sábado, 8 de febrero de 2014

Maneras de mirar (11): "A veces un cuerpo puede modificar un nombre"


A VECES UN CUERPO PUEDE MODIFICAR UN NOMBRE

  A veces, las palabras se posan sobre las cosas como una

mariposa sobre una flor, y las recubren de colores nuevos.

Sin embargo, cuando pienso tu nombre, eres tú quien le da

a la palabra color, aroma, vida.

¿Qué sería tu nombre sin ti?


Igual que la palabra rosa sin la rosa:

un ruido incomprensible, torpe, hueco.

                  (Ángel González)


  Cuando Ángel González publica este poema, tiene 76 años. Lo incluye en el libro Otoño y otras luces, entre los poemas de la segunda parte del volumen, la que lleva por título "La luz a ti debida". El lector, al ver este epígrafe, ya va sabiendo de antemano que se va a encontrar con poemas de amor a la manera de Pedro Salinas (La voz a ti debida es el volumen más popularizado del poeta del 27). Y acierta, claro; este poema es muy Salinas porque trata el amor abordando la emoción conceptualmente, quiero decir que en Salinas -y ahora también en Ángel González- el poema es el asombro de la emoción amorosa desde las palabras: amor y metalenguaje se aúnan y el resultado es el poema. De esa predisposición parte quien está leyendo estos versos. 


  González defiende la entidad poética de la persona amada por encima de la de la palabra. En la Filosofía del Lenguaje aprendimos que a veces la realidad surge cuando se nombra, que son las palabras las que consiguen que delimitemos los conceptos de una realidad informe anterior a la palabra; que es, por ejemplo, la palabra "madrugada" la que hace que distingamos perfectamente ese periodo de horas o, como dice el poema, que la palabra oportuna señale en la cosa nombrada un brillo, un color oculto:
 A veces, las palabras se posan sobre las cosas como unamariposa sobre una flor, y las recubren de colores nuevos
 Y eso es verdad, pero la poesía más auténtica opera de una manera diferente, surge un momento después, cuando ya conocemos la realidad genérica (tal vez por las palabras) y la queremos individualizar, cuando queremos decir los matices concretos, los matices únicos de las cosas, los matices únicos de la persona amada, la emoción especialísima que esa persona comunica. Ese problema genera la experiencia del amor, y así aparece la poesía. ¿Es que acaso no es la poesía la reacción a un problema de metalenguaje? Quiero decir, ¿no surge el poema de una realidad que supera a la palabra?, ¿no es la buena poesía la que sabe poner en evidencia la anchura auténtica -aquella a la que las palabras no pueden llegar- de las cosas?

   A mis alumnos les digo que muchas personas se ven impelidas a escribir poesía cuando se enamoran, porque esa es la experiencia más común de la necesidad poética: cuando la realidad desde dentro es tal que sabes que el discurso habitual ya no sirve, que las palabras son demasiado pobrecitas, demasiado planas, demasiado gastadas por la generalización. Les digo que cuando uno se enamora sabe que decir "te quiero" no basta, porque lo que tú sientes no cabe en eso. En ese momento nace el instinto de la poesía. Y esto es aplicable a toda clase de emociones, de percepciones...  Les digo que es pueril y equivocado darle carácter "poético" a la realidad a fuerza de prestarle cierta pátina a base de palabras "prestigiosas", que la poesía no es eso, aunque a veces parezca suplantarla. 

  De todo esto habla el poema de Ángel González cuyos versos son en realidad versículos -y es la primera vez que traigo versículos a esta ventana-. Las pausas versales aquí subrayan el final de las premisas, las partes de un razonamiento, porque el poema es una emoción pensada, estos versos son una defensa de la preeminencia del referente (la persona amada) y de su concepto sobre el sonido de las palabras. Las sensaciones sonoras han de quedar en un segundo plano, que no quede el menor resquicio para que en ningún lector se conviertan en un "ruido incomprensible, torpe, hueco".  

Apollinaire



 

4 comentarios:

Enrique García-Máiquez dijo...

Magnífico comentario, quizá lo mejor del poema. Gracias.

alberto boutellier dijo...

Gracias. Es difícil, pero siempre te superas.

Gonzalo dijo...

Extraordinario. Amiga y maestra.

Eugenio Martínez dijo...

Yo no te aplaudo hasta con las orejas, porque mi entusiasmo está jugando al escondite con la emoción y el gozo de tan sensible comentario.
De tu mano he caminado placenteramente en compañía de Ángel González, mientras él nos decía: "....si yo fuese Dios, / podría repetirte y repetirte, / siempre la misma y siempre diferente, / sin cansarme jamás del juego idéntico.../
Hermoso comentario, Inmaculada y placentero casi hasta el dolor.
Gracias, METAPROFESORA.