miércoles, 26 de diciembre de 2012

"Po" a mí me gusta

   Como todas las fiestas importantes, la Navidad se prepara largamente y corre el peligro de suceder con prontitud devastadora. Ya estamos a 26.
   Con los años va comprendiendo una esa mijita de tristeza (no hablo del enfado de los que ven en ella confabulaciones contra su bolsillo... Allá cada cual con la manera de celebrarlo), esa mijita -decía- dolorosa de la que algunos mayores nos avisaban y que una misma comprendía desde fuera. Y es que los adultos que somos se han formado con las frustraciones de quienes fuimos en su día y a eso se le llama madurar. Así es la vida...  La ilusión lleva esos dardos envenenados y la vida se encarga de que te alcancen. Y, sin embargo, a pesar de aquella ventura desvanecida y a pesar de las ausencias; por encima de aquellas cenizas aún candentes de nuestro pasado feliz -o, tal vez, precisamente porque ocurrió y por lo tanto existe- y tal vez, también, porque en la Navidad se preserva una realidad mejor y más alta que se nos va olvidando -la que vino a traer a quien quiera atenderla Aquel que nació hace alrededor de 2000 años-... Por todo eso, qué quieren que les diga, a mí me sigue encantando la Navidad. 


Canaletto


  

4 comentarios:

Eduardo del Pino González dijo...

Yo también soy bastante forofo de estas fiestas. Tienen su puntito de nostalgia, que describes tan bien. Pero quizás haya que pasar por la nostalgia precisamente para conjurarla. Cada vez comprendo más la función que tiene la catarsis en nuestras vidas.

Inmaculada Moreno H. dijo...

Uf, pues creo que eres tú el que lo has resumido mejor.

Fernando dijo...

Pós a mí también, Inmaculada, no entiendo ese rollo de que son días en que la gente se pone triste, triste es el 7 de enero cuando se apagan las luces y queda la oscuridad y el frío terrible.

Inmaculada Moreno H. dijo...

Es verdad, es verdad.