sábado, 3 de agosto de 2013

Maneras de mirar (5): "La hora infinita"

       LA HORA INFINITA

   Es el umbral en que mi madre interroga al poniente,
   en un día de 1975.
   Es una encrucijada de caminos.
   Alguien con un bastón hecho con ramas del árbol del olvido
   desató sus pasos.
   Es el sitio en que puse, de niño, rosas al porvenir.
   Es un verano antiguo y un alboroto de muchachas
   y la callada puerta que cruzaré un día por vez última.
   Es la muerte de mi hermana.
   Es un gallo en su hora infinita.
   Es eso que está en mi voz
   y de algún modo salva mi vida y la perdona.

                  (Rafael Adolfo Téllez, 1957-   )



  La madre, la hermana muerta, una puerta, las imágenes aldeanas, la omnipresencia del pasado...   La poesía de Rafael A. Téllez es una de las más personales de nuestra literatura; su clima es siempre reconocible. Este poema lleva su sello. 
 
  Propongo abordar este poema empezando por el vocabulario, porque éste lo tiñe de una sensación general de sencillez que ronda la indefensión. Téllez rebusca siempre lo que esté exento de oropel, lo que insiste en un cierto regusto broncamente elegíaco: rural y realista, íntimo y sobrio. Privilegia intuitivamente ciertas palabras claves para su poesía situándolas al final de cada verso, donde el buen lector debe detenerse unas décimas de segundo más por la pausa versal obligada, por el salto de línea que hacen los ojos... A las palabras les da tiempo de latir mínimamente más en el cerebro, que no por otra razón la poesía prefiere el verso a la prosa, sino para aprovechar esas connotaciones que ofrece la pausa versal y los posibles ecos que de ésta surjan. En este caso "poniente", "olvido", "vez última", pero también "mi hermana" (los lectores
de este autor conocen la carga de dolor tácito que la presencia de la hermana, la hermana muerta, presta a cualquiera de sus poemas), todos ellos son vocablos, sintagmas que de alguna manera comunican la languidez triste de lo que se pierde. Otra palabra que corrobora el clima elegíaco es "muerte", claro está, pero ésta no necesita ir seguida de pausa ni nada para que por sí misma resuene.

   Encontramos también un texto organizado en una estructura bastante más significativa de lo que parece: si el poema recoge una "hora infinita" es porque está compuesto con un orden que no dudo que sea intuitivo, como todos los grandes aciertos de un poema,  pero que sin duda cifra en él su emoción. Asistimos a instantes del pasado y del futuro que se comprimen en un presente actual y a la vez continuo gracias a la anáfora persistente de "Es". Observen si no los tiempos verbales ("desató", "puse", "cruzaré") o esas expresiones que recogen la síntesis del pasado y el futuro: "puse (pasado)... al porvenir" y "cruzaré (futuro)... por vez última". Por eso quien porta el bastón de "ramas del olvido" (personificación del tiempo) ha "desatado sus pasos". Y, si desata sus pasos, es decir, su avance, ¿no es verdad que no hará otra cosa que mezclar lo pasado con el futuro, que es lo que consigue esta larga enumeración de instantes impresos en la sensibilidad del poeta volviéndolo todo pura simultaneidad infinita?

   Y ahora... ah, la forma, qué especial es el ritmo de la poesía de Rafael Téllez. Sabemos que el poema tiene una armonía oscura que no se ajusta al cómputo silábico convencional ¿de dónde le viene esta eufonía? Yo creo que construye de modo instintivo sus poemas por medio de algo parecido a los pies métricos en las literaturas clásicas, aunque mucho menos encorsetado. Esto no es desde luego algo que Rafael se haya sacado de la manga. Desde los endecasílabos de gaita gallega populares, a los poemas del primer modernismo hispánico, pasando por los versos de arte mayor castellano del siglo XV, la poesía en español ha utilizado las secuencias de sílabas tónicas y átonas para marcar ritmo; aún más, no hay endecasílabo culto en español bien construido que no responda también a ciertos patrones acentuales como todos sabemos. Me costó un tiempo descubrir que el poema que hoy traigo a esta ventana sustenta su ritmo precisamente en la repetición de patrones acentuales: 

El primer verso repite el patrón de tres sílabas átonas seguidas de una tónica: 
   es-el-um-BRAL 
   en-que-mi-MA
   dre-in-te- RRO (ga).

