sábado, 13 de diciembre de 2014

...y mejor cuanto antes te des cuenta

   Tengo la impresión de que, con el tiempo, me he acabado acostumbrando a no preocuparme por adelantado, a vivir más confiadamente el hoy, a abrirme a la Providencia, a saborear el don de cada día, a tener el convencimiento de que en cada momento sólo somos responsables de nuestro presente. La vida es tan rica... No se repite nunca a sí misma, siempre sorprende, por eso es ingenuo intentar controlar todo nuestro futuro. 
   Intento dar una explicación así a esa facilidad para la paz de la que hablaba yo hace un par de días en esta ventana y es algo, creo yo, que suele sobrevenir a los años medianamente vividos. Me he acordado entonces de este soneto de juventud:

La exacta sombra de la tarde sabes
que fue la conjunción  única y breve
de la luz, de tu cuerpo, de esa leve
certeza de no sé qué cosas suaves.


La vida no repite sus enclaves:
ni un trago será igual al que hoy se bebe,
ni nunca fue una lluvia la que hoy llueve
y vivir es, sin fin, quemar tus naves.


No temas el dolor desconocido,
ni esperes recobrar la vieja renta:
la verdad, cuando llega, es diferente.

No hay mirada que sea equivalente
y es sólo ante tus ojos lo que ha sido.
Y mejor cuanto antes te des cuenta.

                (Son los ríos, 1998)

Colley Whisson

2 comentarios:

Esperanza Santin dijo...

"La verdad cuando llega es diferente". Me quedé con este verso como un manera la primera vez que leí este soneto de mi acertada y tierna amiga hace un año. Me alegra que esta entrada me lo haya recordado.

Esperanza Santin dijo...

Corrijo, " mantra"