domingo, 21 de octubre de 2012

¿Observar la pena?

    Vuelve a ser día 21. 
   Hace años que leí Una pena en observación. Creo recordar que en ese ensayito sobre el dolor por lo que aquí hemos decidido llamar "cordar",  C.S.Lewis se propone, no mucho tiempo después de la partida de J., escribir los rasgos de su dolor para así aislarlo. Yo no he podido hacer eso. No tan rápidamente. Me lo puedo proponer ahora, cuando hace unos 640 días del golpe. La diferencia está, creo, en que él había tenido unos meses de preparación; estuvo "viéndolas venir" durante un tiempo y, claro, debió de ser tremendo; pero la razón, la cordura, no se resintieron tanto; el cerebro también se "aclimata" a las situaciones. El problema de una ausencia repentina, sobre todo cuando deja tanto dolor en quienes consideras que no deberían sufrir de esa manera  -él tampoco tuvo que ver sufrir a unos padres buenos- es que el cerebro se bloquea, cualquier pensamiento lógico encuentra sus circuitos interrumpidos por un alud de dolor y de desconcierto; nada obedece a nada salvo a la voluntad de seguir con una inercia mínima (la higiene, ir a trabajar, no añadir sufrimiento mostrando el tuyo a los que ya sufren...) pero todo en medio del caos interior más absoluto y como un acto de voluntad esforzadísima. Tampoco yo he pasado por ese proceso que tuvo él de pedirle cuentas a Dios. Pedir cuentas ya supone una mínima capacidad de razonar y algo de energía vital. Mi estado era más bien el de un desconcierto brutal mientras notaba que el dolor invadía cada minúscula parte de mi interior. Está claro que aquello que yo viví fue un derrumbe absoluto de todo lo circunstancial y que la vida, desde entonces, es para mí otra cosa. Ahora sí, ahora que se ha asentado todo, sí que puedo pararme a observar la pena.  

5 comentarios:

Suso Ares Fondevila dijo...

Este dolor sobrevenido tras una muerte repentina me causa verdadero espanto sólo de pensarlo.
¿Cuándo tiempo pasó hasta que pudiste levantar un poquito la cabeza? ¿Hay algún tipo de consuelo en ese trance indescriptible? ¿Pueden ayudar algo los demás, la familia, los amigos?
Un abrazo.

José Antonio del Pozo dijo...

es verdad sólo el tiempo, y sólo a medias, puede apaciguar un poco las dentelladas de la herida inmisericorde.
Muy hermoso tu texto,Inma.
saludos blogueros de un gran seguidor tuyo, y de tu valiosísimo blog.

Inmaculada Moreno H. dijo...

Muchas gracias a los dos. Sois encantadores. Fue y sigue siendo terrible, porque es mi hermana la que falta a causa de lo que parece que fue un fallo médico en una cesárea imprevista. Una mujer 10 años más joven que yo, bellísima por dentro y por fuera, valiosísima intelectual y humanamente. ¿Ayuda familiar? Precisamente lo que es más doloroso es ver sufrir al resto de la familia, que incluye a sus 6 hijos que aún no saben bien cómo estar sin su mamá. La penúltima, con 6 años recién cumplidos, lloraba reclamando a su mamá la primera noche sin ella y su hermana mayor le decía: "Mamá no podrá venir porque está con Jesusito"- Ella le respondió entre pucheros "Ya lo sé, pero Jesusito resucitó y mi mamá ¿cuándo resucita?" En casi dos años no le he oído mencionar después a su madre, pero, hace dos semanas le dije a esa misma pequeña: "vamos a rezar un misterio del rosario ¿por qué o por quién lo rezamos?" Y ella no sabía qué significaba eso de "ofrecer" y, cuando se lo aclaré, le dije: "decide tú por qué cosa o por qué personas lo ofrecemos" Estuvo unos segundos mirándome muy seria, como si no se atreviera a decir lo que tenía reprimido en los labios y después dijo muy bajito: "por mi mamá".
El único consuelo es la confianza humilde en Dios (Él sabrá por qué permite ciertas cosas). También me han consolado tres extrañísimas, rarísimas "coincidencias" relacionadas con ella, de las que no es este el sitio para hablar.

Suso Ares Fondevila dijo...

Gracias por abrir así tu corazón, Inmaculada.
Un abrazo.

Eduardo del Pino González dijo...

Creo que a todos nos imponen mucho los hospitales. Sin embargo, también es verdad que a veces se conocen allí personas excepcionales, o en momentos excepcionalmente intensos de su vida. Una cosa llamativa es cómo viven la enfermedad los niños, los niños muy pequeños. No sé si es bueno que estén juntos con personas maduras o no. Pero a algunos de estos les cambia su forma de sentir las cosas. En fin, Inmaculada, esto me venía a la mente al leer esta entrada. Ah, QUE LO DISFRUTES EN MADRID!