domingo, 2 de diciembre de 2012

Para adolescentes


   Mientras fui adolescente me resistí a leer novelas escritas específicamente para chicas de mi edad y sobre chicas de mi edad. Alguna visité por aquello de las recomendaciones, pero con resultado siempre idéntico: el propósito de no volver a caer en la misma debilidad jamás de los jamases. 
   Lo que recuerdo de cada una de esas novelas es poco más que la rebeldía que me suscitaba comprobar que alguien tuviera la suficiencia de escribir simulando que me comprendía (que eso es lo que pretendían aquellas novelas), no sólo porque no me sentí nunca identificada con ninguna de aquellas protagonistas, sino porque no me interesaba su mundo lo más mínimo.
   Supongo que se puede aducir que los cambios en la manera de ver la vida empezaban a acelerarse por aquellos tiempos y quien crecía a mediados de los setenta ya no tenía nada que ver con quien lo había hecho diez años antes, pero no creo que fuese eso lo fundamental, lo fundamental era más bien que ya tenía yo montones de adolescentes absolutamente reales a mi alrededor y, además, ya sabía que cada una era de su padre y de su madre: yo fui siempre (anacronismos aparte) más de Jo March, decimonónica ella, que de cualquier tontababa contemporánea. Qué alegría saber, unos años después, que Borges consideraba contemporáneos suyos a los clásicos  (ya ven que entiendo aquí "clásico" en el sentido más laxo).  Lo que a mí me podía resultar interesante a mis quince años era precisamente cualquier cosa menos asistir a esa tontería estereotipada con la que, además, pretendían que me identificara. 
   Pues bien, heme aquí, descreída de las novelitas sobre adolescentes y a estas alturas de mis días, engulléndolas a marchas forzadas por valorar lo que leen mis alumnos más jóvenes. Que si quieres arroz, Catalina...



4 comentarios:

José Antonio del Pozo dijo...

¡lo que hay q hacer por los alumnos, Inma!
Luego dicen que los profes son caros.

Estupendo post
saludos blogueros

Inmaculada Moreno H. dijo...

¿Los profes caros? ¡No seremos los funcionarios! ¡No me tires de la lengua...!
Mil gracias, José Antonio

Fernando dijo...

Igual me pasaba a mí con los comics, Inmaculada: de joven me parecía insultante que me los regalaran, era como un desprecio, y ahora, cuando no tengo fuerzas para leer un libro, lo paso bomba leyendo una historieta en viñetas para jóvenes.

Inmaculada Moreno H. dijo...

¡Feliz tú Fernando! yo no consigo cogerle el gusto a ciertos libros.