miércoles, 24 de julio de 2013

Maneras de mirar (4): "Según se escribe" de Javier Almuzara

   
     SEGÚN SE ESCRIBE

       Habla la tinta
       del amor y la muerte,
       yo sólo tiemblo.

       (Javier Almuzara)


   Tres brevísimos versos bastan a Almuzara para encerrar lo que en un manual de Teoría Literaria abarcaría un largo capítulo, cuando no todo un tomo. Pero resulta que Almuzara, además, no sólo nos enseña racionalmente en qué consiste el acto creativo, sino que, como cabía esperar, lo demuestra (por eso el texto es un breve poema y no un ensayo, claro).

    Estos versos dicen con nitidez que ellos ("la tinta") son el poema y sabemos que un poema escrito es una obra inamovible y pública; frente a la poesía que es la que genera el poema y que es un acto íntimo, privado, esto es, un temblor personal (Almuzara no lo dice, pero la poesía también se suscita cuando alguien lee un texto poético). El poema, es decir, "la tinta" "habla" porque es una construcción cuyos elementos constitutivos son las palabras, palabras fijadas; la poesía en cambio es dinámica, no permanece, sino que se renueva con variantes en cada lectura porque cada emoción es irrepetible. Un poema es, pues, el vehículo de la poesía. En este contexto, la expresión "sólo tiemblo" no deja de ser una paradoja de modestia, ¿cómo que "sólo"? La poesía es ese temblor, "hablar" "del amor y de la muerte" no constituye un poema sin él, como hablar de en qué consiste escribir un poema (que es lo que hacen estos tres versos) tampoco constituye poema, claro. Por eso yo diría que la clave estilística de estos versos está en esa paradoja de modestia que, además constituye un cierto doble sentido (disemia) muy interesante porque es una imagen del movimiento de escribir que es menudo, humano, sale de dentro, se refleja en las manos...

   El título de estos versos tampoco es baladí: es importante saber que, lo que se dice en esos tres versos, se dice respecto al punto de vista del escritor del poema. Se me ocurre que defender el temblor de quien escribe es defender la verdad de su emoción origen, porque todos sabemos que la anécdota en que se sustenta un poema puede ser ficticia, no así la emoción. Ésa tiene que ser verdadera. El temblor ha de estar en el origen del poema, en él radica la poesía. Los mismos versos de Pessoa que desataron en los años 80 toda una exacerbación del carácter ficticio de la poesía, continúan de un modo que a veces olvidamos:
   "El poeta es un fingidor,
finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente"
    La negrita, naturalmente, es mía. Un poema que no se sustente sobre una emoción auténtica se queda en un artificio de retórica interesada. La necesidad de esta verdad peculiar de la poesía la defiende muy bien Auden en su ensayo "Writing". Lo he buscado y las frases de Auden podrían traducirse así:
    "Un poeta está continuamente tentado de hacer uso de una idea, una creencia, no porque sea verdadera, sino porque vea que tiene posibilidades poéticas interesantes. Puede que no crea en ello pero sí es necesario que sus emociones estén profundamente implicadas"
    No puede estar más clara la importancia de ese temblor (y la negrita vuelve a ser mía, pero fundamental).

   Por otra parte, no debemos nunca olvidar la importancia que tiene la forma del poema para su completo significado: La métrica es la ortodoxa del haiku en español. Pero el poema no es un haiku, no un haiku con todas la de la ley, porque no recoge la impresión de un momento de la naturaleza. ¿O sí?. Y además ¿no es el principio de la poesía  -la que queda encerrada en un buen poema, como lo es en un buen haiku-  el resultado de una emoción más o menos fugaz que alguien fija con palabras?   



                                                          Kaigetsudô Koshin

5 comentarios:

albouca dijo...

Gracias Inmaculada por este análisis del que destaco: “El temblor ha de estar en el origen del poema”, al tiempo que reconozco la importancia de decir mucho en pocas palabras, como el extracto de un perfume es capaz de hacer con las sensaciones. Por tanto deduzco que la métrica del haiku es lícito usarla no solo con referencia a la naturaleza.

Inmaculada Moreno H. dijo...

Querido Albouca, en el arte es lícito todo, pero cuando uno transgrede sus cánones debe procurar hacerlo voluntaria y conscientemente. La ignorancia y el error cantan mucho.

Y, claro, lo canónico de un haiku es que capte un momento de la naturaleza en presente como bien sabes.

Eugenio Martínez dijo...

Vamos a ver queridos Inmaculada y Alberto. Yo cuando ecucho cantar a Alfredo Kraus me siento transportado al quinto cielo. Y como ya no puedo disfrutar de: "Salinas, cuando suena/ la música extremada,/ por vuestra sabia mano gobernada." Pues tambien me conformo con menos y tambien puedo disfrutarlo. ¿Es que hay que moverse, siempre, dentro de los "canónicos cánones"? ¿No hay posibilidad de gozo dos escalones más abajo?
Sin ningún rencor para los dos

Inmaculada Moreno H. dijo...

Querido Eugenio, no sólo sé que no hay rencor, sino que agradezco profundamente que surja una pequeña polémica. Me gustaría que esta ventanita del blog sirviera para discutir entre todos sobre poesía.
Yo defendería mi postura diciendo que naturalmente que el acercamiento a la poesía debe ser el disfrute de ella, pero en segundo lugar (en segundo, ¿eh?, después del dirfrute de los versos) está el ver por qué "funciona". Habrá que decir que un haiku es lo que es desde, probablemente, algo antes del s. VIII y darle nombre. Aunque todo el mundo pueda disfrutar de su emoción sin saber que se llama haiku, claro, ni de cuál es su técnica, esta ventanita se ha propuesto analizar, sin recurrir a "los palabros" de los sesudos, en qué consisten los rresortes de la poesía.
Yo creo que hay una clase de disfrute aún mayor, que complementa y profundiza el disfrute emotivo primario de la poesía, que radica en el placer intelectual de apreciar lo que hay en un poema de extraordinario. Pero, claro, eso tiene que venir después de emocionarse, que eso es lo que cuenta antes que nada.

albouca dijo...

No hay nada más lejos de mi intención que polemizar, cuando me considero un sandwich, en el que lo mollar, yo, es de papel; porque sin ánimo de halagar a ninguno de los dos, que no lo precisáis, leeros no solo me permite disfrutar, sino aprender a leer. Ya sabéis del axioma "que hay más poetas que lectores" y sin duda, es porque no sabemos leer. Gracias a los dos.