sobre las lecturas recomendadas. Muchas veces suelo conseguir ofertas de hoteles en argentina que voy allí, siempre con un libro a mano