lunes, 28 de enero de 2013

La mirada de Juan Carmona


   El sábado estuvieron Juan Carmona y Ángel Mendoza en casa.  Juan venía a traerme el cuadro (no he podido subirlo a esta entrada por mi impericia como fotógrafa). Pasé un rato verdaderamente gustoso con la conversación que iba de la pintura y la literatura a los amigos y a los planes inmediatos. Juan habla -como los flamencos, dice él- del pellizco en la obra de arte: Juan es un artista.
  Dos días después, mirándolo aquí, en casa, el cuadro ya no me parece tan luminoso como cuando lo vi por primera vez y, sin embargo, tiene mucha vida, vida terruñera, calidez. Juan es un pintor oscuro pero, como yo tampoco soy especialmente colorista, emotivamente hablando, ese cuadro me llamó desde la pared en que estaba expuesto porque contagiaba un calor que necesito cerca; ya se entiende que para contrarrestar. Es que es un paisaje que abraza. No hay cielo azul y todo él es marrones -marrones a veces muy anaranjados- y verde. Una breve hilera de casas no blancas del todo (el blanco hubiera supuesto una herida estridente en la armonía de los colores)  actúa a modo de casihorizonte entre el marrón de los tejados de la parte inferior del cuadro y el verde del huerto de árboles y el bosque que se inicia en la esquina superior izquierda...  Hay algo medio cubista en esta extraña perspectiva: los tejados, marrones, abajo; la tierra, parcheada de verdes, en la parte superior del cuadro.  Y algo también voluntariamente inocente que no está en otros cuadros de Juan. La mirada del artista, contempla desde cierta altura y envuelve de calor la tierra, lo cotidiano, y los ama. ¿Será que mi pellizco viene de que me ofrece la perspectiva que yo quiero tener sobre las cosas? 
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(Dejo esta entrada sin imagen hasta ver si consigo captar la del cuadro).

4 comentarios:

Fernando dijo...

Me das envidia, Inmaculada.

...

Qué curioso. Leyendo el post me he acordado de la última peli que he visto, En la casa. Una galerista explica la gran innovación: el pintor pinta un cuadro, lo describe minuciosamente en una grabación para que el espectador, al oír el sonido, vea el cuadro, y tras hacerlo lo destruye.

Inmaculada Moreno H. dijo...

¿Envidia? Se me ocurre pensar que por eso el pintor del cuadro lo destruye después de "decirlo", de pasarlo a palabras, quiero decir. Seguramente la vida narrada parece mejor y también la pintura (en el caso de la peli, claro; el cuadro de Juan es estupendo).

Gonzalo dijo...

¿Es necesaria la imagen? Está tan magistralmente descrito que yo,(pobre de mi)lo he visto.

Inmaculada Moreno H. dijo...

Gracias, Gonzalo. Qué bonito eso que dices.