lunes, 1 de diciembre de 2014

Maneras de mirar (17): Antonio Machado, espejeando

   VII

   El limonero lánguido suspende

una pálida rama polvorienta
sobre el encanto de la fuente limpia
y allá en el fondo sueña
los frutos de oro...
                             Es una tarde clara,
casi de primavera, 
tibia tarde de marzo
que el hálito de abril cercano lleva;
yo estoy solo, en el patio silencioso,
buscando una ilusión cándida y vieja:
alguna sombra sobre el blanco muro,
algún recuerdo, en el pretil de piedra
de la fuente dormido, hay, en el aire,
algún vagar de túnica ligera.
   En el ambiente de la tarde flota
ese aroma de ausencia,
que dice al alma luminosa: nunca,
y al corazón: espera.
   Ese aroma que evoca los fantasmas
de las fragancias vírgenes y muertas.
   Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara,
casi de primavera,
tarde sin flores, cuando me traías
el buen perfume de la hierbabuena
y de la buena albahaca,
que tenía mi madre en sus macetas.
   Que tú me viste hundir mis manos puras
en el agua serena,
para alcanzar los frutos encantados
que hoy en el fondo de la fuente sueñan...
   Sí, te conozco, tarde alegre y clara,
casi de primavera.


                                  (Antonio Machado)


   El limonero es la imagen recurrente de la infancia de Antonio Machado. Espejea el poeta aquí una rama del árbol cargada de limones, espejea el tiempo que vuelve a él en la inasible imagen de la memoria y espejea la propia estructura del poema que se pliega en dos partes (presente y pasado) en una perfecta simetría alrededor del eje de cuatro versos centrales: los dos que contienen la palabra clave, el abracadabra del poema: "evoca" y los dos del motivo que, a modo de marca, abre cada parte del poema: "tarde (alegre y) clara, casi de primavera".

   El poema empieza con un pórtico que nos sitúa ante la imagen y el tono lánguido (lánguido y esdrújulo, jeje, qué modernista) de los versos. Este pórtico consta de tres endecasílabos, un heptasílabo y ¡medio endecasílabo! Sí, si, sólo medio verso de esta silva arromanzada o romance silva. A partir de ese punto, el texto es un todo cerrado que empieza y termina con la mención de la "tarde clara casi de primavera" y que se vuelve sobre sí mismo en simetría, como hace el tiempo ante el recuerdo:

Mención de la tarde de primavera
+
Descripción de lo evanescente sensitivo
+
Versos eje ("evoca")
+
Descripción de lo evanescente sensitivo
+
Mención de la tarde de primavera

   Ante la rama de un limonero reflejada en la fuente evoca el poeta una escena similar de la infancia cuando, de niño, quiso coger de la fuente el reflejo de los frutos. Tan simbolista en los matices de lo sensorial, tan becqueriano en su evanescencia (qué génesis si no tiene ese "vagar de túnica ligera") es esta descripción como lo es el mejor modernismo español. Pero lo bonito es ver cómo la estructura del poema responde al mismo efecto de espejo que hace el agua de la fuente bajo la rama cargada de limones y, lo más importante, al efecto de nuestra memoria, que no es capaz de traernos nunca la realidad del pasado sino su imagen inasible, tan inasible como un reflejo en el agua. 


Álvarez del Pino

1 comentario:

Ana Marquez Vazquez dijo...

¡Qué bonito! Cómo me gustaría que me explicaras algunos poemas que me gustan....que tú me los desmenuzaras