El segundo, sigue el esquema de dos átonas seguidas de una tónica:
   en-un-DÍ
   a-de-MIL
   no-ve-CIEN
   tos-se-TEN
   ta-y-CIN (co)(sin sinalefa)

El tercero, se compone de pies que constan de una sílaba tónica seguida de tres átonas dejando la sílaba de la anáfora en anacrusis, esto es, fuera del cómputo:
   (es)
    U-naen-cru-ci
    JA-da-de-ca (MI-nos)

El verso cuarto sigue con el esquema tónica-átona-átona-tónica átona-tónica:
   AL-guien-con-UN-bas-TÓN
   HE-cho-con-RA-mos-DEL
   
Después repite el esquema átona, átona, tónica, átona, tónica, átona... Y así podríamos seguir hasta el final dejando libres de estas repeticiones rítmicas apenas unas cuantas palabras sueltas y significativas.

   El poema es, en resumen, enumeración sólo aparentemente caótica y que, además, está dividida en tres grupos de tres enunciados. En cada grupo encontramos una estructura idéntica: dos de los tres enunciados intentan compendiar pasado y futuro y el tercero es una frase conclusiva que implica muy directamente al poeta(*). 

  El lector está, pues, leyendo un inventario de experiencias que se saltan la linealidad temporal de forma buscada, percibiendo el presente marcado por un pasado cargado de promesas futuras ya segadas. Al otro lado del texto, el poeta se sabe un compendio de todos esos fracasos. En medio de este clima, aparece repetido el que es tal vez el símbolo personal más constante de Rafael A. Téllez, la puerta, el umbral, el único futuro que no le ha sido amputado. Las puertas de Téllez (Si no regresas junto al portón oscuro se llama el primer libro que este poeta publicó) dan paso siempre a ese eterno presente que es el mundo en el que se hallan los que ya no están, a los juegos con la hermana, a la aldea de su infancia ya irrecuperable, a los padres jóvenes... Así, traspasar su umbral es abandonar la medida del tiempo, es entrar en el ámbito de los que se marcharon y que no es otro que el tiempo infinito.


Hong Viet Dung
(*) Veamos cómo: 

   En el primer grupo (cinco primeros versos): primer "Es" que presenta a la madre, en una puerta, escrutando el final del día, durante un día del pasado; segundo "Es" y la encrucijada de caminos (referencia el futuro, todo camino ha de llevar a una meta después); conclusión: el tiempo y su olvido da marcha atrás.

  En el segundo grupo: primer "Es", y el niño que mira al porvenir; segundo "Es" el pasado y  la juventud con su carga de vida que intuimos fracasada. Conclusión: el poeta se cita aventurando su muerte.

  En el tercer grupo: primer "Es", la muerte de la hermana; segundo "Es" el amanecer que no llega a despuntar nunca; tercer y último "Es" conclusivo de todo el poema: el poeta se siente constituido por todos esos sucesos percibidos y se siente justificado en ellos.

4 comentarios:

Eugenio Martínez dijo...

Ameno y didáctico tu comentario, Inmaculada. Confío en que alguno (fíjate que lo digo en singular) de tus discípulos sepa valorar el lujo de profesora que tiene. Yo me estaba imaginando a Horacio con su Arte Poética en la mano izquierda y con el índice de la derecha marcándonos las unidades del anfíbraco, del anapesto, del pirriquio, del troqueo.....
¡Estupendo y sabroso comentario!
Se agradece tu iniciativa.

Inmaculada Moreno H. dijo...

Me sorprendes muy gratamente. Siendo tu especialidad muy otra, sin embrago dominas la métrica clásica.
El agradecimiento es mío por participar comentando y siendo tan generoso. Lo cierto es que me propuse ser, sobre todo, amena, y tengo serias dudas de estar consiguiéndolo. Así que gracias por estos ánimos; al menos para una persona sí que son amenos estos comentarios.

Eugenio Martínez dijo...

¡Prohibido dudar!. Te recuerdo el poema de Vicente Aleixandre "PARA QUIEN ESCRIBO" en donde dice:"....(escribo) para todos los que no me leen, los que no se cuidan de mi, pero de mi se cuidan (aunque me ignoren)...."
Claro no, diáfano.

Inmaculada Moreno H. dijo...

Consuelan mucho esos versos de Aleixandre jajajaja