sábado, 18 de enero de 2014

Más de cine

   Fuimos a ver La ladrona de libros y salimos contentos, emocionados por la película.  ¿Por qué entonces esa sensación de pequeño fraude? Me he quedado con la impresión de que, con un escogidísimo montoncito de recursos consabidos muy bien administrados, me habían llevado a donde sentimentalmente ellos querían. Pero ¿por qué me molesta eso tanto?, ¿acaso el arte no consiste en eso? Sí, me digo, pero es que esta vez reconozco tan bien los recursos, que por muy magistralmente tratados que estén, técnicamente hablando, me ofenden la inteligencia. A saber: la niña rubísima dulce y huerfanita, el superior (en este caso la superiora, porque se trata de la madre adoptiva) áspero y desagradable que oculta un corazón de oro bajo varias capas de aparente sadismo, la declaración de amor en el lecho de muerte, el malo malísimo sin un resquicio de corazón (que es el alcalde nazi), el hermanito muerto...  Si la obra no me ofrece algo enriquecedor, algo no archiempleado ya (en los conceptos o en lo fortmal, eso da igual), me parecerá un objeto de alta artesanía, pero no será arte, no será arte. 


2 comentarios:

Margarita González dijo...

Tus observaciones acerca de la película me son de valiosa utilidad,hasta seleccionar qué película ver,es hoy día algo complicado,no todas las críticas merecen mi confianza, gracias.

Inmaculada Moreno H. dijo...

Eres enormemente amable, Margarita.