sábado, 31 de agosto de 2013

Y, por eso, la noche

   Pensaba yo esta mañana lo importantes que han sido en mi vida las horas de la noche para lo bueno y para lo malo. Las grandes noticias -los primeros premios literarios-, los sucesos terribles, han sido nocturnos, como también han sido nocturnas las horas más fértiles en lecturas y en trabajos escritos. Las horas de labor suelen ser hormigueros de ruidos y de acciones, ocupadoras de tiempo, rutinas obligadas casi siempre. Todo eso estaba pensando cuando he visto un papel en el suelo (un folio doblado por la mitad con unas pocas líneas cortas) que la ventana abierta al fresquito de poniente debió hacer volar de alguna repisa -no es ficción para el blog, os lo aseguro, ha ocurrido tal cual-. Me he agachado y me he encontrado, entre otras bagatelas escritas, con tres breves versos de mi puño. Por lo que se dice en ellos, debí de escribirlos hace poco más de dos años. Parece un haiku un tanto peculiar. Aunque mi estado de ánimo actual no tiene nada que ver con el de esos versos, es tan verdad su emoción, que me arriesgo a traerlos a esta ventana:

  Salva el silencio
cuando no hay fuerzas.
Y, por eso, la noche.


Van Gogh, claro, y su "Noche estrellada"



3 comentarios:

Fernando dijo...

Bendito viento volador, Inmaculada.

¿No tienes ordenados todos tus escritos, en cajas o en sobres? A lo mejor algo a lo que en su momento no diste importancia te parece valioso, cuando lo releas años después, y eso requiere archivarlo.

alberto boutellier dijo...

Han debido amarse tanto la noche y el silencio, que a los dos años, el haiku de aquella unión te ha gritado su presencia, querida Inmaculada.

Inmaculada Moreno H. dijo...

Ay, Fernando, si yo guardara todos los versitos que apunto medio de pasada, me habría internado por complejo de Diógenes.
Alberto, qué bonito lo que dices.
Gracias a los dos.